viernes, 7 de septiembre de 2012

La reforma de Wert no hace referencia a la educación como modo de transmitir cultura

El anteproyecto de ley del ministro Wert para mejorar la calidad educativa, publicado con algo de nocturnidad y alevosía, en julio,  parte de una perspectiva economicista. No contiene propuestas de innovación ni hace referencia a la educación como modo de transmitir cultura.
El anteproyecto se inscribe, clara y decepcionantemente, en la retórica del arreglo rápido.

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Hace veinte años, Howard Gardner señalaba que cuando un país se plantea mejorar su sistema educativo, independientemente de la causa, aparecen dos retóricas contrapuestas y sin apenas diálogo entre ellas.

Una, la de políticos, líderes de opinión, empresas: la escuela es poco eficiente, los estudiantes unos vagos, el sistema poco exigente, no se prepara a las futuras generaciones para cubrir los puestos de trabajo necesarios. Es decir, como la escuela es el problema, apliquemos una serie de soluciones rápidas que ‘funcionan’ en la empresa: sistemas de evaluación de calidad, primas económicas a los colegios con mejores resultados académicos, una gestión más eficaz de los centros educativos con equipos directivos profesionalizados y los problemas, sea cual sea su causa, desaparecerán.

Otra, la de pedagogos, profesores y maestros que trabajan a pie deobra. Para estos las dificultades de la escuela son múltiples y fruto de la propia sociedad. Por tanto, es difícil encontrar una solución universal: cada niño es diferente, aprende de modo distinto, con alumnos en situación de clara desventaja, etc.
Solucionar el fracaso escolar, lograr una educación de calidad es tan complejo que es mejor resignarse y no arriesgar. Reforma tras reforma, al final, nada mejora de verdad.
Una cierta actitud victimista se instala en la comunidad educativa.

El anteproyecto de una nueva ley orgánica para la mejora de la calidad educativa, treinta folios, publicado con algo de nocturnidad y alevosía, en julio, en la web del Ministerio de Ignacio Wert se inscribe, clara y decepcionantemente, en la retórica del arreglo rápido.

Se parte de un análisis simplista de la realidad a partir de datos tendenciosamente seleccionados de aquí y allá. Se utilizan las estadísticas como fuente de verdad absoluta, presentándonos gráficos y porcentajes comparativos con intención de abrumarnos con relaciones de causalidad aparentemente irrefutables.
No hay espacio para revisar aquí algunos ejemplos.

A partir de sus datos se presentan propuestas enmarcadas en siete objetivos prioritarios. Algunos loables, como disminuir la tasa de abandono educativo temprano, mejorar el nivel de conocimientos en materias prioritarias, incrementar la autonomía de los centros docentes o mejorar el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Otros discutibles, como señalizar el logro de los objetivos de cada etapa o intensificar, sin aludir a ninguna finalidad, el usode las TIC. Y finalmente uno que supera el marco escolar: fomentar la empleabilidad.

Estas propuestas adolecen de varios males: se centran en la ESO, con tres pequeñas referencias a Primaria en todo el documento, ignorando que es en Primaria donde se gestan muchos de los males difícilmente remediables en la ESO con programas especiales, porque ya llegan, tristemente, fracasados. Son propuestas organizativas: números de horas de materias, diversificación de itinerarios, etc.

Apenas hay propuestas de renovación metodológica. Ninguna pista útil sobre cómo hacer realidad el reconocimiento de las diferentes aptitudes de los estudiantes o la mejora en lectura y matemáticas o cómo mejorar la comprensión de las lenguas extranjeras.
Son inconcretas y timoratas en los objetivos más importantes: aumento de carga lectiva en materias prioritarias sin especificar cómo, pequeños itinerarios en 3º de ESO, autonomía de los centros como palabra vacía. Son en cambio muy detalladas y cerradas en los objetivos más discutibles, como en la aplicación sistemática de test estandarizados al final de etapa.

Este anteproyecto es, por tanto un arreglo rápido, que muestra una visión totalmente economicista de la educación: nuestros alumnos deben aprender para insertarse mejor en el mercado laboral, ser más competentes, más empleables. Ninguna alusión a la educación como vehículo de transmisión cultural y de valores, como impulsora del espíritu crítico de las personas, como oportunidad para el crecimiento personal de los ciudadanos.

Decepcionante, para quienes estamos en el día a día de los centros escolares, viviendo el deseo de aprender de nuestros jóvenes y sus dificultades, que esperaríamos de nuestros gobernantes ideas ilusionantes, impulso, ayuda y no leyes y más leyes que encorsetan.

Un email para hacer propuestas no es la mejor vía para que converjan las dos retóricas. Es necesario escuchar de verdad, apoyar los proyectos que sí están funcionando en algunos centros y posibilitar su difusión. No poner freno a la creatividad de los docentes y sobre todo no provocar que cuando un docente oiga a un político de uno u otro signo hablar de reforma educativa piense para sus adentros «virgencita, virgencita, que me quede como estoy».

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Wert y la educación. Elena Gil Clemente. Profesora de Matemáticas de ESO y Bachillerato.

Artículo publicado en Heraldo de Aragón el día 31 de agosto de 2012. Página 15, sección "La firma".
Sin enlace web.

La ilustración es de Isidro Gil, y es la original que se publicó en el artículo.


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