miércoles, 12 de enero de 2011

La muerte de la cultura de ascensor

Los reproductores mp3, dipositivos móviles, ipods, tablets, smartphones y gadgets varios están echando por tierra uno de los momentos (al menos hasta ahora) más delirantes de la vida social actual: la cultura de ascensor.

Quien más quien menos, (incluida la gente mayor a la que se suponía ajena a estos “placeres”, excepto los señores que los domingos por la tarde iban escuchando el fútbol del brazo de sus "santas"), se pone sus auriculares y con su música, podcast o sontonía preferida se aisla del ruido circundante para quedar absorto en sus propias cuitas o simplemente para dejar la mente en blanco, alejado de indeseables estímulos externos.

Y no es para menos, si tenenos en cuenta los horrísonos hilos musicales que adornan algunos elevadores de determinados lugares públicos, hasta el punto de que han dado nombre un nuevo género musical: la música de ascensor, con toda la carga despectiva que atesora el término.

¡Ay! esos silencios incómodos, con las miradas en el espejo o en el suelo; esos esfuerzos por evitar el roce; esas colonias empalagosas y esos alientos malenjuagados…

Y qué podemos añadir de las conversaciones de ascensor, un “género literarario” no menos notable: esas divagaciones sobre el tiempo, sobre el sueño, sobre el cole de los niños, sobre el día de la semana que es y las implicaciones laborales que ello supone; esos insulsos intercambios de palabras que no dicen nada, que cumplen la función fática del lenguaje, sin mensaje pero con emisor, canal y receptor; ese horror vacui que impide mantener un respetuoso silencio cuando las palabras no lo van a embellecer…

Escuchen una del otro día.

Ascensor de hospital público. 13 plantas. Yo voy a la 9, así que me espera un largo periplo, habida cuenta de la lentitud de la marcha y las constantes paradas.

Dos señoras, mayores, peinadas con plis, van a visitar a alguien que está ingresado en la planta 11.

Arranca el ascendor desde la planta baja.

Unos segundos y…

- Señora 1: ya está en el uno.
- Señora 2: ahora pasará al dos.

Efectivamente. Parada incluida.

- Señora 1: bueno. Ya estamos en el 3.
- Señora 2: ahora pasará al 4.

¡Qué clarividencia!. De nuevo aciertan.

- Señora 1: …el 5…
- Señora 2: …el 6…

Esta vez sí, silencio.

- Señora 1: pues ya va por el 7…
- Señora 2: y ahora pasará al 8.

- Y yo me bajo en el 9. Buenos días.

Hay veces en que echo de menos los auriculares, sobre todo en los demás, aunque el burdo sonido metálico que despiden resulte molesto.

Al menos uno no tiene que oir según qué cosas.

Por una vez no me importa la desaparación de un cierto tipo de cultura: la de ascensor.

Pero si siempre has deseado escuchar "música de ascensor" mientras esperas a que el ordenador termine alguna tarea, puedes instalar Instant Elevator Music. Hasta ahora, el intento más serio de mantener viva para la posteridad la musica de ascensor.



Lo mismo dentro de unos años la gente lleva este tipo de música en sus reproductores. Aunque me consta que algunos ya la llevan.

1 comentario:

  1. Pues servidor precisamente, con una compañera de trabajo ibamos echando unas risas el otro día en el ascensor, porque el tema habitual de este habitáculo siempre es la meteorología. Así que le dije que siempre que bajáramos al desayuno nos traeríamos preparados algún tema metafísico. Optamos por Kant, en concreto, y como nueve plantas dan para mucho, con sus consecuentes paradas, decidimos que llevaríamos un dossier para el día siguiente. Hoy, el ascensor se ha estropeado...

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