miércoles, 26 de enero de 2011

La importancia de diferenciar una "be" de una "efe"

Borges tuvo que ir al dentista en Barcelona.

El estomatólogo, conocedor con anterioridad de tal acontecimiento -por la reserva de hora, suponemos-, se acercó a una librería a comprar un libro del escritor para que se lo firmara.

Hasta aquí nada de particular, habida cuenta del prestigio y reconocimiento mundial del polígrafo autor argentino.

Pero héteme aquí que el bienintencionado dentista no compró un libro de Borges; compró uno de Forges.

Cómo se desarrolló la escena… no lo sabemos, pero no es difícil de imaginar.

Y no es que la obra de Antonio Fraguas no merezca un autógrafo. Pero no me negarán que, a veces, la realidad supera la ficción.



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Acompañaba al escritor argentino Carlos Cañeque, autor, entre otras obras, del libro Conversaciones con Borges, y al que suponemos transmisor de la anécdota.

Y el sucedido lo cuenta Luis Fernández Zaurín en De cuando Vargas Llosa noqueó a Gabo y otras 299 anécdotas literarias. Ed. Styria. Barcelona 2009

La ilustración de Borges está sacada de apuntes apócrifos.
Y la de Forges, es una caricatura de Ángel Idígoras para diario Sur.

3 comentarios:

  1. Hombre! Pues lo realmente interesante debió ser la respuesta de Borges, con ese humor un tanto surrealista que se gastaba el hombre. Y una foto de la cara que se le quedó al dentista, claro :o)))

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  2. Este tipo de confusiones también se suelen dar con el comediógrafo Miguel Mihura y el ganadero Eduardo Miura. Incluso he visto cometer el error a profesionales de la comunicación, que hablan de los toros de Mihura o de las comedias de Miura.

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  3. Esas cosas suelen ocurrir cuando se quiere quedar bien... la cara del pobre dentista debió ser de órdago.

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