miércoles, 22 de diciembre de 2010

El corredor al que ni Moscú pudo parar

"En los Juegos Interaliados de Berlín, en 1946, al ver detrás del cartel de Checoslovaquia a un solo atleta desmañado, todo el mundo se ríe.

Y cuando ese atleta, que no se ha percatado de que lo convocan para participar en su prueba, atraviesa el estadio como un loco gritando y agitando los brazos, los periodistas sacan veloces sus libretas. Pero después, cuando en los cinco mil metros y ya con una vuelta de ventaja acelera sin parar y cruza la meta en solitario, los ochenta mil espectadores estallan en un clamor.

Su aire dócil y amable es una trampa: desde que descubrió que le gusta correr, ya nadie ha podido pararlo. El hecho es que siempre quiere saber hasta dónde se puede apurar. El estilo no importa: corre como un excavador, la cara deformada por un rictus, sin aspirar a la elegancia. Es simplemente un motor excepcional sobre el que se han olvidado de montar la carrocería.



En pocos años y dos Olimpiadas se convierte en invencible. Nadie puede pararlo: ni siquiera el régimen checoslovaco, que en vano lo espía, limita sus traslados y distorsiona sus declaraciones.

Corre siempre. Corre contra su decadencia y sonríe. Incluso en las minas de uranio donde lo destierran porque ha apoyado a Dubček, y también mientras sigue con breves zancadas el camión que recoge la basura de Praga.

Ni siquiera Moscú puede pararlo".

Su nombre: Emil.

La "locomotora humana" batió 18 récords del mundiales, consiguió 9 medallas olímpicas, 7 de ellas de oro, y fue imbatible sobre casi cualquier distancia, desde los 5000 metros a la Maratón.

Su apellido: Zátopek.

A día de hoy, sus marcas palidecen con los registros actuales. Pero hay que recordar que fueron establecidas entre 1949 y 1955, casi la prehistoria del atletismo profesional actual, en la segunda postguerra mundial.

En los Juegos Olímpicos de Londres de 1948 ya demostró su categoría alcanzando una gesta que hoy en día le convertiría en uno de los protagonistas del cualquier competición: Oro en 10.000 metros y plata en 5.000.

Algo parecido consiguieron otros mitos más modernos como Sebastian Coe (Oro en 1500 y plata en 800 en Moscú 1980 y Los Ángeles 1984); o Haile Gebrselassie (oro en 10.000 metros y plata en 5.000 en los mundiales de Stutgart 1993); Paula Radcliffe no consiguió nada similar, por ejemplo.

Pero su leyenda se acuña en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952: lo ganó todo: oro en 5.000, 10.000 y Maratón.

Vídeo original

Una gesta increíble y casi imposible hoy en día. Los que más se acercaron fueron Lasse Viren (oro en 5.000 y 10.000 metros en Munich 72 y Montreal 76),  Kenenisa Bekele (oro en 5.000 y 10.000 metros en Pekín 2008 y en los mundiales de Berlín 2009) y, más recientemente, Mo Farah, también oro en 5000 y 10000 metros práctiamente en todas sus participaciones olímpicas, europeas y mundiales entre 2010 y 2015.

Mención aparte merece Paavo Nurmi. Su dominio absoluto de las carreras de fondo en Amberes 1920, Paris 1924 y Amsterdam 1928 pertencen a otros tiempos y, seguramente, a "otro planeta".

Su proeza no solo fue deportiva en cuanto a resultados sino que revolucionó los métodos de entrenamiento conocidos hasta entonces. Su sistema de entrenamiento por intervalos no solo resultó tremendamente efectivo sino que contradecía los sistemas vigentes.
El último récord del mundo de Zátopek en 10.000 m lo estableció en unos magníficos 28:54.2, el 1 de junio de 1954.
El récord vigente está en las piernas de Kenenisa Bekele con unos inpresionantes 26:17.53.
Si hubieran corrido juntos, Bekele habría "doblado" a Zátopek, lo que da idea de lo que ha evolucionado el atletismo en medio siglo. Y esa evolución se debe, en gran parte, a las aportaciones de Zátopek.

Incluso su victoria en la Maratón, la última de ellas, "descubrió" para los entrenadores y atletas posteriores que el "descanso activo" los días previos a la carrera es fundamental para recuperar fuerzas y llegar en óptimas condiciones al día de la carrera. Hasta entonces se consideraba que entrenar a tope hasta el último día acumulaba entrenamiento y contribuia a mejorar el estado de forma. Un proceso de enfermedad leve los días previos a la carrera, que le impidieron entrenar en condiciones, demostró la importancia de la recuperación en el entrenamiento y puesta a punto.

Todo esto, para recomendarles la lectura de Correr, de Jean Echenoz, uno de los más brillantes representantes de la literatura francesa actual.

"Se abre con la invasión nazi y se cierra con la primera de Praga y los tanques soviéticos de 1968. Ambos eventos conectan al personaje con su época, pues es imposible desligar las efemérides del individuo de las circunstancias de su contexto histórico"

Una biografía de Zátopek, que recorre no solo sus gestas deportivas sino su peripecia vital, política, unida al destino del régimen Checoslovaco. Muestra al atleta y al hombre con un estilo ágil, limpio y directo.

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Correr. Jean Echenoz. Traducción de Javier Albiñana. Anagrama (Barcelona, 2010)

1 comentario:

  1. Despues del destierro en la minas de Uranio fue barrendero en Praga.

    Cuando las mujeres del barrio se enteraron de que Zatopek trabajaba alli comenzaron a bajar a la calle por las mañanas antes de su llegada para barrer las calles ellas mismas.

    Un hecho que califica por si solo a quien lo protagoniza.

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