lunes, 14 de mayo de 2012

La honestidad del alpinista

Carlos Pauner ha coronado un nuevo ochomil. Y van ya 13. Solo le queda el Everest para culminar el reto de ascender a las 14 cimas más altas de la tierra.

Desde que Reinhold Messner lo consiguiera allá por 1986, solo unos pocos elegidos han conseguido tal gesta deportiva.

Los intentos de rentabilización nacionalista o publicitaria han convertido con frecuencia esta proeza deportiva en un circo, salpicado de polémicas, rivalidades o incluso desequilibrios, como la historia del trípode de la cima del Everest, la carrera entre Edurne Pasabán y Oh Eun-Sun por ser la primera mujer en conseguirlo, o la fijación de Juanito Oiarzábal con repetir las 14 cimas

Crédito de la imagen: www.carlospauner.com
Pero Carlos Pauner es de otra pasta. Todavía es posible ver en su forma de trabajar el romanticismo y la franqueza del espíritu deportivo que luchar por llevar más allá los límites de la resistencia y de la tenacidad humanas sin caer en las tentaciones mercantilistas y estrictamente publicitarias.

Ha alcanzado la cima del Shisha Pangma, el más "bajo" de los 14 ochomiles pero no por ello más fácil, o eso cree. Las condiciones meteorológicas no le permiten comprobar si ha alcanzado el punto más alto.

Y en un gesto de coraje y honestidad, que quizá otro hubiera evitado, reconoce que no está seguro, que no puede asegurar que hiciera cumbre y que, por lo tanto, tendrá que volver para confirmar la ascensión:
"Lo importante es haber luchado, no haber reblado y haber continuado hasta el límite.

Alcanzamos ese punto a más de 8.000 metros a base de esfuerzo y tesón. En la oscuridad de la noche no supimos si era el punto más alto u otro muy cercano.

No me importa. Tengo la sensación casi perdida de haber escalado en el puro Himalaya. He luchado hasta el límite y he alcanzado lo más alto.

De momento, para mi el Shisha es historia, aunque sé que tendré que volver algún día para verificar la cima como tiene que ser, con fotos, luz y taquígrafos. Así es este oficio".
Mis más sincera admiración por un deportista que hace que el auténtico espíritu del deporte siga vivo, a pesar de las hordas que pueblan las canchas, las pistas, los estadios, la prensa, radio, TV…

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