martes, 7 de febrero de 2012

Sea Newton, y se hizo la luz (12 meses, 12 libros. 2 de 12)

Fue el poeta Alexander Pope quién expresó perfectamente la opinión de su época sobre Isaac Newton:
La naturaleza y sus leyes yacían ocultas en la noche.
Dijo Dios: "¡Sea Newton!", y se hizo la luz.
Los logros científicos de Isaac Newton son de sobra conocidos. No nos ocuparemos ahora de ellos, sino de otra faceta menos conocida del precursor de la ciencia moderna: su cargo como intendente de la Real Casa de la Moneda en Londres.

Corría el año 1696. Isaac Newton ya había desarrollado la mayor parte de su actividad científica a lo largo de sus treinta años como profesor en Cambridge.
Y sus aportaciones a la ciencia tienen más mérito aún si cabe por el hecho de que tuvo que enfrentarse a sus propias convicciones religiosas, que eran profundas, e intentar que no entraran en contradicción con sus descubrimientos en el campo de la ciencia.

Y son, acaso, estas convicciones religiosas las que le llevaron a desarrollar con tanta diligencia su actividad en la Casa de la Moneda con la misión de perseguir y desenmascarar a los falsificadores de moneda, que estaban llevando a Inglaterra a la ruina comercial y económica.

Y de paso, fue capaz de aplicar su método científico, sistemático organizado y documentado, a esta nueva tarea, desconocida para él, pero en la que logró también notables éxitos.

Thomas Levenson, en Newton y el fasificador, repasa los orígenes de Newton y sus años de investigación científica en el Trinity College de Cambrigde para pasar a relatar, con una buena dosis de divulgación histórica y científica, la tarea de Sir Isaac Newton contra el mayor falsificador de la época: William Chaloner.

Seguramente fue Chaloner uno de los pocos que estuvo "a la altura" intelectual de Newton, aunque pusiera sus habilidades al servicio de la estafa y la falsificación sistemáticas.
Fue capaz de burlar la justicia durante años utilizando todas las artimañas que tuvo a su alcance: desde delatar a colaboradores para salvar su propio pellejo, hasta enviar al Parlamento tratados sobre finanzas y sobre el arte de fabricar monedas, pasando por acusar a la propia Casa de la Moneda y a su nuevo intendente de incompetencia y fraude. Todo ello para aparentar estar al servicio del estado.

Su auténtico objetivo era llegar a entrar a trabajar en la Casa de la Moneda y desde allí, urdir la mayor falsificación de moneda de curso legal de la que se tenga constancia.

Pero se encontró con un rival excepcional, al que seguramente infravaloró. Newton hizo de la persecución de Chaloner un modelo de investigación empírica. Así demostró que era capaz de vivir, actuar y pensar siguiendo esos principios.

El proceso de aprendizaje de Newton en estas tareas "mundanas" de investigación le convirtieron en "el detective menos improbable del que jamás se haya tenido noticia".

Lean Newton y el falsificador y paseen por la inglaterra de finales del s. XVII: vean cómo se fraguó la revolución científica y cómo su instigador puso sus métodos al servicio de la investigación detectivesca, sentando seguramente también las bases de las buenas prácticas en esta tarea.

Descubrirán en esta amena, interesante y bien documentada obra el perfil menos conocido de uno de los más grandes hombres de la historia.

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Thomas Levenson; Newton y el falsificador. Alba editorial. Barcelona 2011.

Colección: Trayectos
Traducción: Pablo Sauras
Encuadernación: Rústica
ISBN: 97884-84286479
Páginas: 400


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Después de treinta años como profesor en Cambridge, y habiendo culminado ya su carrera científica, en 1696 Isaac Newton se hizo cargo de la Casa Real de la Moneda.
En un momento en el que la guerra contra Francia estaba desangrando el Tesoro británico, era importante contar con una moneda firme y a tal efecto el primer enemigo a combatir eran los falsificadores.

Newton descubrió que una de cada diez monedas que circulaban era falsa.

En plena crisis económica, rodeado de especuladores y funcionarios incompetentes y corruptos , tuvo que hacer frente además a un enemigo muy particular: William Chaloner, un farsante nato que, antes de dedicarse a la falsificación a gran escala, había sido fabricante de juegos eróticos, curandero, vidente, delator profesional, aprendiz de orfebre y de grabador.
Esta obra reconstruye el duelo entre estos dos hombres, combinando la divulgación histórica y científica, descubriendo la faceta desconocida de Newton como detective.

1 comentario:

  1. Sí señor, conocía la historia, y sabía que Newton realizó su trabajo de maravilla, metiéndo en el trullo a gran cantidad de falsificadores, apoyado seguramente en ese caracter tan encantador que tenía cuando algo lo mosqueaba.

    Y eso que el libro ganaría voltaje, si el falsificador de marras se hubiese apellidado Leibniz.

    Lamentablemente, la realidad vuelve a arruinar una buena novela :)

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