viernes, 17 de mayo de 2013

El pedo de Quevedo

"Estaban Quevedo y el rey, y iban subiendo unas escaleras, y se le desató el zapato [a Quevedo]. Y al atárselo, como se le puso el culo en pompa, le dio el rey un manotazo en el culo para que siguiera, y Quevedo se tiró un pedo.

Y va y le dice el rey:
– ¡Hombre, Quevedo...!
Y [Quevedo] contestó:
– Hombre, ¿a qué puerta llamará el rey que no le abran?"
"Sopla". Grabado de otro Francisco: Goya
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La misma anécdota aparece ya recogida en el siglo XVI en una colección de cuentos de tradición oral titulada "El sobremesa y alivio de caminantes" (1569), del escritor y editor valenciano Joan Timoneda:
Subía un truhán delante de un rey de Castilla por una escalera y, parándose el truhán a estirarse el borzeguín, tuvo necessidad el rey de darle con la mano en las nalgas para que caminasse.
El truhán, como le dio, echósse un pedo. Y tratándolo el rey de vellaco, respondió el truhán:
“¡A qué puerta llamara vuestra Alteza, que no le respondieran!”
(Timoneda, 1569: cuento xxxviiij).

Y ya en el siglo XVII, el ilustre lingüista Gonzalo Correas refiere la misma anécdota al aclarar el significado de la expresión “¿a ké puerta llamará Vm. ke no le rrespondan?”, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627):
Subiendo un truhán una eskalera delante de un señor, paróse a tirar las botas; diole el tal una palmada en las ankas para ke anduviese, i soltó un trake; i rriñéndole la deskortesía, rrespondió: “¿A ké puerta llamará Vm. ke no le rrespondan?” (Correas, 1627: 19)

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Sirva la anécdota, no solo para adornar aún más el "prestigo" ingenioso de Quevedo, sino para recomendarles la lectura de "Una pequeña colección de chistes de Quevedo", de María del Mar Jiménez Montalvo, doctora en Filología Hispánica, publicado en al Revista de Estudios del Campo de Montiel, RECM, 2011, nº 2 pp. 129-141.

En este trabajo se "Se presenta una pequeña colección de chistes / anécdotas sobre Quevedo recogidos de la tradición oral del pueblo de Terrinches (Ciudad Real) y hasta ahora inéditos, así como unas breves notas de estudio comparativo que prueban la sorprendente antigüedad de algunos de ellos".

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Pero como un apunte con Quevedo como protagonista no puede terminar sin algunos versos suyos, no me resisto a traerles un poema que el propio Quevedo le dedicó al "pedo".

Soneto al pedo.
La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos) detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio Preste Juan le tiene miedo.

Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risas da la vida,
y con puf y con asco, siendo quedo.

Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.

Pues en el tribunal de sus greguescos,
con aflojar y comprimir las arcas,
cualquier culo lo hace con dos cuescos. 

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