jueves, 30 de mayo de 2013

Todos los hombres son iguales, pero algunos son más iguales que otros

Animal Farm (Rebelión en la Granja, en su traducción al castellano) es la novela escrita por George Orwell en la que se hace una crítica mordaz del sistema de gobierno estalinista de la extinta Unión Soviética.

Pero la visión que ofrece de la corrupción del poder, que acaba conviertiéndose en tiranía absoluta, hace de esta novela un referente obligado que trasciende el caso concreto que parodia.

Básicamente, el argumento presenta a los animales de una granja, comandados por los cerdos,  revelándose contra la dominación del granjero (de todos los humanos, en realidad) y creando un sistema igualitario basado el siete mandamientos intachables, expuestos públicamente:

1.- Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2.- Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es un amigo.
3.- Ningún animal usará ropa.
4.- Ningún animal dormirá en una cama.
5.- Ningún animal beberá alcohol.
6.- Ningún animal matará a otro animal.
7.- Todos los animales son iguales.

Como todo el mundo sabe (y si no, aquí comienza el spoiler) ese régimen, bajo la férrea dirección de los cerdos, va introduciendo matices en esos mandamientos y manipulándolos y adaptándolos a su favor.
Esto es posible porque la inteligencia y habilidades porcinas son superiores a la del resto de los animales, que escasamente saben leer o hacer otra cosa que la que se les ordena, tal es su docilidad y mansedumbre. Todo con la inestimable colaboración de un represor ejército canino.

Así, los siete mandamientos van poco a poco sufriendo pequeñas matizaciones con el objeto de justificar las cada vez más reprobables conductas de los cerdos:

• Ningún animal dormirá en una cama con sábanas.
• Ningún animal beberá alcohol en exceso.
• Ningún animal matará a otro animal sin motivo.

Al final, en un  brillante esfuerzo de análisis de la situación y de síntesis legislativa, los siete mandamientos acaban resumidos en un único y terrorifico postulado.
Todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros.
Ilustración de Ralph Steadman para la edición
de Rebelión en la Granja de Los libros del zorro rojo.

Y la novela termina con los humanos de las granjas vecinas confraternizando y estableciendo buenas relaciones con el nuevo orden de facto.

El último párrafo es aterrador:
Los animales de afuera miraron del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible discernir quién era quién.
Se acabó el spoiler y comienza la realidad: ¿a qué les suena esta descripción?

A mí, a la perversión del sistema que, nacido de buenas propuestas e ideales, termina por servirse únicamente a sí mismo olvidando por completo a aquellos a quienes debe servir. Y, salvando las distancias, ese es el camino que han tomado las democracias occidentales en las últimas décadas, llevándonos al actual statu quo.

Precisamente fue la primera democracia occidental, por antigüedad y por poderío, la que recogió todo el espíritu de la Ilustración y plasmó en su Declaración de Independecia el primer reconocimiento histórico expreso de los derechos humanos fundamentales:
Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades:

• que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables
• que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;

• que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados;

• que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. 
La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada.

• Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.
De esta declaración de independencia nació una Constitución, aprobada en 1787, antes de la Revolución Francesa, y que solo ha sufrido 27 enmiendas.

En ella también se recogen, a modo de siete madamientos,  los valores fundamentales de toda sociedad moderna de igualdad y respeto a los derechos humanos fundamentales, de separación de poderes y de garantías legales para todos los ciudadanos.

Y en esta constitución se inspiraron, con mejor o peor suerte, las que vinieron después hasta nuestros días.

Con el paso de los años, décadas, siglos incluso, a la aplicación del espíritu inicial ha ido sucediéndole la introducción de variaciones que conducen, invariablemente, a la restricción intelectual y a la perpetuación del poder al servicio de sí mismo.

Y a esta tarea se afanan gobiernos y partidos mayoritarios, olvidando a quien sirven.

Todo esto para reflexionar sobre el hecho de que en nuestras manos está aceptar la Rebelión de Orwell o recuperar el espíritu ilustrado y tomar las riendas.

Así que, si no lo han hecho todavía, lean Rebelión en la Granja de George Orwell y verán en él reflejada la sociedad de nuestro tiempo, desaparecida ya la Unión Soviética y su siempre denostado régimen.

A hombros de gigantes. If I have seen further, it is by standing upon the shoulders of giants


"A hombros de gigantes" es una de las frases más legendarias de la Historia de la humanidad.*
"If I have seen further, it is by standing upon the shoulders of giants"

La frase se ha utilizado en numerosas épocas y obras y con diferentes sentidos y objetivos.

Veamos algunos casos en los que queda demostrada la deuda que los grandes nombres tienen contraída con aquellos que les precedieron o en quienes se inspiraron. Y no únicamente en el terreno de la ciencia.


Juan Sebastián Elcano ha pasado a la historia por ser el primer marino en culminar la circunnavegación del globo terreste. Pero no hay que olvidar que la expedición la comandaba originariamente Fernando de Magallanes, que falleció a medio camino, en Filipinas.

Darwin es considerado el padre de la teoría de la evolución de las especies y de la selección natural. Gracias, entre otras cosas, al año Darwin, se ha reivindicado la figura de Wallace, que llegó a las mismas conclusiones de forma independiente. Ambos mantuvieron correspondencia, lo que ayuda a comprender que Darwin no prentendió apropiarse de las ideas de otro sino que tuvo más coraje y medios para desarrollarlas.

Amundsen se llevó los laureles por sus exploradciones polares y por ser el primero en conquistar el Polo Sur, pero lo logró, entre otras cosas, gracias a la competencia que mantuvo con Scott, que se llevó la peor parte, como a estas alturas todo el mundo sabe.

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 Hillary y Tensing fueron los primeros en ascender al Monte Everest (la montaña más alta de la tierra, “el tercer polo”) en el año 1953. Casi nadie recuerda que tres días antes de su hazaña, Evans y Bourdillon, los inicialmente llamados a culminar la gesta con éxito, tuvieron que retirarse cuando sólo les separaba de la cumbre una arista de 400 metros de distancia y 90 metros de desnivel. 
Su retirada, seguramente, les salvó la vida, y, de paso, abrió un hueco en la historia a otros alpinistas.
Estos días se cumple el aniversario de su ascensión.

Armstrong, Aldrin y Collins son los nombres de quienes cumplieron la promesa de Kennedy de llevar, y traer de vuelta sano y salvo, a un hobre a la luna.
Los nombres de los tripulantes de las otras misiones Apollo nadie los recuerda. Pero sin ellos los tres elegidos no habrían ido muy lejos.
Mención expresa merecen los tripulantes del Apolo I, que fallecieron al producirse un incendio durante unas pruebas: “La tripulación del Apolo 1 estaba compuesta por el comandante Virgil Grissom (apodado Gus) y los pilotos Edward White y Roger Chaffee. Iban a ser la tripulación de la primera misión del programa Apolo. En honor a ellos, la NASA renombró Apolo 1 a la misión”.

• Si Alejandro Magno llegó tan lejos es, entre otras cosas, porque tuvo como tutor y educador a Aristóteles. Eso no significa que siguiera al pie de la letra sus enseñanzas y consejos, pero sí pone de manifiesto que, con frecuencia, de los mejores maestros surgen los mejores discípulos (como también se deduce de que el propio Aristóteles fue discípulo de Sócrates, a través de otro grande: Platón)

José Celestino Mutis fue un excelente naturalista y botánico que desarrolló sus investigaciones siguiendo los trabajos de Linneo, con quien tuvo una interesante y enriquecedora relación epistolar. Su presencia en los viejos billetes de 2000 pesetas dan fe de su relevancia.

Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier vs. Robert Gallo y el virus del SIDA
Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier aislaron el virus de SIDA y lo purificaron. El Dr. Robert Gallo, Estadounidense, pidió muestras al laboratorio Francés, y adelantándose a los franceses lanzó la noticia de que había descubierto el virus y que había realizado la primera prueba de deteccíón y los primeros anticuerpos para combatir a la enfermedad. Después de diversas controversias legales, se decidió compartir patentes pero el descubrimiento se le atribuyó a los dos investigadores originales que aislaron el virus, y solo a ellos dos se les concedió el Nobel conjunto junto a otro investigador en el 2008, reconociéndolos como auténticos descubridores del virus. Aceptándose que Robert Gallo se aprovechó del material de otros investigadores para realizar todas sus observaciones.En este caso, quizá no pueda decirse que Gallo fuera un gigante, pero su intento de aprovechamiento del trabajo ajeno devino en el reconocimiento de los auténticos descubridores.

Alexander Graham Bell fue considerado el inventor del teléfono, junto con Elisha Gray. Sin embargo, Bell no fue el inventor de este aparato, sino solamente el primero en patentarlo. Esto ocurrió en 1876. El 11 de junio de 2002 el Congreso de Estados Unidos aprobó la resolución 269, por la que se reconocía que el inventor del teléfono había sido Antonio Meucci. Meucci sólo pudo, por dificultades económicas, presentar una breve descripción de su invento, pero no formalizar la patente ante la Oficina de Patentes de EE.UU.
Reseña sobre la historia de la invención del teléfono.

• Una situación similar se proujo en Marconi y Tesla por el tema de la invención de la radio.


¿Algún ejemplo más que, seguro, que los hay?

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*Fue escrita por Isaac Newton en una carta a Robert Hooke, hacia el año 1675.
Newton se encontraba enzarzado con Hooke en polémicas epistolares acerca de la famosa 'Ley de la gravitación universal', y escribió "Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes", en clara referencia a científicos de la talla de Kepler, Copérnico o Descartes.
Sin embargo, la cita no era nueva. Al primero que se le atribuye es al teólogo y filósofo Bernardo de Chartres, que vivió en el siglo XII.

A hombros de gigantes
. Podcast de RNE.


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Bibliografía
• En esta ocasión los enlaces de la bibliografía están situados en el cuerpo del texto.
A hombros de gigantes. Podcast de RNE.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El inventor del Hoax

Aunque los engaños y bulos forman parte de las prácticas habituales de muchos "profesionales" de todo pelaje, seguramente el primer Hoax de la historia moderna, tal y como lo conocemos actualmente, lo protagonizó Jonathan Swift.

Entonces no existía internet, pero la repercusión fue de tal calibre que consiguió desenmascarar y arruinar la carrera de un astrólogo farsante.

La visión satírica de Swift de la sociedad de su tiempo le llevó a protagonizar una curiosa anécdota, bajo el pseudónimo de Isaac Bickerstaff, contra un conocido astrólogo de la época, "cuyas predicciones son siempre vagas, imprecisas y erróneas".

John Partridge era un astrólogo de cierto renombre, conocido por la publicación de almanaques y predicciones, calificadas por Swift como hemos visto en el entrecomillado anterior.

Como quiera que Swift era miembro de la iglesia de Inglaterra, y Partridge se había referido a ella en términos poco elogiosos, Swift se inventó el alias de Isaac Bickerstaff y publicó Predictions for the Year 1708, donde pronosticaba
…solemnemente que ese vulgar escritor de almanaques llamado Partridge, cuyas predicciones son siempre vagas, imprecisas y erróneas, morirá exactamente el 29 de marzo, por lo que le recomiendo que ponga sus asuntos en orden”.

Partridge publicó una carta tachando a Bickerstaff (el alias de Swift) de "astrólogo de poca monta deseoso de fama".

Pero el 30 de marzo, Swift prublicó una carta anónima en la que daba cuenta de la repentina enfermedad y muerte de Partridge el día 29, a las siete y cinco de la tarde.

La noticia fue dada por cierta y se hiceron eco de ella otros escritores y algunos diarios de la época.

Hasta tal punto fue aceptada la veracidad de lo narrado que el nombre de Partridge fue borrado del registro, a pesar de que el propio Partridge lo desmintió, lo que suponía que se le daba oficialmente por muerto.

Aquí terminó su carrera, pues las ventas de su almanaque cayeron en picado hasta desaparecer.
Sus detractores, que no debían ser pocos, continuaron dando pábulo al bulo como venganza.

Entre las pruebas que Swift utilizó en su Una reivindicación de Isaac Bickerstaff, para demostrar la muerte de Partridge, se encuentra la de que era  
“…imposible que ningún hombre vivo pudiera haber escrito tanta bazofia“.
Y si lo encuentran es castellano, #recomiendoleer Parodies, Hoaxes, Mock Treatises: Polite Conversation, Directions to Servants and Other Works.
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Más información

Jonathan Swift en El poder de la palabra.
Jonathan Swift; 1667-1745.
Jonathan Swift en wikipedia.

lunes, 27 de mayo de 2013

Lectura en las redes sociales

El otro día llegó a mis manos esta estupenda infografía sobre perfiles sociales (de facebook y twitter) que tienen entre sus principales objetivos "compartir lectura".

Como quiera que un servidor de vds. está en la lista, y, aunque no están todos los que son, sí son todos lo que están, la comparto para que quede accesible para todos aquellos que busquéis este tipo de contenidos en la red.

Un poco de cultura compartida entre tanto ruido digital.

La recopilación fue realizada por @fpjerez , de El mundo web social, con motivo del pasado Día del Libro.

Pincha para verla en grande

jueves, 23 de mayo de 2013

El juguete que popularizó el método científico

Un joven Issac Newton visitó la feria semanal que se celebraba en su pueblo. Y compró un prisma. Entonces los prismas se vendían como juguetes para los niños; se sabía que al hacer pasar una luz a través de ellos se formaba una banda con los colores del arco iris. Pero Newton lo quería para otro cosa.

Quería saber si los colores ya estaban en la luz o si era el prisma el que los hacía aparecer.

El experimento que realizó es de sobra conocido y con él demostró que los colores no pocedían del prisma sino de la propia luz.

Pero lo más importante: Newton había llevado a cabo su experimento con un juguete, algo que cualquiera podía comprar.

Y una vez realizado el experimento realizó este gráfico, que más tarde publicó en su libro Opticks.


Hasta entonces, la ciencia, el saber en general, estaban al alcance de muy pocos eruditos, con la formación necesaria, capaces de interpretar textos en latín y de comprender complejos razonamientos técnicos o filosóficos.
La propia Iglesia se encargaba, con muy buenos resultados, de mantener la ignoracia generalizada a base de inmovilismo ideológico y de infundir miedo y tortura.

Pero aquel experimento podía reproducirse en cualquier parte del mundo. Era una nueva fuente de verdad, de conocimiento.
La gente corriente podia utilizar esos resultados científicos para inventar cosas, crear máquinas, cambiar el mundo, controlar el mundo…

Quienes fueran capaces de comprender este nuevo paradigma tendrían ventaja sobre aquellos que simplemente hubieran nacido en el seno de una familia aristocrática.

Muchos antes que Newton habían publicado los resultados de sus observaciones e investigaciones.

Pero con la publicación de este gráfico, que pone de manifiesto exactamente cómo realizó el experimento, se cumple uno de los principios fundamentales en los que se sustenta el método científico: que el experimento puede ser repetido, en las mismas condiciones, en cualquier lugar, por cualquier persona, de forma que pueda ser verificado o refutado.

En la Cambridge Digital Library, de la Universidad de Cambridge, pueden consultar todos los manuscritos de Newton.

Y hay un documental de la BBC, de la serie The Beauty of Diagrams, dedicado a Newton:
 


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La imagen estáa sacada del Documental Héroes de la Ilustración 1, que emitió TVE en su sección Docufilia. Por desgracia, el documental no está accesible en su web.

viernes, 17 de mayo de 2013

El pedo de Quevedo

"Estaban Quevedo y el rey, y iban subiendo unas escaleras, y se le desató el zapato [a Quevedo]. Y al atárselo, como se le puso el culo en pompa, le dio el rey un manotazo en el culo para que siguiera, y Quevedo se tiró un pedo.

Y va y le dice el rey:
– ¡Hombre, Quevedo...!
Y [Quevedo] contestó:
– Hombre, ¿a qué puerta llamará el rey que no le abran?"
"Sopla". Grabado de otro Francisco: Goya
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La misma anécdota aparece ya recogida en el siglo XVI en una colección de cuentos de tradición oral titulada "El sobremesa y alivio de caminantes" (1569), del escritor y editor valenciano Joan Timoneda:
Subía un truhán delante de un rey de Castilla por una escalera y, parándose el truhán a estirarse el borzeguín, tuvo necessidad el rey de darle con la mano en las nalgas para que caminasse.
El truhán, como le dio, echósse un pedo. Y tratándolo el rey de vellaco, respondió el truhán:
“¡A qué puerta llamara vuestra Alteza, que no le respondieran!”
(Timoneda, 1569: cuento xxxviiij).

Y ya en el siglo XVII, el ilustre lingüista Gonzalo Correas refiere la misma anécdota al aclarar el significado de la expresión “¿a ké puerta llamará Vm. ke no le rrespondan?”, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627):
Subiendo un truhán una eskalera delante de un señor, paróse a tirar las botas; diole el tal una palmada en las ankas para ke anduviese, i soltó un trake; i rriñéndole la deskortesía, rrespondió: “¿A ké puerta llamará Vm. ke no le rrespondan?” (Correas, 1627: 19)

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Sirva la anécdota, no solo para adornar aún más el "prestigo" ingenioso de Quevedo, sino para recomendarles la lectura de "Una pequeña colección de chistes de Quevedo", de María del Mar Jiménez Montalvo, doctora en Filología Hispánica, publicado en al Revista de Estudios del Campo de Montiel, RECM, 2011, nº 2 pp. 129-141.

En este trabajo se "Se presenta una pequeña colección de chistes / anécdotas sobre Quevedo recogidos de la tradición oral del pueblo de Terrinches (Ciudad Real) y hasta ahora inéditos, así como unas breves notas de estudio comparativo que prueban la sorprendente antigüedad de algunos de ellos".

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Pero como un apunte con Quevedo como protagonista no puede terminar sin algunos versos suyos, no me resisto a traerles un poema que el propio Quevedo le dedicó al "pedo".

Soneto al pedo.
La voz del ojo, que llamamos pedo
(ruiseñor de los putos) detenida,
da muerte a la salud más presumida,
y el propio Preste Juan le tiene miedo.

Mas pronunciada con el labio acedo
y con pujo sonoro despedida,
con pullas y con risas da la vida,
y con puf y con asco, siendo quedo.

Cágome en el blasón de los monarcas
que se precian, cercados de tudescos,
de dar la vida y dispensar las Parcas.

Pues en el tribunal de sus greguescos,
con aflojar y comprimir las arcas,
cualquier culo lo hace con dos cuescos. 

viernes, 10 de mayo de 2013

El único libro que sí leyó Don Quijote

En ningún pasaje del Quijote se menciona expresamente a Alonso Quijano leyendo ninguno de los libros de caballerías que supuestamente le provocaron la locura. 

El único libro que sí leyó Don Quijote, del que se tiene relato expreso en la obra, es su propia historia apócrifa: el Quijote de Avellaneda.

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Al bueno de Don Quijote le atribuyeron locura por su "adicción" a leer libros de caballerías. Así que, en el capítulo VI de la primera parte, un cura y un barbero, con la aquiescencia del ama y de la sobrina, deciden purgar la biblioteca del ingenioso hidalgo y alimentar una hoguera con los volúmenes que ellos consideraron los causantes del desequilibrio.
"…mandó al barbero que le fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego…"
El elenco es variopinto; y pocos fueron los que se salvaron de la quema, literalmente hablando:
El Palmerín de Inglaterra, El Amadís de Gaula, Tirante el Blanco, La Araucana, Las lágrimas de Angélica… todos ellos clásicos de la época y que, según el criterio del propio Cervantes, fueron merecedores de perdón.

Como curiosidad diremos que uno de los libros indultados fue La Galatea, escrito por el propio Cervantes en 1585:
– Pero ¿qué libro es ese que está junto a él?  
– La Galatea de Miguel de Cervantes -dijo el barbero.  
– Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención: propone algo, y no concluye nada; es menester esperar la segunda parte que promete: quizá con la emienda alcanzará del todo la misericordia que ahora se le niega; y entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra posada, señor compadre.*
* (esa segunda parte prometida por Cervantes nunca la llegó a escribir)
Lo cierto es que se da por supuesto que Don Quijote leyó todos esos libros, pero en ningún pasaje se menciona expresamente a Alonso Quijano leyendo ninguno de ellos.

Cervantes publicó la Primera Parte del Quijote en 1605. Y al final de la obra, promete que la continuará en una segunda entrega, adelantando parte de las aventuras que en ella se relatarán. Como se ve, Don Miguel tenía cierta tendencia a anunciar segundas partes, así que le podemos casi presentar como un pionero del márketing literario. Segundas partes que, seguramente, no tenía intención de escribir.

Y anticipó que Don Quijote viajaría a Zaragoza:
"…que don Quijote la tercera vez que salió de su casa fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas que en aquella ciudad se hicieron…"
Pero un tal Alfonso Fernández de Avellaneda decidió anticipar el muy noble arte del plagio o, de la apropiación, o de la "obra derivada", (como prefieran), y se adelantó a publicar en 1614 el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Y la obra tuvo mucho éxito entre los lectores, seguramente por culpa del propio Cervantes, por anunciar una segunda parte que se demoraba; así que Cervantes tuvo que tomar cartas en el asunto y se decidió, esta vez sí, a continuar él mismo las peripecias del Hidalgo Caballero y publicar su auténtica Segunda Parte del Quijote de la Mancha.

Por desgracia, los zaragozanos nos vimos privados de la visita de Don Quijote a Zaragoza, porque el auténtico no podía seguir los pasos del farsante.

Pero la literatura le debe al tal Avellaneda el estímulo que necesitó "el manco de Lepanto" para continuar y concluir una de las obras más influyentes, si no la más, de la historia de la literatura. Cervantes publicó la Segunda Parte en 1615, solo unos meses antes de morir un 23 de abril de 1616.

Pero héteme aquí que Cervantes decide ir un paso más allá y escarmentar a Avellaneda y a su falsa segunda parte, haciendo mención expresa a ella en el capítulo 59 de la verdadera segunda parte.

Hallánse Don Quijote y Sancho en una venta. Se dirijen a sus aposentos para cenar y allí escuchan una conversación proveniente de los huéspedes de la estancia contigua, "que no le dividía más que un sutil tabique":
– Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que traen la cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.
 Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie y con oído alerto escuchó lo que dél trataban y oyó que el tal don Jerónimo referido respondió:  
– ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos disparates, si el que hubiere leído la primera parte de la historia de don Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta segunda?
– Con todo eso —dijo el don Juan—, será bien leerla, pues no hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en este más desplace es que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso
Don Quijote, lleno de ira y despecho, les responde desde su aposento, desmintiendo tal despropósito. Y sigue una conversación entre los dos caballeros y Don Quijote:
– sin duda vos, señor, sois el verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí os entrego.
Y poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don Quijote y, sin responder palabra, comenzó a hojearle, y de allí a un poco se le volvió, diciendo
– En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de la verdad en lo más principal de la historia, porque aquí dice que la mujer de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no llama tal, sino Teresa Panza: y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá temer que yerra en todas las demás de la historia.
Y la escena continúa con los cuatro personajes compartiendo "mesa y mantel" y con Don Quijote dando nuevas válidas de sus andanzas y de su señora Dulcinea. Y finaliza:
"En estas y otras pláticas se pasó gran parte de la noche, y aunque don Juan quisiera que don Quijote leyera más del libro, por ver lo que discantaba, no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticia de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le había leído…"
Así que ya ven. El único libro del que se tiene relato expreso que leyó Don Quijote, siquiera en parte, fue su propia historia apócrifa.

Otro guiño de Cervantes, que tantos seguidores ha tenido con posterioridad.

Así, a bote pronto, recuerdo un pasaje de Umberto Eco, en El péndulo de Foucoult, en el que se menciona de pasada en una conversión entre dos personajes, uno de ellos editor, un manuscrito sobre los hechos acaecidos en un monasterio medieval italiano…

Ilustración del Capítulo 59 de la Segunda Parte del Quijote
donde se describe la escena relatada

miércoles, 8 de mayo de 2013

Filípides existe. Libros y maratón

Un homenaje a los miles de atletas que, cuando en cualquier lugar del mundo corren una maratón, renuevan la legendaria hazaña de aquel soldado griego que hace casi 2500 años recorriera la distancia entre Maratón y Atenas para anunciar la victoria sobre los persas.

Hoy no hablaremos de deporte exclusivamente, sino de libros que hablan de la maratón.

Tres libros diferentes, de estilos y autores completamente distintos, que abordan la maratón desde puntos de vista casi opuestos pero complementarios: el deportivo, el histórico y el literario:

- Correr; de Jean Echenoz,  
- De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami y
- Filípides existe; de Alfredo Varona y Antonio Serrano.

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De entre todas las disciplinas deportivas, muchas de ellas prostituidas por la masificación, el papel cuché, el periodismo vocifereante y por los abusos del márketing, del dopaje y de la estupidez humana, hay una que no ha perdido el halo épico que la rodea a pesar de su popularidad: la maratón.

Hace algunos años os contábamos algunas cosas que (quizá) no sabes de la Maratón. Allí hablábamos de curiosidades históricas como el nombre de la prueba, la distancia, su protagonista, y algunos aspectos más directamente relacionados con la prueba en sí tal y como la conocemos hoy en día, como la marca, su evolución, el desarrollo de la prueba y algunos nombres propios.

Los recientes acontecimientos de la Maratón de Boston me han llevado a reflexionar sobre mis tiempos de (ex) maratoniano popular: en una de aquellas carreras llegué a meta, después de un enorme "pinchazo", en el mismo tiempo que marcaba el cronómetro en el momento de las explosiones de Boston.

Pero hoy no voy a hablaros de deporte exclusivamente, sino de libros que hablan de la maratón.

Tres libros diferentes, de estilos y autores completamente distintos, que abordan la maratón desde puntos de vista casi opuestos pero complementarios: el deportivo, el histórico y el literario:



Correr; de Jean Echenoz.
Traducción de Javier Albiñana. Anagrama (Barcelona, 2010)

Jean Echenoz es uno de los más brillantes representantes de la literatura francesa actual. Y en este libro retrata la figura y las peripecias de uno de los más grandes Atletas, con máyusculas, de la historia: Emil Zátopek.

Aunque ya había destacado en los JJ.OO. de Londres 1948 con un oro en 10.000 y plata en 5.000, sus proezas atléticas llegan a su máxima expresión en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952: lo ganó todo: oro en 5.000, 10.000 y maratón.

Una gesta única que nadie ha podido repetir. Solo se le acercaron otros nombres ilustres: Lasse Viren (oro en 5.000 y 10.000 metros en Munich 72 y Montreal 76), Kenenisa Bekele (oro en 5.000 y 10.000 metros en Pekín 2008 y en los mundiales de Berlín 2009), Sebastian Coe (oro en 1500 y plata en 800 en Moscú 1980 y Los Ángeles 1984), y Haile Gebrselassie (oro en 10.000 metros y plata en 5.000 en los mundiales de Stutgart 1993).
En el atletismo femenino, ni siquiera Paula Radcliffe, la gran dominadora del fondo femenino de  los últimos tiempos, pudo alcanzar nada similar.

La novela recorre la biografía de Zátopek, pero no se centra únicamente en sus logros deportivos, sino que lo sitúa en el contexto político del régimen checoslovaco de la época, títere de la URSS en plena guerra fría, y las penurias y manipulaciones que tuvo que soportar.



• De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami.
 Traducción de Francisco Barberán. Tusquets (Barcelona, 2010).

Murakami no necesita presentación, espero. Ha sido nominado para el Nobel de Literatura en varias ocasiones y aunque ese premio puede ser tachado de oportunista y poco objetivo, da idea del alcance crítico y social de un autor.

Pero además de un brillante y original narrador es también corredor de Maratón.

Y en este libro, que no es novela, reflexiona sobre las relaciones inevitables entre su labor como escritor y profesor y su afición a correr.

Para Murakami correr no es únicamente una actividad física, sino que ejerce una enorme influencia en su vida y en su obra literaria. Escribir y correr son dos actitudes vitales inseparables y llenas de paralelismos: trabajo duro y afán de superación.

Él mismo reconoce que comenzó a correr con 33 años: la misma edad que le situó en el "verdadero punto de partida como novelista". Así que ambas actividades van inseparablemente unidas.

Sus reflexiones autobriográficas son un impagable ejercicio de sinceridad y justificación como deportista y como novelista.



• Filípides existe; de Alfredo Varona y Antonio Serrano.
Alianza. Madrid 2001

Este sí es un libro sobre "los secretos de la preparación de los maratonianos de élite".

Antonio Serrano es uno de los mejores maratonianos que ha dado este país. Batió el récord de España de Maratón en Berlín 1994. Su mejor marca de 2h:09:13 es de un nivel enorme, si tenemos en cuenta que compartió época y pista con otros ilustres como Martín Fiz o Abel Antón, por citar solo a los más laureados en competiciones internacionales.

Así que sabe de lo que habla cuando desvela sus secretos de entrenamiento y nos ayuda a comprender el porqué fue capaz de batir el récord de España en su primera maratón.

Alfredo Varona es periodosta y maratoniano popular. A él corresponde la tarea de relatar los planes de entrenamiento, dietas, estrategias mentales, día a día, de los principales maratonianos españoles.

Se trata de un libro técnico y divulgativo a partes iguales. En él podemos ver en qué consiste un plan de entranemiento para Maratón, cómo se organiza y se ejecuta, los sacrificios que implica y su puesta en práctica el día de la carrera.

Y a lo largo de todo el libro irán apareciendo muchos maratonianos ilustres: sus manías, sus métodos, sus logros y, también, algunos de sus fracasos: Fiz, Antón, Diego García (a cuya memoria está dedicado el libro), Alberto Juzdado, Fabián Roncero, Julio ReyAna Isabel Alonso, María Luisa Muñoz, Griselda González.
Seguramente echarán en falta otros nombres como los de Chema Martínez, José Ríos, María Abel o Luisa Larraga. Pero el libro es de 2001. Y no cabe todos.

Un ameno recorrido destinado tanto para "atletas de buen nivel como para los miles de aficionados que cuando en cualquier lugar del mundo corren una maratón, renuevan la legendaria hazaña de aquel soldado griego que hace casi 2500 años recorriera la distancia entre Maratón y Atenas para anunciar la victoria sobre los persas".

martes, 7 de mayo de 2013

"El discurso cultural imperante que nos han vendido es una auténtica basura"

"…si los editores de todo el país han venido rechazando de forma sistemática la mierda que usted escribe (en especial sus inacabables cenagales de prosa poética) ello se debe única y exclusivamente a una conspiración urdida por agentes, libreros, directores financieros, publicistas y demás ratas camperas, confabulados para centrar toda la energía y todos los recursos en dos docenas de títeres, los llamados "escritores de éxito", personajes impostados, lubricados hasta la náusea, mórbidamente autocomplacientes".

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La frase que da título al apunte no es mía, aunque estoy de acuerdo con ella. La frase es de Octavio Cortés.

Tuve la suerte de ser uno de los primeros en leer su novela Sweet Sixteen, aun antes de que fuera publicada por Ediciones Atlantis. Octavio Cortés tuvo a bien enviarme el "manuscrito" para que le diera mi opinión. Todo un honor, la verdad, porque la novela merece la pena, de principio a fin.

Intercambiamos algunos correos sobre la obra y fue toda una alegría verla publicada, en el desierto narrativo que nos invade, infestado de sagas insulsas, narraciones pseudohistóricas oportunistas y libros de autoayuda de todo pelaje.

Pasados unos meses, Octavio Cortés vuelve a publicar, esta vez con editorial Sloper, "cómo apedrear a un escritor de éxito".

Y héteme aquí que Cortés desarrolla una parodia de manual de autoyuda, en forma de "rudimentos de filosofía práctica", en la que descarga humor, ironía, sacasmo y crítica social, en una difícil y equilibrada armonía.

Les pondré un ejemplo literario: el "rudimento" número 18:
• Cómo ser infeliz leyendo los cuentos de Chejov.

Es imposible. No pierda usted un minuto de su tiempo.
¿En qué no debo peder un minuto de mi tiempo? ¿En ser infeliz? ¿En leer a Chejov?

Interpreten ustedes el requiebro.

Pero les advierto de que toda la obra está llena de ellos; ingeniosos algunos, impertinentes otros; algunos les harán esbozar un rictus pícaro envidioso; otros les hará sonreir; todos, en fin, les inducirán a ponerlos en práctica y les ayudarán a desmontar el discurso cultural imperante.

Discurso que, como afirma Octavio Cortés, es una auténtica basura. Así que no es casual su esfuerzo por desmitificar el hecho literario en sí, con voluntad transgresora, "dos o tres pasos más allá del sentido común y de la sensatez".

Y si no, lean la justificación de su "rudimento" número 14, que es el que da título al libro:
• Cómo apedrear a un escritor de éxito:

Usted solo necesita seguir un sencillo método en cuatro pasos:
  1. Recordar que si los editores de todo el país han venido rechazando de forma sistemática la mierda que usted escribe (en especial sus inacabables cenagales de prosa poética) ello se debe única y exclusivamente a una conspiración urdida por agentes, libreros, directores financieros, publicistas y demás ratas camperas, confabulados para centrar toda la energía y todos los recursos en dos docenas de títeres, los llamados "escritores de éxito", personajes impostados, lubricados hasta la náusea, mórbidamente autocomplacientes.
         (…)
Y de postre, en un ejercicio de sinceridad mal dismulada, nos presenta "el ácrata lisérgico", una declaración de intenciones, su propia visión de las cosas; un edificante autorretrato plagado de guiños que exigen al lector, igual que toda la obra, complicidad.

Concluída su lectura, "usted se dirigirá a toda prisa a la calle, desprendiéndose de su disfraz a la carrera, ebrio de feliciad".

Escúchenle en la entrevista que le hicieron en El ojo Crítico de RNE. (a partir del minuto 22:30)

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Octavio Cortés; Cómo apedrear a un escritor de éxito. Editorial Sloper. Palma de Mallorca. 2013.

lunes, 6 de mayo de 2013

Siglo de cobre; siglo de las sombras

Iba a ponerme a divagar sobre la situación actual y a compararla con otros periodos de sobra conocidos y mucho más interesantes: el Siglo de Oro (o la Edad de Plata, si prefiren) y el Siglo de las Luces.

Iba a reflexionar sobre tiempos pasados, que no siempre son mejores; pero es que sí fueron mejores, y hoy están enterrados bajo infinitas capas de residuos de mediocridad.

Iba a enumerar una prolija lista de inteligencias con las que medirse, para sonrojo de las "cabezas" que hoy rigen nuestros destinos.

Iba, en fin, a clamar en el desierto.

Pero como les presumo (no sé si es mucho presumir) conocedores de la importancia de ambas épocas y su fundamental aportación al desarrollo cultural y social de nuestra sociedad, les ahorraré la molestia de leer una soflama tremendista sobre la pérdida de creatividad, de espíritu reformista, de interés científico y educativo.

Simplemente les diré que, a día de hoy, estamos inmersos en una nueva época: el siglo de cobre y el siglo de las sombras; busquen (y encuentren) ustedes los paralelismos.

Hoy estoy cansado y a punto de decir eso de que cualquier tiempo pasado… otro día, si acaso, les buscaré ejemplos, enlaces, figuras, modelos… Pero hoy, háganlo ustedes.

viernes, 3 de mayo de 2013

- Dime, qué comemos. - Mierda

"Durante cincuenta v seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban".

El Coronel es un veterano soldado que lleva quince años esperando recibir la confirmación de una pensión por veterano de guerra.

Su existencia transcurre entre dos rutinas: acudir cada semana a la oficina de correos para ver si llega la esperada carta que confirme su pensión y alimentar a un gallo de pelea, herencia de su difunto hijo, con la esperanza de hacerlo pelear en unos meses para obtener así una fuente de ingresos. Su mujer se opone a gastar sus últimos ahorros en la manutención del gallo.

«Y mientras tanto qué comemos», preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.
 - Dime, qué comemos.

El coronel necesitó setenta y cinco años -los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto- para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
- Mierda.
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Una profesora de literatura hispanoamerica en una prestigiosa universidad estadounidense utilizaba esta novela como lectura de referencia en sus clases.

Los alumnos, todos brillantes y aplicados, y, sobre todo, muy gringos, no comprendían la situación planteada. Siempre preguntaban:
- ¿Y por qué no trabaja?

No sé muy bien a quién me recuerdan el personaje del Coronel y el de su mujer; pero viendo la realidad social que atraviesa España actualmente, no he podido evitar ver los paralelismos.

Lamento el "spolier".

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Gabriel García Márquez. El coronel no tiene quien le escriba.
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