¿Podrá el vidro llorar partos de Oriente?
¿Cabrá su habilidad en los crisoles?
¿Será la Tierra adúltera a los Soles,
Por concebir de un horno siempre ardiente?
¿Destilarás en baños a Occidente?
¿Podrán lo mismo humos que arreboles?
¿Abreviarán por ti los Españoles
El precioso naufragio de su gente?
Osas contrahacer su ingenio al día;
Pretendes que le parle docta llama
Los secretos de Dios a tu osadía.
Doctrina ciega y ambiciosa fama:
El oro miente en la ceniza fría,
Y cuando le promete, le derrama.
verso 1.- Partos de Oriente: el oro, en referencia a color del sol al amanecer. Entiéndase "¿Podrá la materia artificial crear el oro natural?
verso3.- Se da por entendido que en un sentido figurado, los soles, por su brillo y su color amarillo, engendran el oro en la tierra. Si la tierra lo concibe de un horno, será adulterio, y también artificial en el sentido sexual, porque el ardor del horno no es eventual, como en los animales, sino constante por ser artificial. También se burla de la actividad incensante y obsesiva del alquimista.
verso 6.- Humos. metáfora para hornos y para presunciones,
verso 9.- Contrahacer. fabricar artificalmente.
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Siguiendo una tradición alrga y rica, Quevedo se burlaba mucho de los alquimistas, mayormente porque presumían de ser científicos, porque intentaban contrahacer la naturaleza, y porque exageraban el valor y la delicadeza de sus operaciones hasta ser ridículos.
En otro poema, A Dafne huyendo de Apolo, también les dedica gruesas palabras.
Y es que Quevedo aplicó la mordacidad y el ingenio a casi todos los aspectos de la sociedad de su tiempo, como quedó demostrado en El Buscón; contra el poder político establecido, como la epístola satírica que le dedicó al Conde-Duque de Olivares, -No he de callar…-; incluso apostó, y ganó, que era capaz de llamar "coja" a la reina María de Austria -entre el clavel y la rosa, su majestad escoja-; o el soberbio intercambio de sonetos que mantuvo con Góngora, otro de los "santones" de la época.
Resulta sorprendente la enorme actualidad de sus versos, cuatro siglos después.
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Francisco de Quevedo; Poesía varia. Edición de James O. Crosby. Cátedra, Letras Hispánicas. Madrid 2000.
¿Cabrá su habilidad en los crisoles?
¿Será la Tierra adúltera a los Soles,
Por concebir de un horno siempre ardiente?
¿Destilarás en baños a Occidente?
¿Podrán lo mismo humos que arreboles?
¿Abreviarán por ti los Españoles
El precioso naufragio de su gente?
Osas contrahacer su ingenio al día;
Pretendes que le parle docta llama
Los secretos de Dios a tu osadía.
Doctrina ciega y ambiciosa fama:
El oro miente en la ceniza fría,
Y cuando le promete, le derrama.
verso 1.- Partos de Oriente: el oro, en referencia a color del sol al amanecer. Entiéndase "¿Podrá la materia artificial crear el oro natural?
verso3.- Se da por entendido que en un sentido figurado, los soles, por su brillo y su color amarillo, engendran el oro en la tierra. Si la tierra lo concibe de un horno, será adulterio, y también artificial en el sentido sexual, porque el ardor del horno no es eventual, como en los animales, sino constante por ser artificial. También se burla de la actividad incensante y obsesiva del alquimista.
verso 6.- Humos. metáfora para hornos y para presunciones,
verso 9.- Contrahacer. fabricar artificalmente.
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Siguiendo una tradición alrga y rica, Quevedo se burlaba mucho de los alquimistas, mayormente porque presumían de ser científicos, porque intentaban contrahacer la naturaleza, y porque exageraban el valor y la delicadeza de sus operaciones hasta ser ridículos.
En otro poema, A Dafne huyendo de Apolo, también les dedica gruesas palabras.
Y es que Quevedo aplicó la mordacidad y el ingenio a casi todos los aspectos de la sociedad de su tiempo, como quedó demostrado en El Buscón; contra el poder político establecido, como la epístola satírica que le dedicó al Conde-Duque de Olivares, -No he de callar…-; incluso apostó, y ganó, que era capaz de llamar "coja" a la reina María de Austria -entre el clavel y la rosa, su majestad escoja-; o el soberbio intercambio de sonetos que mantuvo con Góngora, otro de los "santones" de la época.
Resulta sorprendente la enorme actualidad de sus versos, cuatro siglos después.
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Francisco de Quevedo; Poesía varia. Edición de James O. Crosby. Cátedra, Letras Hispánicas. Madrid 2000.

Una entrada muy interesante, me encanta poder aprender estas cosas que pasan inadvertidas para quien no las sabe...Un saludo y gracias
ResponderEliminarQuevedo era todo un carácter y se constata que a pesar de los siglos sigue siendo actual, sino recordad "don dinero"...
ResponderEliminarMuy mordaz y muy inconformista, hoy tendría problemas como también los tuvo en su época.
Siempre lo he admirado.
Un saludo.