martes, 28 de enero de 2014

El origen del término Serendipia: un cuento tradicional persa

El término Serendipia, usado para referirse a un descubirmiento casual y afortunado, debe su nombre a un relato tradicional oriental, titulado "Los tres príncipes de Serendip", nombre persa de la isla de Ceilán, de donde salieron tres sagaces y cultivados príncipes. Durante su viaje ponen a prueba su sagacidad y capacidad de deducción; pero…

El término lo acuñó  Horace Walpole en una carta que le envió a su amigo Horace Mann un 28 de enero… de 1754

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Se llama serendipia a un descubrimiento o hallazgo afortunado o inesperado que se produce cuando se está buscando una cosa distinta.

Manuel Seco, en su Diccionario del Español Actual, incluye el término serendipidad: “facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental.

Y Royston M. Roberts, en su Serendipity. Accidental Discoveries in Science (John Wiley & Sons, 1989) va un poco más allá, e introduce un factor fundamental: la astucia del descubridor: “condición del descubrimiento que se realiza gracias a una combinación de accidente y sagacidad”.

Algunas serendipias famosas son el descubrimiento de la Penicilina por Alexander Fleming: «no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella»; o los Post-it, que no nacieron después de un proceso de I+D sino por culpa del descuido de un operario que olvidó añadir un componente a la fórmula de un pegamento; o Arquímedes descubriendo su famoso principio al sumergirse en una bañera y comprobar cómo ésta se desbordaba; o Jonathan Swift describiendo en Los viajes de Gulliver los dos satélites de Marte… 150 años antes de que se descubrieran oficialmente.

Pero no vengo a hablarles de Serendipias, sino de la palabra en sí, que tiene su origen en un cuento tradicional oriental.

El término lo acuñó el escritor británico Horace Walpole en 1754, para indicar la habilidad que tenían los protagonistas de un cuento persa, The three princess of Serendip, Los tres príncipes de Serendip: "siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando".

Los Siete pabellones de los Hasht-Bihisht
El relato tiene su origen en los Hasht-Bihist (Ocho Paraísos) de Amir Khusrow, escritos (o compilados) hacia 1302, aunque su origen es probablemente anterior. En este poema persa, el rey Bahram Gur tiene siete pabellones ("paraísos") construidos para él, a los que acude a relajarse tras sus jornadas de caza.

Cada pabellón tiene un color diferente y en cada uno se aloja una princesa de una parte diferente del mundo. Bahram visita a cada princesa en un día distinto de la semana.

Es la primera princesa, la de la India, y en el pabellón negro, el sábado, cuando esta princesa le relata a Bahram la historia de los tres príncipes de Serendip.

Como ven, una estructura similar a las Mil y una noches.


De ese relato se tienen noticias en occidente en 1557, de la mano de Christoforo Armeno, en una traducción titulada Peregrinaggio di tre giovani figliuoli del re di Serendippo.

El texto pasó por diversas adaptaciones y modificaciones de autoría hasta que en 1754, Horace Walpole le manda una carta a su amigo Horace Mann.

En esa carta, Walpole le contaba a Mann que "había tenido mucha suerte cuando, buscando el escudo de los Médici en un libro veneciano de heráldica, encontró el de los Capello: "este descubrimiento ha sido casi como de los que yo llamo de serendipidad, una palabra muy expresiva (...) Leí un sencillo cuento titulado Los tres príncipes de Serendip. A medida que sus altezas reales viajaban, por accidente y gracias a su sagacidad, iban descubriendo cosas que no buscaban":
 This discovery, indeed, is almost of that kind which I call Serendipity, a very expressive word, which as I have nothing better to tell you, I shall endeavour to explain to you: you will understand it better by the derivation than by the definition. I once read a silly fairy tale, called The Three Princes of Serendip: as their Highnesses travelled, they were always making discoveries, by accidents and sagacity, of things which they were not in quest of: for instance, one of them discovered that a mule blind of the right eye had travelled the same road lately, because the grass was eaten only on the left side, where it was worse than on the right—now do you understand Serendipity?
(The Travels and Adventures of Serendipity: A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science.)

Pero… ¿qué es Serendip?

Es la transcripción del nombre persa de la isla de Ceilán, cuyo nombre oficial es Sri Lanka. Los persas lo tomaron del árabe Sarandib o Serendib, nombres que nos han llegado directamente en obras literarias, como la historia de Simbad de Las mil y una noches.

En resumen…
En el cuento Los tres príncipes de Serendip, el padre de los eruditos príncipes del mítico país de Serendip envió a sus hijos al extranjero para que conocieran otras tierras. En Persia encontraron un hombre que había perdido a su camello. Observando detenidamente diversos hechos, los sagaces hermanos dedujeron que el camello era tuerto, le faltaba un diente, era cojo, llevaba una carga de mantequilla y miel y era conducido por una mujer embarazada sentada de lado.

El propietario del camello, convencido de que sólo los ladrones podían saber esa información, denunció a los príncipes, que fueron arrestados por los soldados del Sha y condenados a muerte. El camello apareció a tiempo y el emperador de Persia liberó a los príncipes, que explicaron con detalle a su majestad cómo habían obtenido sus conclusiones.

El término Serendipity resucitó en 1955 gracias a la revista Scientific American, que la usó para aludir al descubrimiento científico casual: "Our story has as its critical episode one of those coincidences that show how discovery often depends on chance, or rather on what has been called 'serendipity' --the chance observation falling on a receptive eye".

Pero si quieren leer la historia completa, les dejo con el cuento Los tres príncipes de Serendip, que es el que da origen al término. Disfruten de su lectura.
Nota: El texto del relato ha sido reconstruido de varias fuentes distintas, porque todas las referencias que he encontrado son fragmentarias o incompletas.

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Los tres príncipes de Serendip


En los antiguos tiempos, existió en el país de Serendippo, en el Lejano Oriente, un rey grande y poderoso llamado Giaffer.
Tenía tres hijos que le eran muy queridos. Y como era muy buen padre y estaba muy preocupado por su educación, decidió que debía dejarles no sólo un gran poder, sino además toda clase de virtudes de las cuales están muy necesitados los príncipes.

Para proporcionarles los mejores tutores, el rey recorrió toda la isla hasta que reunió una cantidad de sabios especializados en distintos campos. Y a ellos confió el adiestramiento de sus hijos, quienes, como estaban dotados de una gran inteligencia, pronto adquirieron los más completos conocimientos en artes y ciencias.

Logrado esto, los tutores lo informaron al rey, quien se mostró escéptico. De tal modo, convocó al primogénito y le informó se deseo de retirarse a un monasterio, y dejarle el mando, a lo que éste rehusó; e igual hicieron los otros dos hijos.

Asombrado el rey de la prudencia mostrada por sus hijos, decidió enviarlos a un largo viaje para que le sumaran experiencia empírica. Simuló enojo y los desterró de Serendip. Así, iniciaron su peregrinación y salieron del reino hasta llegar al de un emperador muy grande y poderoso, llamado Beramo. 

(Nota: lo que sigue es el relato de lo sucedido, en formato diálogo entre un maestro y su discípulo, obtenido de una fuente diferente)

El discípulo miró al maestro en la profundidad de la tarde.

- "Maestro, ¿es bueno para el sabio demostrar su inteligencia?"

- "A veces puede ser bueno y honorable permitir que los hombres te rindan honores."

- “¿Sólo a veces?”

 - “Otras puede acarrearle al sabio multitud de desgracias. Eso es lo que les sucedió a los tres Príncipes de Serendip, que utilizaron distraídamente su inteligencia. Habían sido educados por su padre, que era arquitecto del gran Shá de Persia, con los mejores profesores, y ahora se encaminaban en un viaje hacia la India para servir al Gran Mogol, del que habían oído su gran aprecio por el Islam y la sabiduría. Sin embargo, tuvieron un percance en su camino.”

- “¿Qué les pasó?”

- “Una tarde como esta, caminaban rumbo a la ciudad de Kandahar, cuando uno de ellos afirmó al ver unas huellas en el camino: “Por aquí ha pasado un camello tuerto del ojo derecho".

- “¿Cómo pudo adivinar semejante cosa con tanta exactitud?”

- “Había observado que la hierba de la parte derecha del camino, la que daba al río, y por tanto la más atractiva, estaba intacta, mientras la de la parte izquierda, la que daba al monte y estaba más seca, estaba consumida. El camello no veía la hierba del río.”

- “¿Y los otros príncipes?”

- “El segundo, que era más sabio, dijo: “le falta un diente al camello.”

- “¿Cómo podía saberlo?”

- “La hierba arrancada mostraba pequeñas cantidades masticadas y abandonadas.”

- “¿Y el tercero?”

- “Era mucho más joven, pero aun más perspicaz, y, como es natural, en los hijos pequeños, más radical, al estar menos seguro de sí mismo. Dijo: “el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. La izquierda, seguro"

- “¿Cómo lo sabía?”

- “Las huellas eran más débiles en este lado.”

- “¿Y ahí acabaron las averiguaciones?”

- “No. El mayor, picado en esta competencia, afirmó: “por mi puesto de Arquitecto Mayor del Reino que este camello llevaba una carga de mantequilla y miel.”

- “Pero, eso es imposible de adivinar.”

- “Se había fijado en que en un borde del camino había un grupo de hormigas que comía en un lado, y en el otro se había concentrado un verdadero enjambre de abejas, moscas y avispas.”

- “Se trata de un difícil reto para los otros dos hermanos.”

- “El segundo hermano bajó de su montura y avanzó unos pasos. Era el más mujeriego del grupo por lo que no es extraño que afirmara: "En el camello iba montada una mujer". Y se puso rojo de excitación al pensar en el pequeño y grácil cuerpo de la joven, porque hacía días que habían salido de la ciudad de Djem y no habían visto ninguna mujer aún.”

- “¿Cómo pudo saberlo?”

- “Se había fijado en unas pequeñas huellas de pies sobre el barro del costado del río.”

- “¿Por qué había bajado? ¿Tenía sed?”

- “El tercer hermano, absolutamente herido en su orgullo de adolescente por la inteligencia de los dos mayores, afirmó: "Es una mujer que se encuentra embarazada, hermano. Tendrás que esperar un tiempo para cumplir tus deseos".

- “Eso es aún más difícil de saber.”

- “Se había percatado que en un lado de la pendiente había orinado pero se había tenido que apoyar con sus dos manos porque le pesaba el cuerpo al agacharse.”

- “Los tres hermanos eran muy listos.”

- “Sin embargo, su sabiduría les trajo muchas desgracias.”

- “¿Por qué?”

- “Por su soberbia de jóvenes. Al acercarse a la ciudad, contemplaron un mercader que gritaba enloquecido. Había desaparecido uno de sus camellos y una de sus mujeres. Aunque estaba más triste por la pérdida de la carga que llevaba su animal, y echaba la culpa a su joven esposa que también había desaparecido.”

- “¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?”, le dijo el hermano mayor.

- “Sí”, le dijo el mercader intrigado.

- “¿Le faltaba algún diente?”

- “Era un poco viejo”, dijo rezongando, “ y se había peleado con un camello más joven.”

- “¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?”

- “Creo que sí, se le había clavado la punta de una estaca.”  - “Llevaba una carga de miel y mantequilla.”

- “Una preciosa carga, sí.”

- “Y una mujer.”

- “Muy descuidada por cierto, mi esposa.”

- “Qué estaba embarazada.”

- “Por eso se retrasaba continuamente con sus cosas. Y yo, pobre de mí, la dejé atrás un momento. ¿Dónde los habéis visto?”

- “No hemos visto jamás a tu camello ni a tu mujer”, buen hombre, le dijeron los tres príncipes riéndose alegremente.  El discípulo también rió.

- “Eran muy sabios.”

- “Sí, pero el buen mercader estaba muy irritado. Cuando los vecinos del mercado le dijeron que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, los denunció.”

- “¡Pero, ellos tenían razón!”

- “Los perdió su soberbia juvenil. Habían señalado todas esas características del camello con tanta exactitud que ninguno les creyó cuando afirmaron no haber visto jamás al camello. Y se habían reído del mercader, había muchos testigos. Fueron llevados a la cárcel y condenados a muerte ya que en Kandahar el robo de camellos es el peor delito, más que el rapto de esposas.”

- “¡Qué triste destino para los sabios!”

- “La cosa no acabó tan mal. La esposa se había escapado, y pudo llegar antes de que los desventaran en la plaza pública, como era costumbre para castigar a los ladrones de camellos. El poderoso Emir de Kandahar se divirtió bastante con la historia y nombró ministros a los tres príncipes. Por cierto, que el segundo hermano se casó con la muchacha, que estaba bastante harta del mercader.”

- “La sabiduría tiene su premio.”

- “La casualidad los salvó y aprendieron a ser mucho más prudentes a la hora de manifestar su inteligencia ante los demás.”

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Bibliografía:
Serendipidad.
Serendipia en wikipedia.
Serendipia.
Los tres príncipes de Serendip, en los cuentos que yo cuento.
Serendipia, en José Antonio Millán: sobre lengua, edición, nuevas tecnologías.
El mal aliento de la ballena,  lo que hizo la serendipia y el extraordinario cuento de los príncipes de Serendip.
Accidents and Sagacity.
When Serendipity becomes Zemblanity.
The Travels and Adventures of Serendipity: A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science

2 comentarios:

  1. Muy bueno como lectura para trabajar conocimientos previos de una serendipia

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  2. Muy bueno como lectura para trabajar conocimientos previos de una serendipia

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