viernes, 8 de abril de 2011

Cómo insultar a un rey sin que se note

Fue Felipe IV, rey de España, un gran mecenas de las artes. Que le pregunten si no a Velázquez.
Y también fue el monarca al que tocó gestionar la España del Siglo de Oro. Ahí es nada.

Pero un día se topó con Quevedo, quiso estar a su altura y salió trasquilado.

Veamos:

Su "planetaria" majestad quiere poner a prueba el ingenio del poeta y le pide que improvise unos versos.

Comoquiera que el poeta acepta el envite, solicita de su majestad:

- "dadme pie".

(Es la forma de pedir al interlocutor que recite un primer verso, o aluda a algún tema concreto para que el aludido continúe).

Héteme aquí que Felipe IV, seguramente queriendo ser gracioso o ingenioso, le alarga a Quevedo una pierna.

En mala hora, porque la improvisada respuesta de Quevedo estuvo, sin duda, a la altura de lo esperado, sin importarle el rango de su contertulio:

"En semejante postura
dais a entender, señor,
que yo soy el herrador
y vos la cabalgadura"

Y es que hay que tener cuidado a quién reta uno y a qué. Y Quevedo era mucho Quevedo.

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La imagen está sacada de la portada del libro Poesía inédita, Francisco de Quevedo.

6 comentarios:

  1. El ingenio de Quevedo estaba por encima del respeto al monarca o a la reina ("su majestad escoja").

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  2. Quevedo fue un personaje irrepetible. Debido a su carácter, su ingenio y su atrevimiento acabó desterrado de la corte. Hoy día resulta actual en muchas de sus composiciones.
    Un saludo.

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  3. Hay cientos de anécdotas de Quevedo. Siempre me impresionó la inquina hacia Góngora incluso más allá de la muerte (como el amor:
    "Fuese con Satanás, culto y pelado:
    ¡Mirad si Satanás es desdichado!"

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  4. En otra ocasión retaron a Quevedo para que llamase coja a una dama de la corte que era arrogante/soberbia/presumida/petulante… pero que sufrí­a de “cierta asimetrí­a en sus extremidades inferiores” (vamos, que era coja) sin que se ofendiese. Se dirigió a un jardín cercano y cortó un clavel reventón y una rosa roja, se acercó a la dama y le dijo:

    Entre el clavel y la rosa, vuesa merced es-coja…

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  5. La verdad es que este fenómeno no daría abasto.

    La anédocta que comentas, Javier, ya la trajimos por aquí hace unos meses. Y es mejor que esta, en mi opinión.

    No sé si hoy sería considerado un troll...

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  6. Creo que el poema no es exactamente así. Creo que dice:

    "Parecemé, gran señor
    que en semejante postura,
    yo parezco el herrador
    y vos la cabalgadura"

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