jueves, 3 de noviembre de 2011

Dónde están enterrados Lope de Vega, Calderón de la Barca, Cervantes o Quevedo?

Sus obras, seguramente, acumulando polvo en olvidadas estanterías. Pero sus restos han sufrido diversas peripecias, algunas bastante rocambolescas.

Los cuatro ocupan un lugar destacado en el olimpo de las deidades de las culturas española, hispana y mundial.

Lo sorprendente es que, a día de hoy, no hay un mausoleo que visitar para rendir culto a tan conspicuos personajes porque sus restos mortales están en paradero desconocido.


• Lope de Vega, el Fénix de los ingenios o monstruo de la naturaleza -apodo que le puso su "cordial enemigo" Cervantes-, nació en el seno de una familia humilde. Su vida fue azarosa, oscilando desde la afición a los "amoríos" al sacerdocio; excepto una hija monja, ninguno de sus hijos naturales le sobrevivió; quizá por eso no se le pudo proporcionar un entierro digno a pesar de que el marchamo "es de Lope" era garantía de éxito para cualquier obra.

Y es cierto: su versatilidad le llevó a componer poesía, teatro, novela… tocando todos los géneros y todos los tonos: sacro, épico, dramático, humorístico… De muchas de sus obras se han realizado versiones cinematográficas (inluso de su propia vida) y la mayoría se siguen representando habitualmente.
Tras su muerte en 1635 fue enterrado en la iglesia de San Sebastián de Madrid, "por decisión del protector conde de Sessa, que entregó 700 reales a cuenta para sufragar los gastos del funeral y el entierro en 1635".
Cantidad que debió ser insuficiente, porque los libros de Fábrica de la parroquia entre 1658 y 1664, según describe el padre Fernández, nombran al conde y sus herederos como deudores por el nicho de Lope, aunque no declara por cuántos reales. Y como quiera que nadie asumiera la deuda, Lope fue arrojado al osario común de la parroquia, que hoy queda prácticamente debajo de la capilla donde está la hornacina vacía que la Real Academia Española mandó erigir.

Otras fuentes señalan que "debido a sus posteriores remodelaciones (de la iglesia de San Sebastián) hicieron que sus restos, inidentificables, fueran a parar a una fosa común situada bajo el altar, donde están mezclados con los de la propia Marta de Nevares y los del dramaturgo mexicano Juan Ruiz de Alarcón, uno de sus mayores rivales sobre el escenario".

Si tenemos que hacer caso a los datos que circulan sobre su obra, fue sin duda el escritor más prolífico de la historia, pues se le atribuyen unas 2000 obras de teatro, de las que se conservan unas 500.



• Los restos de Calderón de la Barca también sufrieron diversos avatares. Hasta seis entierros ha tenido que padecer.

Igual que Quevedo y a Góngora son las dos caras opuestas de la misma moneda, lo mismo se puede decir de Calderón y Lope, aunque su rivalidad no fue tan enconada como la de los poetas y ha quedado circunscrita a los manuales de literatura.
También fue un escritor extraordinariamente prolífico: "Según el recuento que él mismo hizo el año de su muerte, su producción dramática consta de ciento diez comedias y ochenta autos sacramentales, loas, entremeses y otras obras menores y piezas más ocasionales".

Como Lope, fue Calderón sacerdote tardío. Y al morir en 1681, "es enterrado con todos los honores, -en la madrileña Iglesia del Salvador- y su cadáver, revestido de sus ornamentos sacerdotales y del hábito de la Orden de Santiago, es llevado, de acuerdo con las propias palabras de su testamento, "descubierto, por si mereciese satisfacer en parte las públicas vanidades de mi mal gastada vida".

El propio Calderón dejó escrito cómo quería ser enterrado:
Ser llevado a la parroquial iglesia de San Salvador de esta villa. Será mi sepultura la bóveda de la capilla que con el antiguo nombre de San José está a los pies de la iglesia. Aquí habrá prevenida otra caja sin más adorno que cubierta de bayeta, en que sepultado mi cadáver…”
Y allí reposó 159 años, hasta que el mal estado de la Iglesia del Salvador obligó a su derribo. Los restos de Calderón fueron trasladados en 1840 al cementerio de la Sacramental de San Nicolás. Otros 29 años y nuevo traslado.

El gobierno de la Primera República crea un Panteón de Hombres Ilustres en la Iglesia de San Francisco el Grande. De entre los ilustres que fue psible localizar con certeza se encontraba Calderón de la Barca. Mientras se termina los trabajos del Panteón, los restos del bueno de Don Pedro descansan temporalemente durante 5 años en una capilla de dicha parroquia.
En 1874, vuelta a su lugar de origen, el cementerio de San Nicolás.

Seis años en paz y nuevo traslado de sus restos, en 1880, que reclamaban la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid o San Pedro de Presbíteros, orden a la que perteneció Calderón, y que enterraron en su sede.
Pero los trasiegos de los restos de Calderón no acaban aquí. Pasados 32 años, en 1912, sus restos son de nuevo exmumados para su traslado a la nueva sede de la congregación.

Y llegamos a 1936. La iglesia de San Pedro Apóstol de la calle San Bernardo sufrió el saqueo e incendio por parte de los milicianos republicanos, el 20 de julio.
La versión oficial dice que el párroco, anticipándose al saqueo, escondió los restos de Calderón para preservarlos de las llamas. Murió sin desvelar su paradero y aun hoy se cree que pueden estar escondidos en algún lugar secreto de la iglesia, aunque los trabajos llevados a cabo para su localización no han dado resultados satisfactorios.


Cervantes murió en 1616, justo a tiempo de ver publicada la segunda parte del Quijote. Seguramente al pérfido Avellaneda debemos, gracias a la piratería de la época, que Cervantes se animara a continuar las andanzas de Don Quijote.

Nada más morir fue enterrado en  el convento de las monjas Trinitarias Descalzas de San Ildefonso.

Tiene guasa que la calle donde vivió y murió Lope se llama Cervantes, antigua calle de Francos, y en la que vivió y murió Cervantes, la contigua calle del León, se llama hoy Lope de Vega.

Pero las sucesivas reformas que sufrió el templo obligaron al traslado de los restos del bueno de Don Miguel.

El mismo José Bonaparte quiso recuperar los restos del más insigne escritor español, sin éxito.

El hispanista escocés Jaime Fitzmaurice Kelly, en 1892, en su "Vida de Don Miguel de Cervantes". escribió:
"Vestido el hábito de San Francisco y con la cara descubierta, fue llevado por sus hermanos en religión de la calle del León al convento de las monjas trinitarias descalzas en la calle de Cantarranas. Allí le enterraron y allí descansa aún"

Y allí deben seguir, al parecer:
El historiador Fernando Prado lidera ahora un proyecto de investigación para encontrar su cuerpo y depositarlo en un lugar reservado dentro de la iglesia, bajo una inscripción que recuerde "al español más universal de toda la historia", según explica en una entrevista con Efe.
El proyecto, que cuenta con el aval del Arzobispado de Madrid, de la Real Academia y del Ministerio de Defensa, podría comenzar en 2012 y duraría sólo dos meses.
El último intento fallido de localizar sus restos lo llevó a cabo, en los años 40 del siglo XX, el académico Joaquín de Entrambasaguas.


• ¿Y Quevedo?
Falleció en 1645. Y su deseo era ser enterrado en Convento de Santo Domingo de Villanueva de los Infantes. Al menos, hasta que pudiera ser trasladado al Convento de Santo Domingo el Real, en Madrid, donde reposaba su hermana Margarita.

Los dominicos, al parecer, no quisieron hacerse cargo del asunto por lo que fue una familia del Lugar, Los Bustos, quienes asumieron la tarea, y lo enterraron en su propia cripta en la iglesia de San Andrés Apóstol.


No es hasta 2007 cuando un equipo de la Universidad Complutense de Madrid realiza una investigación:
Los investigadores realizaron un estudio antropológico forense de los restos encontrados en la cripta, para posteriormente realizar un estudio antropométrico, morfológico patológico y radiológico, y establecieron su relación con Francisco de Quevedo

Un fémur, el derecho, que mostraba la cojera del escritor fue la pruaba determinante para establecer al autenticidad de los restos.
Los huesos de Quevedo junto a los de animales, niños pequeños, jóvenes y ancianos, lo que obligó a hacer varias discriminaciones hasta quedarse con un grupo de restos que cumplían con el perfil del escritor, fallecido a los 65 años.
En total, se pudieron recuperar diez fragmentos del esqueleto, algunas vértebras, los dos fémures y una clavícula.

Del cráneo, "no se sabe nada". Pero, la menos, corrió mejor suerte que sus compañeros de letras, todavía en paredero deconocido.


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Bibliografía:
Lope, Calderón y Cervantes: genios universales que no pueden descansar en paz.
Biografía de Lope de Vega.
¿Y Cervantes, Calderón y Lope?
El libro de los sucesos.
Calderón de la Barca en wikipedia.
Los seis entierros de Calderón de la Barca.
Las tumbas perdidas de nuestros hombres ilustres.
Tumbas perdidas: sin rastro de nuestros ilustres del siglo de Oro.
Identifican los restos de Quevedo en una parroquia de Villanueva de los Infantes.

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