lunes, 13 de enero de 2014

Algún día subiré al monte Everest

La historia de la conquista de las primeras cuatro montañas de más de 8000 metros es una mezcla de orgullo nacional y épica pero no está exenta de cierta casualidad y polémica.

"Algún día subiré al monte Everest". Eso les dijo a sus amigos un mozalbete, espigado y un poco desgarbado, mucho tiempo antes de que, a las 11:30 del mediodía del 29 de mayo de 1953, a la edad de 36 años, hiciera realidad su promesa.

La conquista de las montañas de más de 8000 metros se había convertido en un problema alpinístico ya en los años 20 del siglo pasado. Los repetidos intentos británicos en el Everest, que finalizaron con la muerte de Irvine y Mallory en junio de 1924, dan idea de hasta qué punto todavía existía un espíritu aventurero y conquistador, heredero de las expediciones polares y africanas de finales del XIX y principios del XX.

"Porque está ahí", fue la contestación de Mallory cuando le preguntaron por qué quería subir a la montaña más alta de la tierra.

Llegó la crisis de los años 30 y la II Guerra Mundial y los recursos nacionales, materiales y humanos, se destinaron a otros fines. Pero con el fin de la contienda se retomaron los esfuerzos por recuperar el prestigio perdido y la necesidad de añadir gestas épicas a los deprimidos pueblos europeos.

Y así comenzó la carrera por la conquista de las montañas de más de 8000 metros.


Annapurna, el primer ochomil, por casualidad 


Maurice Herzog en la cima del Annapurna el 3 de junio de 1950
Louis Lechanal en la cima del Annapurna
el 3 de junio de 1950, fotografiado por Maurice Herzog
El primer 8000 en ser conquistado fue el Annapurna, el 3 de junio de 1950, a manos de una expedición francesa: los elegidos, Maurice Herzog y Louis Lachenal.
Aunque los 8000 metros ya habían sido superados anteriormente, esta era la primera vez que se coronoba una cima de esta altitud.
- Si yo me retiro… ¿tú qué harás? ¿Seguir o regresar conmigo?- preguntó Lachenal a Herzog cuando ya habían recorrido la mitad de la última jornada de ascensión.

- Si tú te retiras, yo continuaré- respondió Herzog.

- En tal caso, te sigo.
Acuciados por el mal tiempo, Herzog y Lachenal, tuvieron que recibir ayuda en el descenso por Gaston Rebufat y Lionel Terray, la segunda cordada que debía intentar hacer cumbre, y que renunciaron a su parcela de gloria para ayudar a sus compañeros.

Los cuatro tuvieron que padecer todo tipo de penalidades: congelaciones, aludes, accidentes, ceguera de las nieves, amputaciones sobre la marcha sin anestésicos, evacuacion a hombros de porteadores…

Ese fue el precio que tuvieron que pagar por entrar en la historia.

Ese año 1950 los franceses habían obtenido el permiso para entrar en el Nepal, y pudieron elegir cualquiera de sus montañas.

Maurice Herzog y sus congelaciones
Maurice Herzog en sus últimos años.
Son perfectamente visibles los efectos
de las congelaciones en sus manos.
Los motivos por los que se decantaron por el Annapurna los cuenta el propio Maurice Herzog, pero la decisión se debió fundamentalmente a la mala cartografía existente entonces de la zona y al temor que infundían otras cimas a ojos de alpinistas acostumbrados a montañas de la mitad de altura y menores dimensiones.
La exploración inicial que realizaron en el Daulaguiri les hizo cambiar de planes.

Si pudieron elegir… ¿por qué no decantarse por la más alta de todas ellas?
Decidieron ignorar el Everest como muestra de respeto a los esfuerzos y pérdidas humanas de los británicos en décadas anteriores.

Una vez conquistado el primer 8000, otras grandes cumbres se convirtieron en cuestión de estado para las potencias alpinísticas, que ya poseían cierta fijación con determinadas cumbres desde antes de la II Guerra Mundial: el Everest para la Gran Bretaña, el Nanga Parbat para Alemania o el K-2 para Italia.

Y estas fueron las tres siguientes en "caer".



Everest, o el honor británico

Tenzing Norgay en la cima del Everest
Tenzing Norgay en la cima del Everest

El Everest fue la segunda cumbre de más de 8000 metros en ser escalada.

Como no podía ser de otra manera, fue una expedición británica en 1953, comandada por John Hunt, la que lo logró.

Se adelantaron a los Suizos, que ese mismo año pagaron su inexperiencia en grandes alturas y no supieron aclimatarse adecuadamente.
Finalmente, estos pudieron resarcirse en 1956, cuando colocaron a cuatro alpinistas en la cima, en lo que fue la segunda ascención al Everest.

Y, además, fue una expedición Suiza la primera en coronar el Lothse, el 4º ochomil en altura y 9º en ser conquistado: fue ese mismo año 1956, de la mano de Fritz Luchsinger y Ernst Reiss; y fue otro suizo, Ernst Forrer, uno de los integrantes de la primera ascensión al Dhaulagiri, junto a otro de los protagonistas de este apunte, y del que hablaremos más adelante, Kurt Diemberger.

El consejo del jefe de expedición John Hunt (seguramente aprendido de la experiencia británica acumulada durante los años 20) de "despacio, despacio", y su meticulosidad castrense en la planificación, fueron decisivos para conseguir el objetivo.

Plan de ataque a la cumbre del Everest trazado por John Hunt.
En rojo, el trabajo de Hillary. Foto National Geographic.
Pincha para verla en grande

Hillary y Tenzing pasaron a la historia por ser los primeros en llegar a la cumbre; fue Tenzing el que fue abriendo huella, en su condición de sherpa, y cuenta la leyenda que al llegar a la cima, Hillary le dejó pasar en primer lugar como reconocimiento a su esfuerzo.

Y es Tenzing Norgay el que posa en la histórica foto de la cumbre, piolet en mano, con las banderas británica y nepalí.

Bourdillon comtempla la arista final del Everest, antes de retirarse
Bourdillon comtempla la arista final
del Everest, antes de retirarse
Lo que poca gente sabe que no eran ellos los "elegidos". Tres días antes, Charles Evans y Thomas Bourdillon fueron los gigantes a cuyos hombros se subieron Tenzing y Hillary.

Ellos habían sido los inicialmente llamados a culminar la gesta con éxito, pero tuvieron que retirarse cuando sólo les separaba de la cumbre una arista de 400 metros de distancia y 90 metros de desnivel.

Su prudente retirada, provocada por la fatiga y deficiente funcionamiento de los equipos de oxígeno, seguramente les salvó la vida y, de paso, abrió la puerta de la gloria para Hillary y Tenzing.

Hoy en día el Everest se ha convertido en una especie de parque de atracciones por la cantidad de expediciones comerciales que cada año ocupan sus laderas.

Y ello, a pesar del desastre del 10 de mayo de 1996, en el que murieron 8 personas como consecuencia de la masificación.

Reinhold Messner en la cima del Everest junto al trípode chino
Messner en solitario en la cima
del Everest junto al trípode chino
Pero si hablamos del Everest no podemos dejar de mencionar a Reinhold Messner: él fue el primero en ascender los 14 ochomiles y también fue el primero en subir el Everest sin oxígeno (junto a Peter Habeler) y el primero en subirlo en solitario y sin oxígeno.

La foto que se tomó a sí mismo junto al trípode chino que hay en la cumbre del Everest es una especie de icono del "verdadero" alpinismo y de los valores que encarna.

De Messner se cuenta en la zona del Tirol italiano (región del Alto Adige o Sud Tirol), zona en la que nació, que de adolescente ascendía a las cumbres de los Dolomitas y allí esperaba a ver la puesta de sol mientras pensaba en lo hermosos que eran aquellos atardeceres y se preguntaba cuántos habría como él en otras cumbres disfrutando del mismo espectáculo.

Su primera ascensión a un ochomil fue al Nanga Parbat, en 1970, junto a su hermano Günter, que falleció en el descenso.

Las circunstancias en las que se produjo este suceso y las responsabilidades achacables al propio Reinhold, causaron una enorme polémica en la época.

También se cuenta que Messner prometió a su madre que no volvería al Himalaya cuando hubiera ascendido las 14 cimas de más de ochomil metros. Objetivo que fue el primero en lograr y promesa que cumplió, aunque no abandonó sus actividades alpinísticas ni sus proyectos aventureros.

Hoy en día se dedica a promocionar y gestionar su red de museos de montaña en la zona de los Dolomitas.


Nanga Parbat; los alemanes y sus demonios


Foto del piolet de Herman Buhl en la cima del Nanga Parbat.
Foto del piolet de Herman Buhl
en la cima del Nanga Parbat.
La tercera montaña de más de 8000 metros en ser escalada fue precisamente el Nanga Parbat, el 3 de julio de 1953, por una expedición germano-austriaca.

Los 4.500 m. de desnivel desde el Campo Base hasta la cumbre hacen de esta montaña el ochomil con más desnivel, lo que da idea de las dificultades técnicas que presenta.

El primero en pisar su cima fue Hermann Buhl, uno de los mejores alpinistas de todos los tiempos pero casi desconocido por el público en general. A él se debe la aplicación al Himalaya de los métodos de escalada propios de las expediciones Alpinas, más ligeras, rápidas y sin medios de escalada artificial.

Su ascensión al Nanga Parbat se considera la primera ascensión en solitario a un ochomil, y la primera sin oxígeno, ya que fue el único miembro de la cordada final que llegó a la cima, y sin ayuda de O2 suplementario.

Aunque su gesta no fue solo producto del coraje y la determinación. El uso de la pervitina, un poderoso estimulante usado por los aviadores alemanes en la guerra mundial, también fue de gran ayuda. Quizá estemos también ante la primera prueba de dopaje en el alpinismo moderno.

Como llegó solo a la cumbre y no tenía quien le fotografiara ni a quien fotografiar, como prueba de su gesta, dejó su piolet.
Herman Buhl en la cima del Broad Peak. Foto tomada por Kurt Diemberger.
Herman Buhl en la cima del Broad Peak.
Foto tomada por Kurt Diemberger.
Ni los disparadores automáticos ni los "selfies" se estilaban por aquellos años.

Cuatro años después, el 9 de junio de 1957, también fue el primer escalador en ascender al Broad Peak, el decimosegundo ochomil, junto a Kurt Diemberger.

Esta gesta le convirtió en el primer alpinista en lograr 2 primeras ascensiones a una montaña de más de 8000 metros.

Huellas de Herman Buhl que terminan en la cornisa desprendida. Foto tomada por Kurt Diemberger.
Huellas de Herman Buhl que terminan en la cornisa
desprendida. Foto tomada por Kurt Diemberger.

Foto tomada de El piolet de madera.
Murió pocas semanas después en el intento en "modo alpino" al Chogolisa, cuando cedió bajo sus pies la cornisa por la que descendía junto a su compañero en el Broad Peak.

El propio Diemberger tomó una estremecedora foto en la que se aprecian perfectamente las huellas de ambos alpinistas y cómo las de Buhl terminan al borde de la cornisa que se desprendió, bajo la que se adivina la "polvareda" de nieve que levantó el desprendimiento.

La obsesión de los alemanes con esta montaña tiene su origen en sus intentos de escalada de los años 30, en los que el régimen Nazi hacía todo lo posible por proporcionar a su pueblo grandes y heróicas gestas.

Como por aquellos tiempos al Everest solo podían acceder los británicos por su control sobre el Tíbet y el Nepal, los alemanes eligieron el Nanga Parbat por ser más accesible geográficamente y menos temible que el K2, de cuya dificultad ya se tenían noticias.

Nanga Parbat, la montaña asesina
Nanga Parbat, la montaña asesina. (Foto)
Dos de estos primeros intentos, los de 1934 y 1937, se saldaron, no solo con el fracaso, sino con la aniquilación de toda una generación del alpinistas alemanes: entre germanos y sherpas, murieron 26 escaladores en aquellas dos expediciones.

La tragedia ocurrida en junio de 1937, en la que fallecieron 16 personas (7 alpinistas alemanes y 9 sherpas) todavía ostenta el dudoso récord de ser la mayor tragedia acaecida en un ochomil.

Desde entonces, el Nanga Parbat recibe el nombre de la "montaña asesina".


Kurt Diemberger. Pueden verse los efectos de las congelaciones que sufrió en 1986
Kurt Diemberger. Pueden apreciarse en su mano derecha
los efectos de las congelaciones que sufrió en 1986
Pero permítanme que les hable brevemente de Kurt Diemberger.

No solo fue el primero en alcanzar la cima del Broad Peak con Herman Buhl en 1957 (junto a Marcus Schmuck y Fritz Wintersteller), sino que también fue el primero en ascender al Dhaulagiri, en 1960 (junto a otros 5 alpinistas), convirtiéndose así en el segundo hombre en lograr dos primeras ascensiones a montañas de más de 8000 metros, después de su malogrado compañero de expedición.

Nadie más posee este mérito aunque hay dos alpinistas polacos que tienen en su haber 2 primeras ascensiones a montañas de más de 8000 metros… en invierno.
Uno de ellos, Jerzy Kukuczka, le disputó además a Messner la carrera de los 14 ochomiles.

Pero Diemberger también posee otro título: ser uno de los pocos supevivientes de la tragedia del K-2, acaecida en 1986.

Suya es esta dramática frase: “Hemos realizado nuestro sueño en el K2 y hemos dado todo lo demás a cambio”.


K-2: la montaña de los italianos


Imagen del K-2
La siguiente cima de más de 8000 metros en ser hollada fue el K-2, seguramente la más difícil de todas ellas.

Y fueron los italianos, Achille Compagnoni y Lino Lacedelli el 31 de julio de 1954.

Los italianos ya andaban detrás de esta cumbre del Karakorum desde principios del siglo XX. Las expediciones de 1909 y 1929 abrieron el camino que pudo ser culminado en 1954.

Compagnoni y Lacedelli solo permanecieron media hora en la cumbre pero dejaron grabadas algunas espectaculares imágenes del momento.

Sin embargo, el éxito se vio envuelto en una de las más agrias polémicas del alpinismo.

En la cima del K-2; 31 de julio de 1954
Walter Bonatti, uno de los mejores alpinistas del momento, era el encargado de portear hasta el último campamento parte de las bombonas de oxígeno necesarias para el ataque definitivo. Pero cuando llegó al lugar donde debía estar el campamento, éste no estaba allí.

Bonatti siempre sostuvo que Lacedelli y Compagnoni lo habían cambiado de sitio sin previo aviso (por temor a a verse superados por Bonatti), exponiendole así, junto al porteador Hunza Mahdi, a tener que pasar una noche al raso en la llamada zona de muerte (a más de 8000 metros), abandonados a su suerte y expuestos a temperaturas de -50º C.

Lacedelli y Compagnoni le acusaron a su vez de consumir el oxígeno (lo que supuestamente les privó de este suplemento en los momentos finales de la ascensión), de abandonar a Mahdi y de querer reservarse la cima para él. A su regreso a Italia, Bonatti tuvo que afrontar años de descalificaciones y acusaciones que trató de desmentir reuniendo pruebas que demostrasen su versión.

Foto de la cumbre del K2 en la que se ve a Lacedelli sin hielo en la barba
y a Compagnoni con la máscara puesta.
Esta imagen sirvió para corroborar la versión de Bonatti.
Solo la investigación de Robert Marshall, y la aparición de una foto (en el anuario 'Berge der Welt' de 1955 de la Fundación Suiza para la Investigación Alpina, y que no había vuelto a publicarse) corroboraron la versión de Bonatti.

En ella se ve a Compagnoni en la cumbre con la máscara de oxígeno puesta (de no llevar oxígeno en ella habría muerto por inhalación de CO2) y a Lacedelli sin apenas hielo en la barba (señal de que había llevado la máscara puesta).

El propio Lacedelli terminó admitiendo esta versión.

53 años después, se produjo la rectificación oficial, la versión de Bonatti ratificada y su figura rehabilitada.

Todas las demás cimas de más de 8000 metros fueron coronadas en la siguiente década. La última de fue, curiosamente, El Shisha Pangma, la más baja de todos ellas, ascendida en 1964.

Mención especial merece un país como Polonia, que cuenta en su haber con la mayoría de los primeros acensos en invierno. Aunque esto daría para otro apunte.

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Bibliografía:
Hemeroteca de ABC, 3 de junio de 1953, página 10.
Hemeroteca de La Vanguardia, 3 de junio de 1953, página 23.
Hemeroteca de La Vanguardia, 8 de junio de 1953, página 13.
¿Por qué hay un trípode en la cima del Everest?
• Wikipedias varias para contrastar fechas y datos.
Sir John Hunt; la ascensión al Everest.
Everest. La conquista de la cumbre. Royal Geographical Society, Londres. Planeta 2006.
Nanga Parbat, 1937.
Annapurna, by Herzog.
Lionel Terray: el conquistador de lo inútil.
Werk "Aschenbrenner", el piolet de Hermann Buhl.
Broad Peak: semblanza del decimosegundo ochomil.
Reinhold Messner y su batalla vencida.
K-2; la montaña de las montañas.
Bajo la implacable mirada del K-2.
La conquista del K-2.
• Al filo de lo imposible: el sentimiento de la montaña.
• Revista National Geographic. Everest 50 años después. Mayo 2003.
• Sebastian Álvaro/Javier Ortega; Tierra de Aventura. Temas de hoy. Madrid 1998.
• Jochen Hemmer, Larry A. Johnson, Eric R. Simonson; Los fantasmas del Everest. Plaza & Janes. Barcelona 2000.
Literatura de montaña.

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