martes, 2 de noviembre de 2010

La dictadura de los "letratenientes"

Hay un tipo de "tenientes" de los que nunca se habla: los tenientes culturales. Son aquellos que consideran que unos determinados conocimientos o expresiones culturales son de su propiedad, y no toleran que nadie haga o diga nada en "su" campo sin su aprobación previa.

Refractarios a cualquier tipo de innovación, se arrogan el papel de guardianes del orden y convierten en una ofensa personal cualquier incursión de la modernidad o de cualquier discurso que no sea el "oficial". No ponen reparos ni critican las propuestas en sí mismas -algo que sería razonable: lo nuevo no tiene porqué ser bueno a priori-, sino que las rechazan por el mero hecho de ser nuevas. 

Crecemos odiando a los padres y superando al maestro, pero, para que todo avance, los padres y el maestro tienen que dejarse odiar y superar. Tiene que asumir su papel de retaguardia para que la vanguardia emerja.


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A comienzos de los 80, el dramaturgo italiano Maurizio Scaparro le propuso al genial Rafael Azcona hacer una adaptación moderna del "Quijote" para los escenarios. Azcona se negó al principio, de forma muy tajante.
Cuentan que le dijo: "Maurizio, tú eres italiano y no sabes que aquí hay unos seres peligrosísimos que se llaman cervantistas, y yo no quiero enfadarles".

A poco que se husmee en la historia del solar patrio, asoman los grandes terratenientes como principales causas de muchos males y de la desigualdad secular en la Península, especialmente en el sur. En Canarias la cosa iba más allá: hasta no hace mucho existía la figura del "aguateniente", propiciada por la inexistencia de ríos en las islas, lo que convertía a los dueños de los terrenos con manantiales y depósitos de aguas freáticas en tipos poderosísimos.

El sufijo "teniente", de tener, connota influencia y poder absoluto. Son intocables porque poseen y controlan férreamente grandes cantidades de algo perentoriamente necesario para la mayoría. Los jeques de países petroleros se comportan como los terratenientes antiguos y, como estos, que no tenían empacho en dejar sin cultivar sus campos para matar de hambre a los braceros díscolos, aquellos suben el precio del barril de Brent cuando quieren meter en cintura al resto de los gobiernos del mundo.

Pero hay un tipo de "tenientes" de los que nunca se habla y que son los que asustaban a Azcona: los tenientes culturales. Son aquellos que, por diversas razones que van desde el mérito académico a la genética, consideran que unos determinados conocimientos o expresiones culturales son de su propiedad, y no toleran que nadie haga o diga nada en "su" campo sin su aprobación previa. En flamenco se les llama "puristas", y en la calle, cuando en la calle aún se hablaba en el anticuadísimo dialecto cheli, se les llamaba "carcas".

Funcionan como una casta sacerdotal que interpreta la ortodoxia y condena la heterodoxia. Y quienes quieren decir decir o hacer algo que no siga esa doctrina, no tienen más remedio que declararse al margen y echarse al monte.

Así, muchos artistas, científicos, pensadores y hasta bailarines de jota pierden un tiempo precioso refutando la doctrina oficial y defendiéndose de sus ataques. Todo resultaría más fácil si los "letratanientes" o "culturatenientes" proclamaran la liberación de los siervos y dejaran de considerarse a sí mismos perros guardianes de una tradición que sería mucho más respetada y admirada si sus defensores no estuvieran armados.

Un crítico literario argentino ha escrito hace poco que el único destino noble de un escritor es ser el padre odiado del siguiente. Crecemos odiando a los padres y superando al maestro, pero, para que todo avance, los padres y el maestro tienen que dejarse odiar y superar. Tiene que asumir su papel de retaguardia para que la vanguardia emerja. Si no, la vangardia se queda en simple resistencia, en el miedo de Rafael Azcona a  alterar el santoral oficial de los cervantistas.

Por cierto: Azcona escribió al final la adaptación, que acabó en serie televisiva con la participación de "Els comediants"


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El artículo es de Sergio del Molino, publicado en Heraldo de Aragón en domingo 31 de octubre de 2010.

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1 comentario:

  1. Hay una especie particularmente nociva de letratenientes: los que descubren un nicho de merca.., perdón un nicho de investigación sin ocupar y se apropian de él por completo.

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