miércoles, 21 de mayo de 2014

Así se gana un Planeta

De cómo una veterana y prestigiosa escritora española, contumazmente remisa a "presentarse" al Premio Planeta, recibió una oferta irrechazable para acceder a concursar y… ganar.

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Como habrán supuesto, no voy a hablar de astronomía, sino del conocido premio literario. O debería decir el premio al autor famoso del momento, el premio oportunista, el premio de encargo... porque, por desgracia, hace tiempo que lo de literario dejó de ser su principal característica.

Hubo años, al principio, en los que realmente ganaba la mejor novela a ojos de un jurado razonablemente profesional y entendido.

A partir de finales de los 70, comenzaron a ganarlo todo un elenco de conocidos escritores, ya consagrados muchos de ellos, que aseguraban una cierta calidad a la par que éxito de ventas (de dónde creen que saca Planeta el desconmunal importe del premio).
Conviene advertir también que la cuantía económica del premio provocó un innegable efecto llamada para muchos escritores que, de pronto, vieron en él la suculenta fuente de ingresos y de popularidad que ayudara a sobrellevar la siempre maltrecha economía de un autor.

Camilo José Cela, ganador del Planeta en 1994
No me resisto a citar aquí a Camilo José Cela, "flamante" ganador de la edición de 1994, quién se cansó de decir a todo el que le quisiera escuchar que no se presentaba nunca a premios literarios porque no le merecían respeto (lo ganaban escritores mediocres que no estaban a su altura, como tampoco lo estaban los premios).

Se ve que el Premio Planeta sí le merecía respeto, aun después de haber ganado ya el Nacional de Narrativa en 1984, el Príncipe de Asturias de las Letras en 1987 y el Nobel de Literatura en 1989.
Incluso llegó a decir del Premio Cervantes que estaba "cubierto de mierda", antes, eso sí, de que se lo concedieran en 1995.

Llegados a finales del siglo XX, comienzan a simultanearse ganadores mediáticos con meritorios novelistas; la inclusión de ciertos perfiles responde a que todos los novelistas consagrados lo habían ganado ya (o no se prestaron al "juego"), y hubo que comenzar a incluir en la nómina, junto a notables narradores emergentes, a periodistas reciclados, políticos retirados y advenedizos varios.
También hay que añadir que cierta cuota de calidad ha cabido en la nómina de los ganadores recientes.

Esto aseguraba el impacto mediático y las ventas. Incluso en muchas ocasiones eran francamente mejores las novelas finalistas, que era lo máximo a lo que podía aspirar una buena novela.
Resulta curioso ver cómo en los últimos tiempos algunos finalistas consiguieron alcanzar el premio en años posteriores. ¿Reconocimiento a los servicios prestados?

Y no es que no haya buenos escritores; es que la Literatura no vende. Y no nos olvidemos de que Planeta es un negocio, un enorme negocio, no una ONG.

Pero no he venido a contarles lo que seguramente ya saben o es un secreto a voces.

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Sevilla. finales del siglo XX.

En un restaurante se han reunido un grupo de amigos, escritores muchos de ellos, todos relacionados con la cultura, la intelectualidad, la docencia o la literatura.

Entre ellos, una veterana y prestigiosa escritora española que se venía mostrando remisa los últimos años a "presentarse" al Planeta.
Otro de los comensales es quien me relató esta anécdota y al que, por razones obvias, mantendré en el anonimato.

De pronto aparece por allí José Manuel Lara (padre); saluda a los presentes y se dirige directamente a nuestra protagonista.

La charla es breve, amistosa, y no exenta del cierto tono imperioso muy del estilo del patriarca.

En el momento de despedirse arroja sobre la mesa un libro, cuya portada luce el inconfundible diseño de los Premios Planeta.

En él puede verse el nombre nuestra protagonista como autora, un título ficticio tipo "lorem Ipsum" y el subtítulo de Ganador del Premio Planeta año XXXX.

El libro estaba en blanco.

Al despedirse, Lara se limitó a concluir:

  - rellénalo.

Se ve que no lo rellenó, porque nuestra veterana y prestigiosa autora nunca ganó el Planeta.

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Algunos autores han denunciado las "presiones" que han sufrido para presentarse al Planeta para ganarlo: Miguel Delibes
 Planeta le ofreció el premio no en una ocasión, sino "con periódica reiteración". La última de ellas se refería a la edición de 1994: "Lara ha venido a Valladolid a ofrecerme el premio tratando de convencerme con el argumento de que todos saldríamos beneficiados: él, yo, el premio y la literatura"
o Ernesto Sábato, por ejemplo.
Según Sábato, el consejero delegado de Planeta, José Manuel Lara, se había puesto en contacto con él en 1994 para ofrecerle el galardón de ese año, pero el literato rehusó la oferta.
“Yo me reí y le dije que no podía aceptar un premio por un libro que todavía no había escrito”. 
Otros, ganadores en el pasado, o han dimitido como miembros del jurado por discrepancias con el proceso de elección de los premiados, como Juan Marsé:  
la literatura actual "se asemeja cada vez más al mundo del prét-á-porter" y el "verdadero reto" para un autor "no es entrar en ese mundo sino ser capaz de rechazarlo"
O entraron en la polémica por la baja calidad de los ganadores de ese año, como Rosa Regás:
esperaba que el nivel (del Planeta) fuera más alto", pero destacó que la poca unanimidad ha propiciado, sin embargo, "un larguísimo y enconado debate sobre literatura, que siempre se echa en falta en España"
Otros muchos, con seguridad, lo han ganado en buena lid. Otro tantos, callan, cómplices.

No es bueno para el negocio morder la mano que te da de comer, aunque en la nómina de ganadores haya premios Nobel, Cervantes, nacionales de literatura, autores de best sellers... y una enorme pléyade de medianías que en su momento tenían tirón y cuyos nombres no adornarán los manuales de literatura.

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Más información
LOS PREMIOS PLANETA según Rafael Borrás Betriu.
Premio Planeta, página oficial
CMG

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