martes, 7 de enero de 2014

Si al público le das mierda, comerá mierda; pero si le das un manjar, comerá un manjar

Actualmente campan a sus anchas lamentables productos y personajes televisivos, periodísticos, históricos y divulgativos de lamentable factura y nulo nivel intelectual.

Tomás de Iriarte ya condenó esas prácticas a mediados del XVIII, en su fábula de "El asno y su amo", que arremete contra los malos escritores que justifican su falta de estilo y calidad en que le dan al lector lo que prefiere leer.

Perfectamente extrapolable a nuestros días.

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Tomás de IriarteTomás de Iriarte es uno de los máximos representantes de la literatura castellana del período de la Ilustración.

Por desgracia esta época es poco conocida en el terreno literario, eclipsada por los brillantes exponentes inmediatamente anterior y posterior, a saber, el Siglo de Oro (siglos, en realidad, desde la publicación por Nebrija de la primera gramática castellana en 1492 hasta la muerte de Calderón de la Barca en 1681), y el romanticismo y realismo del XIX (Bécquer, Larra, Rosalía; Galdós, Clarín, Pardo Bazán…).

Al siglo XVIII pertenecen autores como los Fernández de Moratín (Nicolás y Leandro, padre e hijo respectivamente), José de Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos, Benito Jerónino Feijóo, Diego de Torres Villarroel… autores que a buen seguro habrán tenido que "padecer" los estudiantes de literatura en el bachiller pero que apuesto a que nadie ha vuelto a leer con posterioridad.

A la pluma de Iriarte debemos personajes como el "fachenda", retratado en su comedia Hacer que hacemos; ese tipo que, con apariencia de estar permanentemente ateareado, nunca hace nada. ¿A que les suena?

Pero es más conocido por sus Fábulas Literarias, publicadas en 1782. Iriarte se jactó de ser el primer escritor español en utilizar este género ("esta es la primera colección de fábulas enteramente originales que se ha publicado en castellano"), y eso no gustó nada a su, hasta entonces, amigo Samaniego, el otro gran fabulista español, que había publicado su colección de Fábulas un año antes.

Y, la verdad, tratándose de un autor del siglo XVIII, la vigencia de su obra es indudable, lo que le convierte en un clásico por derecho propio.

Y para muestra, un botón.

Les dejo con su Fábula "El asno y su amo", en la que arremete contra los malos escritores que justifican su falta de estilo y calidad en que le dan al lector lo que prefiere leer.

Y esto es perfectamente extrapolable a nuestros días, en los que campan a sus anchas productos y personajes televisivos, periodísticos, históricos y divulgativos de lamentable factura y nulo nivel intelectual, justificados en que es lo que los espectadores quieren consumir; expresado en román paladino: si el público quiere mierda, demosle mierda.

Pues bien: Iriarte ya condenó esas prácticas a mediados del XVIII.

Ni el público, ni nadie, prefiere comer mierda antes que un manjar; simplemente come mierda porque no le dan, o no puede o no sabe acceder a, otra cosa.
El "mal gusto" del público es conscuencia del mal gusto de los autores, creadores y productores, no al revés. 

Así que #RecomiendoLeer a Iriarte, sobre todo a aquellos que, de una forma o de otra, generan (mos) contenidos con intención de que sean consumidos por un público injustamente tratado con demasidada frecuencia.

Suya (nuestra) es la responsabilidad de hacer crecer el nivel intelectual de nuestros contemporáneos.

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El asno y su amo

«Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio;
yo le doy lo peor, que es lo que alaba».

De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
y un taimado poeta que lo oía
le respondió en los términos siguientes:

«Al humilde jumento
su dueño daba paja, y le decía:
‘Toma, pues que con eso estás contento’.
Díjolo tantas veces, que ya un día
se enfadó el asno, y replicó: ‘Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como’».

Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si, en dándola paja, come paja,
siempre que le dan grano, come grano.

Moraleja: Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo.

Tomás de Iriarte. Firma







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Tomás de Iriarte. Fábulas literarias. Fábula XXVII

Si sabrá más el discípulo. Grabado de Goya

No me resisto a ilustrar el apunte con este edificante grabado de Goya.

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