viernes, 31 de enero de 2014

Abrid escuelas y se cerrarán cárceles

"Hoy, en España, ¿qué remedio puede emplearse contra los males que nos afligen o nos amenazan? Ninguna dolencia social puede combatirse con un remedio solo; pero si se nos pidiera que señaláramos uno nada más, aquel que juzgásemos de mayor eficacia, responderíamos sin vacilar: LA INSTRUCCIÓN". Concepción Arenal.

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Concepción Arenal
La curiosidad intelectual fue la principal característica de Concepción Arenal. Siempre sintió una enorme atracción por las lecturas sobre ciencias y filosofía. Y al acabar sus estudios "elementales" expresó su deseo de cursar estudios superiores, algo inaudito en una mujer de la época (nació en 1820) y que contó con la oposición firme para su madre, que deseaba que su educación se centrara en aprender a comportarse correctamente en sociedad, tal y como se esperaba de una señorita de la época.

Sin embargo, se encuentra con 21 años como depositaria de la herencia de su abuela y su madre, fallecidas en solo un año. Así que decide tomar las riendas de su propio destino:
"Durante los cursos de 1842-43, 1843-44 y 1844-45 Concepción Arenal asistirá vestida de hombre a algunas clases de Derecho en la Universidad. Evidentemente no cursó la carrera, ni hizo exámenes, ni alcanzó ningún título, pues en este momento histórico las aulas universitarias estaban reservadas exclusivamente para los varones, pero sin duda enriqueció y afianzó su interés por las cuestiones penales y jurídicas".
Se casó con Fernando García Carrasco, un hombre que supo entender sus aspiraciones y que siempre la trató en plano de igualdad intelectual.

Su colaboraciones en el diario liberal La Iberia terminaron el día en que el ministro de Gobernación de la época, promulga la Ley de Imprenta de 15 de mayo de 1857, la más restrictiva del periodo del reinado de Isabel II, donde se impone la obligación de firmar los artículos que versen sobre política, filosofía y religión.

Concepción Arenal siempre defendió la educación e instrucción de la mujer como fundamental: los hombres pueden aprender un oficio y la mujer no puede aspirar a otra carrera que el matrimonio.
Y sus críticas al clero, principal valedor de esa teoría eran claras: "En general es muy ignorante, no querer a la mujer instruida, es mejor auxiliar, mantenerla en la ignorancia.

Estatua dedicada a Concepción Arenal en Orense
Estatua pública en Orense dedicada
a Concepción Arenal
(escultor: Aniceto Marinas, 1898).
A partir de 1869 comienza a publicar sus obras más reivindicativas y que la sitúan como germen del movimiento feminista en España: "La mujer del porvenir""La mujer en su casa", "Estado actual de la mujer en España" o "La educación de la mujer", en la que hace un alegato, por primera vez en España, en defensa del derecho de la mujer a recibir educación en términos de igualdad respecto al hombre.

En todas ellas Concepción Arenal "se propone no sólo disipar los errores que sobre la mujer han arraigado en la opinión de la mayor parte de la sociedad, sino también reivindicar la capacidad intelectual de la mujer y su derecho a recibir una educación que le permita desempeñar cualquier profesión en condiciones iguales a la del hombre".

En 1878 publica uno de sus más famosos trabajos, La instrucción del pueblo.

En él hace un análisis de la situación de la educación en aquella época y traza las ideas básicas de lo que, a su juicio, debería ser.

Su lectura es estremecedora, porque siglo y medio después, su análisis de la situación no ha sido superado por la realidad actual (mutatis mutandis):
Resulta que el profesor no puede ser más que profesor, y que para serlo del modo debido necesita medios materiales que se le niegan; que la retribución que se le asigna, y a veces no se lo paga, es insuficiente, no sólo para adquirir los medios indispensables de ilustrarse, sino para su sustento material; que la consideración que merece está en armonía con el sueldo que cobra; que la alta misión del maestro se convierte en un via crucis, por donde caminan sólo los que tienen espíritu de inmolación y de sacrificio; que, como este espíritu no puede animar a todos los que tienen aptitud para la enseñanza, muchos se retraerán de ella; que la consecuencia de todo esto es rebajar el nivel intelectual del cuerpo docente; y, en fin, que la opinión pública, no preocupándose de semejante estado de cosas, prueba que no da al saber importancia, ni considera la instrucción como una necesidad.
Hoy, en España, ¿qué remedio puede emplearse contra los males que nos afligen o nos amenazan? Ninguna dolencia social puede combatirse con un remedio solo; pero si se nos pidiera que señaláramos uno nada más, aquel que juzgásemos de mayor eficacia, responderíamos sin vacilar: LA INSTRUCCIÓN.
Si es necesario que el hombre se eduque; si para educarse es preciso instruirse; si nadie puede aprender sin que se le enseñe, el deber de cultivar la inteligencia lleva consigo el derecho a la instrucción.
Hay que hacer posible a todos el de instruirse, apartando los obstáculos materiales a los que estén imposibilitados de apartarlos por sí mismos.
Si la enseñanza es un mal, debe suprimirse absolutamente; si es un bien, darse, cueste lo que cueste, porque este bien es de un orden tan superior que ningún hombre honrado que le comprenda puede ponerle precio.

Como cabía esperal, Concepción Arenal no fue admitida en la Real Academia de la Lengua, pese a que fue propuesta por otra notable, Emilia Pardo Bazán.

Por desgracia, su obra y legado no son suficientemente valorados, ni en los sistemas educativos que tanto defendió, ni en la consideración social de su aportacion, sometida con frecuencia a los prejuicios sociales que tan lamentablemente evoca el término feminismo.

Concepción Arenal nació un 31 de enero.

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Bibliografía y más información:
Portal dedicado a Concepción Arenal en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Hemeroteca del diario liberal La Iberia.
Concepción Arenal y la educación popular.
Concepción Aranal Ponte.

martes, 28 de enero de 2014

El origen del término Serendipia: un cuento tradicional persa

El término Serendipia, usado para referirse a un descubirmiento casual y afortunado, debe su nombre a un relato tradicional oriental, titulado "Los tres príncipes de Serendip", nombre persa de la isla de Ceilán, de donde salieron tres sagaces y cultivados príncipes. Durante su viaje ponen a prueba su sagacidad y capacidad de deducción; pero…

El término lo acuñó  Horace Walpole en una carta que le envió a su amigo Horace Mann un 28 de enero… de 1754

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Se llama serendipia a un descubrimiento o hallazgo afortunado o inesperado que se produce cuando se está buscando una cosa distinta.

Manuel Seco, en su Diccionario del Español Actual, incluye el término serendipidad: “facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental.

Y Royston M. Roberts, en su Serendipity. Accidental Discoveries in Science (John Wiley & Sons, 1989) va un poco más allá, e introduce un factor fundamental: la astucia del descubridor: “condición del descubrimiento que se realiza gracias a una combinación de accidente y sagacidad”.

Algunas serendipias famosas son el descubrimiento de la Penicilina por Alexander Fleming: «no intentaba descubrir la penicilina, me tropecé con ella»; o los Post-it, que no nacieron después de un proceso de I+D sino por culpa del descuido de un operario que olvidó añadir un componente a la fórmula de un pegamento; o Arquímedes descubriendo su famoso principio al sumergirse en una bañera y comprobar cómo ésta se desbordaba; o Jonathan Swift describiendo en Los viajes de Gulliver los dos satélites de Marte… 150 años antes de que se descubrieran oficialmente.

Pero no vengo a hablarles de Serendipias, sino de la palabra en sí, que tiene su origen en un cuento tradicional oriental.

El término lo acuñó el escritor británico Horace Walpole en 1754, para indicar la habilidad que tenían los protagonistas de un cuento persa, The three princess of Serendip, Los tres príncipes de Serendip: "siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando".

Los Siete pabellones de los Hasht-Bihisht
El relato tiene su origen en los Hasht-Bihist (Ocho Paraísos) de Amir Khusrow, escritos (o compilados) hacia 1302, aunque su origen es probablemente anterior. En este poema persa, el rey Bahram Gur tiene siete pabellones ("paraísos") construidos para él, a los que acude a relajarse tras sus jornadas de caza.

Cada pabellón tiene un color diferente y en cada uno se aloja una princesa de una parte diferente del mundo. Bahram visita a cada princesa en un día distinto de la semana.

Es la primera princesa, la de la India, y en el pabellón negro, el sábado, cuando esta princesa le relata a Bahram la historia de los tres príncipes de Serendip.

Como ven, una estructura similar a las Mil y una noches.


De ese relato se tienen noticias en occidente en 1557, de la mano de Christoforo Armeno, en una traducción titulada Peregrinaggio di tre giovani figliuoli del re di Serendippo.

El texto pasó por diversas adaptaciones y modificaciones de autoría hasta que en 1754, Horace Walpole le manda una carta a su amigo Horace Mann.

En esa carta, Walpole le contaba a Mann que "había tenido mucha suerte cuando, buscando el escudo de los Médici en un libro veneciano de heráldica, encontró el de los Capello: "este descubrimiento ha sido casi como de los que yo llamo de serendipidad, una palabra muy expresiva (...) Leí un sencillo cuento titulado Los tres príncipes de Serendip. A medida que sus altezas reales viajaban, por accidente y gracias a su sagacidad, iban descubriendo cosas que no buscaban":
 This discovery, indeed, is almost of that kind which I call Serendipity, a very expressive word, which as I have nothing better to tell you, I shall endeavour to explain to you: you will understand it better by the derivation than by the definition. I once read a silly fairy tale, called The Three Princes of Serendip: as their Highnesses travelled, they were always making discoveries, by accidents and sagacity, of things which they were not in quest of: for instance, one of them discovered that a mule blind of the right eye had travelled the same road lately, because the grass was eaten only on the left side, where it was worse than on the right—now do you understand Serendipity?
(The Travels and Adventures of Serendipity: A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science.)

Pero… ¿qué es Serendip?

Es la transcripción del nombre persa de la isla de Ceilán, cuyo nombre oficial es Sri Lanka. Los persas lo tomaron del árabe Sarandib o Serendib, nombres que nos han llegado directamente en obras literarias, como la historia de Simbad de Las mil y una noches.

En resumen…
En el cuento Los tres príncipes de Serendip, el padre de los eruditos príncipes del mítico país de Serendip envió a sus hijos al extranjero para que conocieran otras tierras. En Persia encontraron un hombre que había perdido a su camello. Observando detenidamente diversos hechos, los sagaces hermanos dedujeron que el camello era tuerto, le faltaba un diente, era cojo, llevaba una carga de mantequilla y miel y era conducido por una mujer embarazada sentada de lado.

El propietario del camello, convencido de que sólo los ladrones podían saber esa información, denunció a los príncipes, que fueron arrestados por los soldados del Sha y condenados a muerte. El camello apareció a tiempo y el emperador de Persia liberó a los príncipes, que explicaron con detalle a su majestad cómo habían obtenido sus conclusiones.

El término Serendipity resucitó en 1955 gracias a la revista Scientific American, que la usó para aludir al descubrimiento científico casual: "Our story has as its critical episode one of those coincidences that show how discovery often depends on chance, or rather on what has been called 'serendipity' --the chance observation falling on a receptive eye".

Pero si quieren leer la historia completa, les dejo con el cuento Los tres príncipes de Serendip, que es el que da origen al término. Disfruten de su lectura.
Nota: El texto del relato ha sido reconstruido de varias fuentes distintas, porque todas las referencias que he encontrado son fragmentarias o incompletas.

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Los tres príncipes de Serendip


En los antiguos tiempos, existió en el país de Serendippo, en el Lejano Oriente, un rey grande y poderoso llamado Giaffer.
Tenía tres hijos que le eran muy queridos. Y como era muy buen padre y estaba muy preocupado por su educación, decidió que debía dejarles no sólo un gran poder, sino además toda clase de virtudes de las cuales están muy necesitados los príncipes.

Para proporcionarles los mejores tutores, el rey recorrió toda la isla hasta que reunió una cantidad de sabios especializados en distintos campos. Y a ellos confió el adiestramiento de sus hijos, quienes, como estaban dotados de una gran inteligencia, pronto adquirieron los más completos conocimientos en artes y ciencias.

Logrado esto, los tutores lo informaron al rey, quien se mostró escéptico. De tal modo, convocó al primogénito y le informó se deseo de retirarse a un monasterio, y dejarle el mando, a lo que éste rehusó; e igual hicieron los otros dos hijos.

Asombrado el rey de la prudencia mostrada por sus hijos, decidió enviarlos a un largo viaje para que le sumaran experiencia empírica. Simuló enojo y los desterró de Serendip. Así, iniciaron su peregrinación y salieron del reino hasta llegar al de un emperador muy grande y poderoso, llamado Beramo. 

(Nota: lo que sigue es el relato de lo sucedido, en formato diálogo entre un maestro y su discípulo, obtenido de una fuente diferente)

El discípulo miró al maestro en la profundidad de la tarde.

- "Maestro, ¿es bueno para el sabio demostrar su inteligencia?"

- "A veces puede ser bueno y honorable permitir que los hombres te rindan honores."

- “¿Sólo a veces?”

 - “Otras puede acarrearle al sabio multitud de desgracias. Eso es lo que les sucedió a los tres Príncipes de Serendip, que utilizaron distraídamente su inteligencia. Habían sido educados por su padre, que era arquitecto del gran Shá de Persia, con los mejores profesores, y ahora se encaminaban en un viaje hacia la India para servir al Gran Mogol, del que habían oído su gran aprecio por el Islam y la sabiduría. Sin embargo, tuvieron un percance en su camino.”

- “¿Qué les pasó?”

- “Una tarde como esta, caminaban rumbo a la ciudad de Kandahar, cuando uno de ellos afirmó al ver unas huellas en el camino: “Por aquí ha pasado un camello tuerto del ojo derecho".

- “¿Cómo pudo adivinar semejante cosa con tanta exactitud?”

- “Había observado que la hierba de la parte derecha del camino, la que daba al río, y por tanto la más atractiva, estaba intacta, mientras la de la parte izquierda, la que daba al monte y estaba más seca, estaba consumida. El camello no veía la hierba del río.”

- “¿Y los otros príncipes?”

- “El segundo, que era más sabio, dijo: “le falta un diente al camello.”

- “¿Cómo podía saberlo?”

- “La hierba arrancada mostraba pequeñas cantidades masticadas y abandonadas.”

- “¿Y el tercero?”

- “Era mucho más joven, pero aun más perspicaz, y, como es natural, en los hijos pequeños, más radical, al estar menos seguro de sí mismo. Dijo: “el camello está cojo de una de las dos patas de atrás. La izquierda, seguro"

- “¿Cómo lo sabía?”

- “Las huellas eran más débiles en este lado.”

- “¿Y ahí acabaron las averiguaciones?”

- “No. El mayor, picado en esta competencia, afirmó: “por mi puesto de Arquitecto Mayor del Reino que este camello llevaba una carga de mantequilla y miel.”

- “Pero, eso es imposible de adivinar.”

- “Se había fijado en que en un borde del camino había un grupo de hormigas que comía en un lado, y en el otro se había concentrado un verdadero enjambre de abejas, moscas y avispas.”

- “Se trata de un difícil reto para los otros dos hermanos.”

- “El segundo hermano bajó de su montura y avanzó unos pasos. Era el más mujeriego del grupo por lo que no es extraño que afirmara: "En el camello iba montada una mujer". Y se puso rojo de excitación al pensar en el pequeño y grácil cuerpo de la joven, porque hacía días que habían salido de la ciudad de Djem y no habían visto ninguna mujer aún.”

- “¿Cómo pudo saberlo?”

- “Se había fijado en unas pequeñas huellas de pies sobre el barro del costado del río.”

- “¿Por qué había bajado? ¿Tenía sed?”

- “El tercer hermano, absolutamente herido en su orgullo de adolescente por la inteligencia de los dos mayores, afirmó: "Es una mujer que se encuentra embarazada, hermano. Tendrás que esperar un tiempo para cumplir tus deseos".

- “Eso es aún más difícil de saber.”

- “Se había percatado que en un lado de la pendiente había orinado pero se había tenido que apoyar con sus dos manos porque le pesaba el cuerpo al agacharse.”

- “Los tres hermanos eran muy listos.”

- “Sin embargo, su sabiduría les trajo muchas desgracias.”

- “¿Por qué?”

- “Por su soberbia de jóvenes. Al acercarse a la ciudad, contemplaron un mercader que gritaba enloquecido. Había desaparecido uno de sus camellos y una de sus mujeres. Aunque estaba más triste por la pérdida de la carga que llevaba su animal, y echaba la culpa a su joven esposa que también había desaparecido.”

- “¿Era tuerto tu camello del ojo derecho?”, le dijo el hermano mayor.

- “Sí”, le dijo el mercader intrigado.

- “¿Le faltaba algún diente?”

- “Era un poco viejo”, dijo rezongando, “ y se había peleado con un camello más joven.”

- “¿Estaba cojo de la pata izquierda trasera?”

- “Creo que sí, se le había clavado la punta de una estaca.”  - “Llevaba una carga de miel y mantequilla.”

- “Una preciosa carga, sí.”

- “Y una mujer.”

- “Muy descuidada por cierto, mi esposa.”

- “Qué estaba embarazada.”

- “Por eso se retrasaba continuamente con sus cosas. Y yo, pobre de mí, la dejé atrás un momento. ¿Dónde los habéis visto?”

- “No hemos visto jamás a tu camello ni a tu mujer”, buen hombre, le dijeron los tres príncipes riéndose alegremente.  El discípulo también rió.

- “Eran muy sabios.”

- “Sí, pero el buen mercader estaba muy irritado. Cuando los vecinos del mercado le dijeron que habían visto tres salteadores tras su camello y su mujer, los denunció.”

- “¡Pero, ellos tenían razón!”

- “Los perdió su soberbia juvenil. Habían señalado todas esas características del camello con tanta exactitud que ninguno les creyó cuando afirmaron no haber visto jamás al camello. Y se habían reído del mercader, había muchos testigos. Fueron llevados a la cárcel y condenados a muerte ya que en Kandahar el robo de camellos es el peor delito, más que el rapto de esposas.”

- “¡Qué triste destino para los sabios!”

- “La cosa no acabó tan mal. La esposa se había escapado, y pudo llegar antes de que los desventaran en la plaza pública, como era costumbre para castigar a los ladrones de camellos. El poderoso Emir de Kandahar se divirtió bastante con la historia y nombró ministros a los tres príncipes. Por cierto, que el segundo hermano se casó con la muchacha, que estaba bastante harta del mercader.”

- “La sabiduría tiene su premio.”

- “La casualidad los salvó y aprendieron a ser mucho más prudentes a la hora de manifestar su inteligencia ante los demás.”

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Bibliografía:
Serendipidad.
Serendipia en wikipedia.
Serendipia.
Los tres príncipes de Serendip, en los cuentos que yo cuento.
Serendipia, en José Antonio Millán: sobre lengua, edición, nuevas tecnologías.
El mal aliento de la ballena,  lo que hizo la serendipia y el extraordinario cuento de los príncipes de Serendip.
Accidents and Sagacity.
When Serendipity becomes Zemblanity.
The Travels and Adventures of Serendipity: A Study in Sociological Semantics and the Sociology of Science

viernes, 24 de enero de 2014

Virginia Woolf, el origen del Bunga Bunga, o cómo trolear a la Armada Británica

La expresión "Bunga Bunga" es un término explícitamente sexual, conocido actualmente porque así se conoce a la "especie" de harén que Berlusconi tenía en la parte baja de su residencia, donde se celebraban una suerte de fiestas privadas con chicas. Ruby, explica en qué consistía.

Pero esta expresión no es original de Gadafi ni de Berlusconi; hay que remontarse a febrero de 1910, y tiene como protagonista a uno de los más importantes representantes de la literatura del siglo XX: Virginia Woolf.

Unos años antes, en 1852, un tal James Hogg, editor británico, señaló que el término Bunga Bunga era el nombre que usaban los lugareños para referirse a un lugar cerca de Moreton Bay, en la costa oriental de Australia.

Pero volvamos a Virginia Woolf y a 1910.  

Nacida como Adeline Virginia Stephen, pronto impulsó el círculo de Bloomsbury, un conjunto de intelectuales británicos que durante el primer tercio del siglo XX destacaron en el terreno literario, artístico o social.
"Su filosofía descansaba en el desprecio por la religión y su reacción contra la moral victoriana. Todos se consideraban miembros de una élite intelectual ilustrada, de ideología liberal y humanista. Propugnaron especialmente la independencia de criterio y el individualismo esencial". (1)

El mayor éxito de este grupo se conoce como el Dreadnought hoax. Consiguieron poner el ridículo a la sacrosanta Armada Real Británica, haciéndose pasar, disfrazados y maquillados, por miembros de la realeza Abisinia.

Ataviados de esta guisa, y con una gran dosis de descaro, consiguieron realizar una visita al buque insignia de la Armada, el HMS Dreadnought. El grupo fue recibido con toda la pompa y circunstancia propios de una visita de estado. 

Los hechos se sucedieron más o menos así.

La comitiva la formaban, en realidad, el poeta Horace de Vere Cole, Virginia Woolf, el siquiatra y escritor Adrian Stephen (Hermano de Woolf), Guy Ridley, el autor y naturalista Anthony Buxton y el artista Duncan Grant. Todos ellos miembros del Grupo de Bloombury.

Se disfrazaron con turbantes y ropajes exóticos se oscurecieron la piel con maquillaje y se plantificaron barbas y bigores postizos.
La propia Virginia Woolf se disfrazó de hombre.

Uno de ellos, Adrian Stephen, se hizo pasar por "intérprete", un alemán llamado "Herr Kauffmann" y otro, Horace de Vere Cole, asumió el papel de acompañante del grupo en representación del Foreign Office.

El caso es que, así ataviados, se presentan en la estación de Paddington, en Londres, y solicitan un transporte especial que les lleve al puerto en el que estaba amarrado el buque insignia de la Armada Británica, con el propósito de hacer una visita oficial.

Nada más salir de la estación, un cómplice cuya identidad jamás fue revelada (firmó como Sir Tudor Castle -otra parte más del absurdo), envió un telegrama avisando de la llegada de la "comitiva real" al buque:
Príncipe Malaken de Abisinia y corte llegan 4.20 hs. Weymouth. STOP. Quiere ver Dreadnought. STOP. Lamento último momento. STOP. Olvidé telegrafiar antes. STOP. Llevan intérprete. STOP.
El mensaje, enviado originalmente al  secretario Foreign Office fue reenviado al vicealmirante Sir William May, al mando del HMS Dreadnought; ni uno ni otro no se enterarían del engaño hasta pasados varios días.

Llegados al buque, la marina recibió a los "príncipes" con todos los honores propios de una vista de estado.

Fueron recibidos por el almirante Sir William May, se interpretaron los himnos (por la premura de la visita no encontraron el himno de Abisinia ni su bandera, así que usaron los de Zanzíbar), pasaron revista a la guardia que formaba frente al barco y comenzó lo visita.

Y es entonces cuando la farsa adquiere sus tintes más absurdos. Mientras recorrían las instalaciones del buque, se comunicaban entre ellos en una especie de suahili inventado, a lo que añadían fragmentos de Homero y Virgilio (en griego y latín, claro) que pronunciaban de forma incomprensible.

Y para rematar la faena, cuando algo les llamaba especialmente la atención, exclamaban "bunga bunga" como muestra de admiración.

Terminada la visita el grupo se marchó al son del "God save the Queen".

Por supuesto, una vez a salvo, uno de los impulsores de la farsa, Horace de Vere Cole, se encargó de hacer llegar a la prensa la noticia del engaño con la correspondiente fotogafía de la comitiva "real".
La noticia acabó en todos los medios londinenses de la época.

La marina inglesa fue el hazmerreír de todo el país y el asunto se debatió en el Parlamento.

Pero no llegó la sangre al río, más allá de las bromas que la sabiduría popular no dudó en utilizar:

- El vicealmirante May no podía salir de paseo sin que los chicos lo siguieran al grito de Bunga-Bunga.

- En las visitas posteriores al acorazado, los visitantes también usaban Bunga Bunga en señal de admiración;

- Y cuando el auténtico emperador de Etiopía visitó Inglaterra tiempo más tarde, también era perseguido por niños que gritaban "Bunga Bunga".

- Y ya, de postre, cuando en 1915, en plena Primera Guerra Mundial, el HMS Dreadnought hundió a un submarino alemán, se recibió un telegrama de felicitación que decía textualmente: "Bunga Bunga"

Tampoco a los protagonistas les llegó a pasar nada puesto que no habían infringido ninguna ley. El único que sí lo hizo fue el cómplice que envió el telegrama, y nunca fue identificado.

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Les cuento todo esto con el único propósito de introducirles la figura de Virginia Woolf, a quien #RecomiendoLeer encarecidamente.

Encontrarán numerosa bibliografía sobre ella, su obra y las adaptaciones cinematográficas de algunas de sus novelas. Busquen y encontrarán.

Les dejo con un fragmento de uno de sus ensayos:
A veces he soñado que, cuando amanezca el día del Juicio Final y los grandes conquistadores, legisladores y hombres de Estado acudan a recibir sus recompensas, sus coronas, sus laureles, las lápidas con su nombre indeleblemente inciso en imperecedero mármol, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro, y le dirá, no sin cierta envidia, cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo los brazos:
Virginia Woolf.  ¿Cómo hay que leer un libro? - «Oye, estos no necesitan recompensa. Aquí nada podemos darles. Son amantes de la lectura».

Virginia Woolf.
¿Cómo hay que leer un libro?

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Bibliografía:
The Bloomsbury Group.
Página 12; un poco de bunga bunga.
Pompa y Circunstancia (min 2:00)
Dreadnought hoax
How a bearded Virginia Woolf and her band of 'jolly savages' hoaxed the navy.

martes, 21 de enero de 2014

Cuando divulgar se vuelve dos veces vulgar

El problema de la divulgación es que el amiguismo, el egocentrismo, el seguidismo, la falta de criterio, la soberbia intelectual y el desprecio a la crítica se vuelven norma y adulteran, con conductas espurias, el objetivo principal: la difusión y promoción de la Cultura, en su sentido más amplio.

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No me extenderé en enumerar los numeros proyectos digitales de corte divulgativo (cultural, científico…) que me parecen dos veces vulgares, por dos razones:
  • una, porque esta modesta bitácora que lees puede ser perfectamente englobabada como uno de ellos;
  • y dos, porque algunos de esos proyectos pertenecen a afamados y exitosos di-vulgadores con los que, a estas alturas, no pretendo enemistarme, más allá de las divergencias que ya hayamos podido tener en su momento.

Tampoco, por tanto, glosaré aquellos que sí me parecen dignos, también algunos propiedad de notables, para que no parezca aquello de Lope de Vega de "qué tengo yo, que mi amistad procuras".

Lo cierto es que la divulgación, sobre todo científica, está quedando en manos de demasiados santurrones cuya misión se vuelve cada día más en endogámica, autopromocional, en permanente mendicidad digital, cuando no presa de conductas rayanas en el spam.

Es cierto que el campo está abonado para que este tipo de conductas triunfen, también por dos razones:
  • una, los recortes en ciencia y en cultura que llevamos años padeciendo, con las consecuencias que podemos comprobar en forma de fuga de cerebros y penuria presupuestaria para proyectos de investigación. Así, las soflamas (#3) tienen muchas más posibilidades de encontrar audiencia;
  • y dos, porque la divulgación ha hecho suyas gran parte de las conductas más censurables de los medios de comunicación tradicionales: sensacionalismo, levedad de contenidos, conductas plagiarias y falta absoluta de autocrítica o de respeto a la divergencia.

Si a esto le añadimos que muchos de estos proyectos se han rodeado de legiones de seguidores cautivos, completamente faltos de criterio, que jalean, aplauden y defienden ante quien sea cualquer cosa que lleve determinada firma o sello, el resultado es que la divulgación se está volviendo dos veces vulgar.

Vulgar en sus acepciones de "contraposición a especial o técnico", "que es impropio de personas cultas o educadas" o "que no tiene especialidad particular en su línea".

Cierto es que divulgar significa, literalmente, "publicar, extender, poner al alcance del público algo", y que divulgación es la acción y efecto de divulgar. Y en este sentido, todos aquellos proyectos que pretendan -y consigan- este objetivo, siempre serán bienvenidos.

Y lo serán porque así conseguiremos mejorar el nivel cultural general a través de medios alternativos a los ya existentes y que tan magros resultados vienen consiguiendo.

El problema viene cuando el amiguismo, el egocentrismo, el seguidismo, la soberbia intelectual y el desprecio a la crítica se vuelven norma y adulteran, con conductas espurias, el objetivo principal: la difusión y promoción de la Cultura, en su sentido más amplio.

La verdadera divulgación no se engríe ni envanece. Y cuando lo hace deja de ser divulgación para ser simple y llanamente vulgarización, con el matiz peyorativo de la acepción de "vulgar".

Pero, a día de hoy, esto está lejos de suceder, porque la divulgación no es ciencia y, visto lo visto, no predica ni practica la misma filosofía.
"Dice el pueblo que para todo se necesita entendimiento, hasta para barrer; y nosotros decimos que para todo se necesita justicia, pero sobre todo para la crítica, so pena que ésta produzca el efecto contrario al que se propone el que la ejerce".
Fernán Caballero. Vulgaridad y Nobleza.

Asumiré la crítica de quien crea que esta reflexión me retrata o simplemente es producto de la envidia, o de algo peor.

Realmente surge de comprobar cómo muchos proyectos de éxito han perdido el norte y/o sucumbido bajo el peso del ego de sus gestores y cómo otros muchos han desaparecido por el hastío de sus promotores, fatigados ante el panorama de la actividad en la que pretendían desenvolverse.

Cada vez son más lo que hablan sin saber y también cada vez más los que, sabiendo, callan.

Y cada vez más los fans de medianías y menos las cabezas amuebladas con criterio.

lunes, 20 de enero de 2014

Arco Iris circular

A veces hay que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.

El arco iris circular, simplemente apareció.

Arco Iris circular
Pincha para verla en grande


La foto fue tomada el 19 de enero de 2014 desde el área de Servicios de Petrosos de la estación de esquí de Aramón Panticosa.
Sobre el Mediodía, orientación sur sureste, más o menos.

La telesilla que se ve a la izquierda es la que comunica con el Valle de Sabocos.
La cámara es la de un Samsung Galaxy Express, sin efectos ni retoques.

Cómo decirle a un niño que los Reyes Magos son los padres

¿Tu hijo ya tiene cierta edad como para seguir creyendo en los Reyes Magos? ¿Crees que lo sabe pero no se atreve a preguntar? ¿O no sabes cómo explicarle que los Reyes Magos son los padres?

Aquí tienes una buena propuesta:

Los Reyes Magos no existen. Son los padres


"Los Reyes Magos no existen, somos Papá y Mamá (y los abuelos, los titos…)
Esta es la prueba irrefutable de que leer te hará libre".


Y esto me da pie para contaros una edificante anécdota sobre la reacción de un niño al enterarse que los Reyes Magos son los padres:

Una niña de unos 9 años vuelve a casa del cole, donde ha oído aquello de que "los Reyes Magos son tus padres".

Incrédula, pero valiente, pregunta directamente a su padre:
- Papá: ¿es verdad que vosotros sois los Reyes Magos?

- Sí, hija mía; es verdad.
Su cara se ilumina al recibir la confirmación a sus sospechas: "MIS padres son LOS Reyes Magos…"

Bendita ingenuidad.


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La imagen se la tomo prestada a Vailima.

viernes, 17 de enero de 2014

Contra el ignorante que compraba muchos libros

"Y tú, en efecto, tienes siempre un libro en la mano y lo estás leyendo continuamente, pero no entiendes nada de lo que lees, sino que escuchas moviendo las orejas como un asno cuando oye la lira.

¿Qué provecho sacas al comprarlos, a no ser que creas que hasta las estanterías de libros se hacen cultas por contener tantos escritos de los antepasados?"

Sátira del pedante que presume de amontonar libros que no lee.

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Contra el ignorante que compraba muchos libros

Luciano de Samosata (Samosata, Siria, 125-181)

Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso en una prueba de tu ignorancia en cierto modo.

Sobre todo que no compras los más bellos, sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoreo bien dispuesto para sus vendedores.

(…)

Con todo, aunque eres muy falto de pudor y osado en esta materia, no te atreverías a decir que recibiste educación o que te preocupó siempre estar en contacto con los libros o que tu maestro fue fulano o que ibas a la escuela de mengano. Pero ahora tienes la esperanza de recorrer todas esas etapas con este único objetivo, el adquirir muchos libros.

(…)

Y ¿qué conseguirías de todo esto en materia de educación, aunque durmieras con ellos colocándolos bajo la almohada o pegando unos a otros y revestidos con ellos fueses por todas partes?

Un mono es un mono, dice el refrán, aunque tenga insignias de oro. Y tú, en efecto, tienes siempre un libro en la mano y lo estás leyendo continuamente, pero no entiendes nada de lo que lees, sino que escuchas moviendo las orejas como un asno cuando oye la lira.

Porque si el adquirir libros hiciera culto al que los tiene, la posesión de ellos sería, en verdad, muy costosa y exclusiva de vosotros, los ricos, ya que sería posible comprarlos en el mercado, aventajándonos a nosotros, los pobres.

Y ¿quién podría rivalizar acerca del nivel cultural con mercaderes y libreros, que tienen y venden tantos libros? Pero, si quieres comprobar esta opinión, verás que aquéllos, en nivel cultural, no son mucho mejores que tú, sino que son toscos en el hablar como tú y torpes en el pensamiento, como es natural que sean quienes no tienen discernimiento de lo bello y de lo feo. Y tú tienes dos o tres libros que les has comprado, mientras que ellos los manejan noche y día.

¿Qué provecho sacas al comprarlos, a no ser que creas que hasta las estanterías de libros se hacen cultas por contener tantos escritos de los antepasados?

(…)

Aunque me estoy haciendo la pregunta a mí mismo continuamente, hasta el día de hoy aún no he podido averiguar por qué te afanas con tan gran empeño en la compra de libros.

Pues nadie que te conozca un poquito podría creer que saques provecho o utilidad de ellos; no más que un calvo si comprara peines o un ciego un espejo, o un sordo a una flautista, o un eunuco a una concubina, o uno de tierra adentro un remo, o un timonel un arado.

Pero ¿no será el asunto para ti una cuestión de ostentación de riqueza, y quieres mostrar abiertamente a todos que gastas incluso en cosas que no te son útiles en nada debido a tu gran sobreabundancia?

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Estos son solo una fragmentos escogidos. Si queréis leer el texto completo lo encontraréis en la Revista Trama y Texturas, número 2.

No se me confundan. Reproduciendo este texto no pretendemos censurar la compra de libros, sino parodiar a aquellos que los compran para presumir o como objeto ornamental.

Y, de paso, en un apunte autoparódico.


Y si les interesa saber algo más sobre, el autor, Luciano de Samosata, les #RecomiendoLeer  
"El sorprendente viaje a la luna de Luciano de Samosata en el siglo II d.C":
La primera piedra en la edificación del género de la ciencia ficción la puso el controvertido Luciano de Samosata (125-181 d.C) –uno de los más célebres humoristas de la Antigüedad–a través de Relatos Verídicos. ¿Qué tenía de especial aquel conjunto de narraciones cargadas de fantasía y delirio? ¿Qué motivos lo llevaron a escribir dicha novela? ¿Y por qué la crítica va a reconocer al autor greco-sirio como el abuelo de la ciencia ficción?

jueves, 16 de enero de 2014

El único papel que entra en las Bibliotecas es el higiénico

La política de recortes que sufren las Bibliotecas está provocando, no solo la pérdida de usuarios y de puestos de trabajo sino también una enorme desactualización en los títulos accesibles a los lectores, debido a la falta de presupuesto para la adquisición de novedades.

Los fondos no se renuevan ni se actualizan.

Cualquier usuario habitual de bibliotecas públicas está pudiendo constatar que las nuevas incorporaciones de títulos han disminuido de forma alarmante, cuando no desaparecido completamente, quedando a veces únicamente a la voluntad de donaciones de usuarios.

Y estas donaciones, lógicamente, no son novedades, sino esos libros que no caben en casa o que directamente no nos gustan.

Así que, el "único" papel que entra ahora en las bibliotecas, y que sí se renueva habitualmente, es este:


Papel higiénico en la puerta de una Biblioteca

Diríase que las Bibliotecas se han convertido en servicios públicos; servicio en la acepción de retrete.


Las Bibliotecas no son un gasto; son una inversión.

Las Bibliotecas no son un gasto; son una inversión

Pero de esto ya no se habla.

Los recortes en ciencia se llevan todas las portadas, pero la cultura no le interesa a (casi) nadie.

La suerte de la ciencia la cultura la desea.

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La foto ha sido tomada esta misma mañana, a las puertas de la Bilioteca de Aragón.

martes, 14 de enero de 2014

El bipartidismo (según Pérez Galdós, hace más de 100 años)

"Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto".

"Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente".

Pues ya han pasado más de 100 años; y la cosa no ha mejorado.

Veamos lo que escribía Benito Pérez Galdós en 1912.

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"Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto.

Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta.

Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte.

No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...

Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (...)

No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (...)

La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.

Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente".

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Benito Pérez Galdós. "La fe nacional y otros escritos" (1912). Editado por Rey Lear editores.

El texto pertenece al Episodio Nacional "Cánovas".

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Vía Facebook.

lunes, 13 de enero de 2014

Algún día subiré al monte Everest

La historia de la conquista de las primeras cuatro montañas de más de 8000 metros es una mezcla de orgullo nacional y épica pero no está exenta de cierta casualidad y polémica.

"Algún día subiré al monte Everest". Eso les dijo a sus amigos un mozalbete, espigado y un poco desgarbado, mucho tiempo antes de que, a las 11:30 del mediodía del 29 de mayo de 1953, a la edad de 36 años, hiciera realidad su promesa.

La conquista de las montañas de más de 8000 metros se había convertido en un problema alpinístico ya en los años 20 del siglo pasado. Los repetidos intentos británicos en el Everest, que finalizaron con la muerte de Irvine y Mallory en junio de 1924, dan idea de hasta qué punto todavía existía un espíritu aventurero y conquistador, heredero de las expediciones polares y africanas de finales del XIX y principios del XX.

"Porque está ahí", fue la contestación de Mallory cuando le preguntaron por qué quería subir a la montaña más alta de la tierra.

Llegó la crisis de los años 30 y la II Guerra Mundial y los recursos nacionales, materiales y humanos, se destinaron a otros fines. Pero con el fin de la contienda se retomaron los esfuerzos por recuperar el prestigio perdido y la necesidad de añadir gestas épicas a los deprimidos pueblos europeos.

Y así comenzó la carrera por la conquista de las montañas de más de 8000 metros.


Annapurna, el primer ochomil, por casualidad 


Maurice Herzog en la cima del Annapurna el 3 de junio de 1950
Louis Lechanal en la cima del Annapurna
el 3 de junio de 1950, fotografiado por Maurice Herzog
El primer 8000 en ser conquistado fue el Annapurna, el 3 de junio de 1950, a manos de una expedición francesa: los elegidos, Maurice Herzog y Louis Lachenal.
Aunque los 8000 metros ya habían sido superados anteriormente, esta era la primera vez que se coronoba una cima de esta altitud.
- Si yo me retiro… ¿tú qué harás? ¿Seguir o regresar conmigo?- preguntó Lachenal a Herzog cuando ya habían recorrido la mitad de la última jornada de ascensión.

- Si tú te retiras, yo continuaré- respondió Herzog.

- En tal caso, te sigo.
Acuciados por el mal tiempo, Herzog y Lachenal, tuvieron que recibir ayuda en el descenso por Gaston Rebufat y Lionel Terray, la segunda cordada que debía intentar hacer cumbre, y que renunciaron a su parcela de gloria para ayudar a sus compañeros.

Los cuatro tuvieron que padecer todo tipo de penalidades: congelaciones, aludes, accidentes, ceguera de las nieves, amputaciones sobre la marcha sin anestésicos, evacuacion a hombros de porteadores…

Ese fue el precio que tuvieron que pagar por entrar en la historia.

Ese año 1950 los franceses habían obtenido el permiso para entrar en el Nepal, y pudieron elegir cualquiera de sus montañas.

Maurice Herzog y sus congelaciones
Maurice Herzog en sus últimos años.
Son perfectamente visibles los efectos
de las congelaciones en sus manos.
Los motivos por los que se decantaron por el Annapurna los cuenta el propio Maurice Herzog, pero la decisión se debió fundamentalmente a la mala cartografía existente entonces de la zona y al temor que infundían otras cimas a ojos de alpinistas acostumbrados a montañas de la mitad de altura y menores dimensiones.
La exploración inicial que realizaron en el Daulaguiri les hizo cambiar de planes.

Si pudieron elegir… ¿por qué no decantarse por la más alta de todas ellas?
Decidieron ignorar el Everest como muestra de respeto a los esfuerzos y pérdidas humanas de los británicos en décadas anteriores.

Una vez conquistado el primer 8000, otras grandes cumbres se convirtieron en cuestión de estado para las potencias alpinísticas, que ya poseían cierta fijación con determinadas cumbres desde antes de la II Guerra Mundial: el Everest para la Gran Bretaña, el Nanga Parbat para Alemania o el K-2 para Italia.

Y estas fueron las tres siguientes en "caer".



Everest, o el honor británico

Tenzing Norgay en la cima del Everest
Tenzing Norgay en la cima del Everest

El Everest fue la segunda cumbre de más de 8000 metros en ser escalada.

Como no podía ser de otra manera, fue una expedición británica en 1953, comandada por John Hunt, la que lo logró.

Se adelantaron a los Suizos, que ese mismo año pagaron su inexperiencia en grandes alturas y no supieron aclimatarse adecuadamente.
Finalmente, estos pudieron resarcirse en 1956, cuando colocaron a cuatro alpinistas en la cima, en lo que fue la segunda ascención al Everest.

Y, además, fue una expedición Suiza la primera en coronar el Lothse, el 4º ochomil en altura y 9º en ser conquistado: fue ese mismo año 1956, de la mano de Fritz Luchsinger y Ernst Reiss; y fue otro suizo, Ernst Forrer, uno de los integrantes de la primera ascensión al Dhaulagiri, junto a otro de los protagonistas de este apunte, y del que hablaremos más adelante, Kurt Diemberger.

El consejo del jefe de expedición John Hunt (seguramente aprendido de la experiencia británica acumulada durante los años 20) de "despacio, despacio", y su meticulosidad castrense en la planificación, fueron decisivos para conseguir el objetivo.

Plan de ataque a la cumbre del Everest trazado por John Hunt.
En rojo, el trabajo de Hillary. Foto National Geographic.
Pincha para verla en grande

Hillary y Tenzing pasaron a la historia por ser los primeros en llegar a la cumbre; fue Tenzing el que fue abriendo huella, en su condición de sherpa, y cuenta la leyenda que al llegar a la cima, Hillary le dejó pasar en primer lugar como reconocimiento a su esfuerzo.

Y es Tenzing Norgay el que posa en la histórica foto de la cumbre, piolet en mano, con las banderas británica y nepalí.

Bourdillon comtempla la arista final del Everest, antes de retirarse
Bourdillon comtempla la arista final
del Everest, antes de retirarse
Lo que poca gente sabe que no eran ellos los "elegidos". Tres días antes, Charles Evans y Thomas Bourdillon fueron los gigantes a cuyos hombros se subieron Tenzing y Hillary.

Ellos habían sido los inicialmente llamados a culminar la gesta con éxito, pero tuvieron que retirarse cuando sólo les separaba de la cumbre una arista de 400 metros de distancia y 90 metros de desnivel.

Su prudente retirada, provocada por la fatiga y deficiente funcionamiento de los equipos de oxígeno, seguramente les salvó la vida y, de paso, abrió la puerta de la gloria para Hillary y Tenzing.

Hoy en día el Everest se ha convertido en una especie de parque de atracciones por la cantidad de expediciones comerciales que cada año ocupan sus laderas.

Y ello, a pesar del desastre del 10 de mayo de 1996, en el que murieron 8 personas como consecuencia de la masificación.

Reinhold Messner en la cima del Everest junto al trípode chino
Messner en solitario en la cima
del Everest junto al trípode chino
Pero si hablamos del Everest no podemos dejar de mencionar a Reinhold Messner: él fue el primero en ascender los 14 ochomiles y también fue el primero en subir el Everest sin oxígeno (junto a Peter Habeler) y el primero en subirlo en solitario y sin oxígeno.

La foto que se tomó a sí mismo junto al trípode chino que hay en la cumbre del Everest es una especie de icono del "verdadero" alpinismo y de los valores que encarna.

De Messner se cuenta en la zona del Tirol italiano (región del Alto Adige o Sud Tirol), zona en la que nació, que de adolescente ascendía a las cumbres de los Dolomitas y allí esperaba a ver la puesta de sol mientras pensaba en lo hermosos que eran aquellos atardeceres y se preguntaba cuántos habría como él en otras cumbres disfrutando del mismo espectáculo.

Su primera ascensión a un ochomil fue al Nanga Parbat, en 1970, junto a su hermano Günter, que falleció en el descenso.

Las circunstancias en las que se produjo este suceso y las responsabilidades achacables al propio Reinhold, causaron una enorme polémica en la época.

También se cuenta que Messner prometió a su madre que no volvería al Himalaya cuando hubiera ascendido las 14 cimas de más de ochomil metros. Objetivo que fue el primero en lograr y promesa que cumplió, aunque no abandonó sus actividades alpinísticas ni sus proyectos aventureros.

Hoy en día se dedica a promocionar y gestionar su red de museos de montaña en la zona de los Dolomitas.


Nanga Parbat; los alemanes y sus demonios


Foto del piolet de Herman Buhl en la cima del Nanga Parbat.
Foto del piolet de Herman Buhl
en la cima del Nanga Parbat.
La tercera montaña de más de 8000 metros en ser escalada fue precisamente el Nanga Parbat, el 3 de julio de 1953, por una expedición germano-austriaca.

Los 4.500 m. de desnivel desde el Campo Base hasta la cumbre hacen de esta montaña el ochomil con más desnivel, lo que da idea de las dificultades técnicas que presenta.

El primero en pisar su cima fue Hermann Buhl, uno de los mejores alpinistas de todos los tiempos pero casi desconocido por el público en general. A él se debe la aplicación al Himalaya de los métodos de escalada propios de las expediciones Alpinas, más ligeras, rápidas y sin medios de escalada artificial.

Su ascensión al Nanga Parbat se considera la primera ascensión en solitario a un ochomil, y la primera sin oxígeno, ya que fue el único miembro de la cordada final que llegó a la cima, y sin ayuda de O2 suplementario.

Aunque su gesta no fue solo producto del coraje y la determinación. El uso de la pervitina, un poderoso estimulante usado por los aviadores alemanes en la guerra mundial, también fue de gran ayuda. Quizá estemos también ante la primera prueba de dopaje en el alpinismo moderno.

Como llegó solo a la cumbre y no tenía quien le fotografiara ni a quien fotografiar, como prueba de su gesta, dejó su piolet.
Herman Buhl en la cima del Broad Peak. Foto tomada por Kurt Diemberger.
Herman Buhl en la cima del Broad Peak.
Foto tomada por Kurt Diemberger.
Ni los disparadores automáticos ni los "selfies" se estilaban por aquellos años.

Cuatro años después, el 9 de junio de 1957, también fue el primer escalador en ascender al Broad Peak, el decimosegundo ochomil, junto a Kurt Diemberger.

Esta gesta le convirtió en el primer alpinista en lograr 2 primeras ascensiones a una montaña de más de 8000 metros.

Huellas de Herman Buhl que terminan en la cornisa desprendida. Foto tomada por Kurt Diemberger.
Huellas de Herman Buhl que terminan en la cornisa
desprendida. Foto tomada por Kurt Diemberger.

Foto tomada de El piolet de madera.
Murió pocas semanas después en el intento en "modo alpino" al Chogolisa, cuando cedió bajo sus pies la cornisa por la que descendía junto a su compañero en el Broad Peak.

El propio Diemberger tomó una estremecedora foto en la que se aprecian perfectamente las huellas de ambos alpinistas y cómo las de Buhl terminan al borde de la cornisa que se desprendió, bajo la que se adivina la "polvareda" de nieve que levantó el desprendimiento.

La obsesión de los alemanes con esta montaña tiene su origen en sus intentos de escalada de los años 30, en los que el régimen Nazi hacía todo lo posible por proporcionar a su pueblo grandes y heróicas gestas.

Como por aquellos tiempos al Everest solo podían acceder los británicos por su control sobre el Tíbet y el Nepal, los alemanes eligieron el Nanga Parbat por ser más accesible geográficamente y menos temible que el K2, de cuya dificultad ya se tenían noticias.

Nanga Parbat, la montaña asesina
Nanga Parbat, la montaña asesina. (Foto)
Dos de estos primeros intentos, los de 1934 y 1937, se saldaron, no solo con el fracaso, sino con la aniquilación de toda una generación del alpinistas alemanes: entre germanos y sherpas, murieron 26 escaladores en aquellas dos expediciones.

La tragedia ocurrida en junio de 1937, en la que fallecieron 16 personas (7 alpinistas alemanes y 9 sherpas) todavía ostenta el dudoso récord de ser la mayor tragedia acaecida en un ochomil.

Desde entonces, el Nanga Parbat recibe el nombre de la "montaña asesina".


Kurt Diemberger. Pueden verse los efectos de las congelaciones que sufrió en 1986
Kurt Diemberger. Pueden apreciarse en su mano derecha
los efectos de las congelaciones que sufrió en 1986
Pero permítanme que les hable brevemente de Kurt Diemberger.

No solo fue el primero en alcanzar la cima del Broad Peak con Herman Buhl en 1957 (junto a Marcus Schmuck y Fritz Wintersteller), sino que también fue el primero en ascender al Dhaulagiri, en 1960 (junto a otros 5 alpinistas), convirtiéndose así en el segundo hombre en lograr dos primeras ascensiones a montañas de más de 8000 metros, después de su malogrado compañero de expedición.

Nadie más posee este mérito aunque hay dos alpinistas polacos que tienen en su haber 2 primeras ascensiones a montañas de más de 8000 metros… en invierno.
Uno de ellos, Jerzy Kukuczka, le disputó además a Messner la carrera de los 14 ochomiles.

Pero Diemberger también posee otro título: ser uno de los pocos supevivientes de la tragedia del K-2, acaecida en 1986.

Suya es esta dramática frase: “Hemos realizado nuestro sueño en el K2 y hemos dado todo lo demás a cambio”.


K-2: la montaña de los italianos


Imagen del K-2
La siguiente cima de más de 8000 metros en ser hollada fue el K-2, seguramente la más difícil de todas ellas.

Y fueron los italianos, Achille Compagnoni y Lino Lacedelli el 31 de julio de 1954.

Los italianos ya andaban detrás de esta cumbre del Karakorum desde principios del siglo XX. Las expediciones de 1909 y 1929 abrieron el camino que pudo ser culminado en 1954.

Compagnoni y Lacedelli solo permanecieron media hora en la cumbre pero dejaron grabadas algunas espectaculares imágenes del momento.

Sin embargo, el éxito se vio envuelto en una de las más agrias polémicas del alpinismo.

En la cima del K-2; 31 de julio de 1954
Walter Bonatti, uno de los mejores alpinistas del momento, era el encargado de portear hasta el último campamento parte de las bombonas de oxígeno necesarias para el ataque definitivo. Pero cuando llegó al lugar donde debía estar el campamento, éste no estaba allí.

Bonatti siempre sostuvo que Lacedelli y Compagnoni lo habían cambiado de sitio sin previo aviso (por temor a a verse superados por Bonatti), exponiendole así, junto al porteador Hunza Mahdi, a tener que pasar una noche al raso en la llamada zona de muerte (a más de 8000 metros), abandonados a su suerte y expuestos a temperaturas de -50º C.

Lacedelli y Compagnoni le acusaron a su vez de consumir el oxígeno (lo que supuestamente les privó de este suplemento en los momentos finales de la ascensión), de abandonar a Mahdi y de querer reservarse la cima para él. A su regreso a Italia, Bonatti tuvo que afrontar años de descalificaciones y acusaciones que trató de desmentir reuniendo pruebas que demostrasen su versión.

Foto de la cumbre del K2 en la que se ve a Lacedelli sin hielo en la barba
y a Compagnoni con la máscara puesta.
Esta imagen sirvió para corroborar la versión de Bonatti.
Solo la investigación de Robert Marshall, y la aparición de una foto (en el anuario 'Berge der Welt' de 1955 de la Fundación Suiza para la Investigación Alpina, y que no había vuelto a publicarse) corroboraron la versión de Bonatti.

En ella se ve a Compagnoni en la cumbre con la máscara de oxígeno puesta (de no llevar oxígeno en ella habría muerto por inhalación de CO2) y a Lacedelli sin apenas hielo en la barba (señal de que había llevado la máscara puesta).

El propio Lacedelli terminó admitiendo esta versión.

53 años después, se produjo la rectificación oficial, la versión de Bonatti ratificada y su figura rehabilitada.

Todas las demás cimas de más de 8000 metros fueron coronadas en la siguiente década. La última de fue, curiosamente, El Shisha Pangma, la más baja de todos ellas, ascendida en 1964.

Mención especial merece un país como Polonia, que cuenta en su haber con la mayoría de los primeros acensos en invierno. Aunque esto daría para otro apunte.

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Bibliografía:
Hemeroteca de ABC, 3 de junio de 1953, página 10.
Hemeroteca de La Vanguardia, 3 de junio de 1953, página 23.
Hemeroteca de La Vanguardia, 8 de junio de 1953, página 13.
¿Por qué hay un trípode en la cima del Everest?
• Wikipedias varias para contrastar fechas y datos.
Sir John Hunt; la ascensión al Everest.
Everest. La conquista de la cumbre. Royal Geographical Society, Londres. Planeta 2006.
Nanga Parbat, 1937.
Annapurna, by Herzog.
Lionel Terray: el conquistador de lo inútil.
Werk "Aschenbrenner", el piolet de Hermann Buhl.
Broad Peak: semblanza del decimosegundo ochomil.
Reinhold Messner y su batalla vencida.
K-2; la montaña de las montañas.
Bajo la implacable mirada del K-2.
La conquista del K-2.
• Al filo de lo imposible: el sentimiento de la montaña.
• Revista National Geographic. Everest 50 años después. Mayo 2003.
• Sebastian Álvaro/Javier Ortega; Tierra de Aventura. Temas de hoy. Madrid 1998.
• Jochen Hemmer, Larry A. Johnson, Eric R. Simonson; Los fantasmas del Everest. Plaza & Janes. Barcelona 2000.
Literatura de montaña.

miércoles, 8 de enero de 2014

El mejor menú del día

Uno de los principios fundamentales en el uso del lenguaje es el de economía.

Este principio de economía del lenguaje funciona no solo a nivel filológico, sino que rige, o debe regir, la comunicación. Es decir; concisión, precisión, exactitud, propiedad, rigor… básicamente, decir más con menos.

Ya lo dijo Baltasar Gracián, que nació un día como hoy de 1601, hace 400 años: "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Frase que, seguramente desconocen, tiene una edificante segunda parte: "Y aun lo malo, si poco, no tan malo".

Pues bien; estos días de celebraciones navideñas y de grandes fastos gastronómicos hemos encontrado un ejemplo perfecto de este principio de economía del lenguaje, aplicado magistralmente a la restauración.

Este es el menú del día que era posible degustar en un restaurante de una pequeña villa del pirineo aragonés.

Dos veces bueno por breve; y no tan malo por poco.



No sé si acaso se trate de una demostración del caracter montañés o simplemente de un ejercicio de gestión de materias primas, digno de alguna escuela de negocios.
Decidan ustedes.

No tengo más datos porque solo entramos a tomar un café a media mañana. Y la camarera que nos atendió no parecía muy enterada de los entresijos del local que en ese momento regentaba.

martes, 7 de enero de 2014

Si al público le das mierda, comerá mierda; pero si le das un manjar, comerá un manjar

Actualmente campan a sus anchas lamentables productos y personajes televisivos, periodísticos, históricos y divulgativos de lamentable factura y nulo nivel intelectual.

Tomás de Iriarte ya condenó esas prácticas a mediados del XVIII, en su fábula de "El asno y su amo", que arremete contra los malos escritores que justifican su falta de estilo y calidad en que le dan al lector lo que prefiere leer.

Perfectamente extrapolable a nuestros días.

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Tomás de IriarteTomás de Iriarte es uno de los máximos representantes de la literatura castellana del período de la Ilustración.

Por desgracia esta época es poco conocida en el terreno literario, eclipsada por los brillantes exponentes inmediatamente anterior y posterior, a saber, el Siglo de Oro (siglos, en realidad, desde la publicación por Nebrija de la primera gramática castellana en 1492 hasta la muerte de Calderón de la Barca en 1681), y el romanticismo y realismo del XIX (Bécquer, Larra, Rosalía; Galdós, Clarín, Pardo Bazán…).

Al siglo XVIII pertenecen autores como los Fernández de Moratín (Nicolás y Leandro, padre e hijo respectivamente), José de Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos, Benito Jerónino Feijóo, Diego de Torres Villarroel… autores que a buen seguro habrán tenido que "padecer" los estudiantes de literatura en el bachiller pero que apuesto a que nadie ha vuelto a leer con posterioridad.

A la pluma de Iriarte debemos personajes como el "fachenda", retratado en su comedia Hacer que hacemos; ese tipo que, con apariencia de estar permanentemente ateareado, nunca hace nada. ¿A que les suena?

Pero es más conocido por sus Fábulas Literarias, publicadas en 1782. Iriarte se jactó de ser el primer escritor español en utilizar este género ("esta es la primera colección de fábulas enteramente originales que se ha publicado en castellano"), y eso no gustó nada a su, hasta entonces, amigo Samaniego, el otro gran fabulista español, que había publicado su colección de Fábulas un año antes.

Y, la verdad, tratándose de un autor del siglo XVIII, la vigencia de su obra es indudable, lo que le convierte en un clásico por derecho propio.

Y para muestra, un botón.

Les dejo con su Fábula "El asno y su amo", en la que arremete contra los malos escritores que justifican su falta de estilo y calidad en que le dan al lector lo que prefiere leer.

Y esto es perfectamente extrapolable a nuestros días, en los que campan a sus anchas productos y personajes televisivos, periodísticos, históricos y divulgativos de lamentable factura y nulo nivel intelectual, justificados en que es lo que los espectadores quieren consumir; expresado en román paladino: si el público quiere mierda, demosle mierda.

Pues bien: Iriarte ya condenó esas prácticas a mediados del XVIII.

Ni el público, ni nadie, prefiere comer mierda antes que un manjar; simplemente come mierda porque no le dan, o no puede o no sabe acceder a, otra cosa.
El "mal gusto" del público es conscuencia del mal gusto de los autores, creadores y productores, no al revés. 

Así que #RecomiendoLeer a Iriarte, sobre todo a aquellos que, de una forma o de otra, generan (mos) contenidos con intención de que sean consumidos por un público injustamente tratado con demasidada frecuencia.

Suya (nuestra) es la responsabilidad de hacer crecer el nivel intelectual de nuestros contemporáneos.

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El asno y su amo

«Siempre acostumbra hacer el vulgo necio
de lo bueno y lo malo igual aprecio;
yo le doy lo peor, que es lo que alaba».

De este modo sus yerros disculpaba
un escritor de farsas indecentes;
y un taimado poeta que lo oía
le respondió en los términos siguientes:

«Al humilde jumento
su dueño daba paja, y le decía:
‘Toma, pues que con eso estás contento’.
Díjolo tantas veces, que ya un día
se enfadó el asno, y replicó: ‘Yo tomo
lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,
¿piensas que sólo de la paja gusto?
Dame grano, y verás si me lo como’».

Sepa quien para el público trabaja,
que tal vez a la plebe culpa en vano,
pues si, en dándola paja, come paja,
siempre que le dan grano, come grano.

Moraleja: Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo.

Tomás de Iriarte. Firma







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Tomás de Iriarte. Fábulas literarias. Fábula XXVII

Si sabrá más el discípulo. Grabado de Goya

No me resisto a ilustrar el apunte con este edificante grabado de Goya.
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