lunes, 3 de febrero de 2014

La gloria de España la marcan los cocineros y los futbolistas

"La gloria de España en estos últimos años la marcan no los pintores o escultores (y añado yo… escritores, científicos, investigadores, intelectuales…) sino los cocineros y los futbolistas".

Esta frase, en boca de un conocido sociólogo y periodista, es el fiel reflejo de la realidad de este país, socialmente aceptada.

Foto de El País.
Y provoca estupefacción, no solo porque es cierta, sino porque, además, nuestro presidente del Gobierno (y el líder de la oposición, por citar solo dos casos relevantes) es un buen ejemplo de que esta realidad ha calado hasta las más altas instituciones del estado y los más "respetables" medios de comunicación y personajes públicos:

No hay tertulia radiofónica que no comience con una explicación de filias y fobias "fuboleras" o "restauradoras" por parte de sus participantes; no hay político que no se crea en la "obligación" de explicar cuál es el equipo de sus amores; conocidos intelectuales de las más variadas procedencias del saber se declaran en cuanto tienen ocasión seguidores de tal o cuál equipo; los informativos televisivos dan más importancia a las irrelevancias de los equipos que a los logros de muchos de nuestros deportistas; se piden indultos públicos para "presuntos" delincuentes solo porque son presidentes de un equipo de fúlbol, apelando al arraigo social del fenómeno…

Nada hay más patético que un avatar con el escudo del equipo de fútbol de turno o una autodescripción en 140 caracteres aclamando la predilección fubolera; nada más vergonzante que un trending topic sobre un resultado de un partido del montón; nada más bochornoso que una discusión de taberna sobre si fulano es mejor o peor jugador que mengano; nada más lamentable, en fin, que ver desperdiciados recursos materiales, humanos e intelectuales en nimiedades más propias del "pan y circo" destinadas al envilecimiento de una mayoría en detrimento de la instrucción de la totalidad.

Igual que en Francia, todo político que se precie debe hacer declaración expresa de cuál es su postura ideológica respecto a la Revolución Francesa, aquí, en cambio, esa declaración expresa se realiza en torno a qué equipo de fúltbol merece más o menos respeto o idolatría.

En fin; todos mis respetos por Luis Aragonés y por la prolija lista de cocineros que triunfan dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero todo mi desprecio hacia el fútbol como elemento alienador de conciencias, ladrón de espíritu crítico y creador de absurdos consensos sociales.

¿Que exagero? Puede.

Pero el prefijo exa- significa "un trillón". Casi preferiría hexagerar, porque el prefijo hexa- solo significa "seis".

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