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miércoles, 30 de mayo de 2018

James era Jan. Jan Morris: la cronista de la conquista del Everest

"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida". 

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James Morris saluda a Hillary
James Morris saluda a Hillary
después del éxito en el Everest. 30 mayo 1953
El Everest fue escalado por primera vez el 29 de mayo de 1953. Pero, por temor a una filtración de la exclusiva, no podían usar la radio para comunicar el éxito así que el resto del equipo se enteró al día siguiente, cuando, en el descenso, los propios alpinistas de altura lo pudieron decir en persona.

El enviado especial del diaro "The Times", patrocinador de la expedición, era James Morris. Escritor e historiador, acompañó a la British Mount Everest Expedition en calidad de observador, y se encontraba el día 30 de mayo en el campo IV, a unos 6700 m, cuando recibió la noticia del éxito de Hillary y Tenzing del día anterior. Él se encargó de comunicarla al resto del mundo mediante un ingenioso sistema de codificación del mensaje que permitió que se publicara el día 2 de junio, coincidiendo con la coronación de Isabel II.

Reunión de miembros de la Expedición de 1953
Hoy James Morris es Jan Morris, escritora e historiadora, tras someterse a uno de los primeros procesos de cambio de sexo. Morris se había casado en 1949 y tuvo cinco hijos. Pero a mediados de los sesenta decidió afrontar la realidad de que realmente se sentía mujer y comenzó su tratamiento para cambiar de sexo, que culminó en 1972.

Como las leyes inglesas le obligaban a divorciarse de su mujer, Elizabeth, para realizar la operación tuvo que desplazarse en Marruecos. A la vuelta no quedó más remedio que regularizar esa anómala situación porque la legislación británica no permitía los matrimonios de personas del miso sexo.

Jan Morris y su mujer Elizabeth
Jan Morris y su mujer Elizabeth
De todas formas, Elizabeth y Jan siempre permanecieron juntos y en 2008, con el cambio de legislación, se casaron de nuevo en una ceremonia civil.
En 1974 Jan Morris publicó un libro autobiográfico titulado Conundrum en el que narró su experiencia personal de transexualidad. Comienza:
"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida".
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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf. Ilustraciones de Xurxo Vazquez.
Ni tontas ni locas. Portada libro

jueves, 24 de mayo de 2018

Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer

Pese al grueso calibre de los desprecios que han dedicado a las mujeres filósofos e intelectuales de todas las épocas, si algo han demostrado las mujeres a lo largo de la historia es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en este libro.

Ni tontas ni locas
Ni tontas ni locas.
En él encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. Virginia Woolf acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.

Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

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"Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre; y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer". Palabra de Pitágoras.

Y la palabra de Confucio es que “tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido".

Dice San Pablo en su primera Carta a los Corintios, versículos 34 y 35:
34 Como en todas las iglesias de los santos, que las mujeres callen en las asambleas, pues no se les está permitido hablar; más bien, que se sometan, como dice incluso la ley.
35 Pero si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues es indecoroso que las mujeres hablen en la asamblea”.

San Agustín era de la opinión de que “las mujeres no debe ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones”.

Que “la mujer no es más que un hombre imperfecto” es de la cosecha de Averroes, pero ya Aristóteles había dicho lo mismo unos mil quinientos años antes.

De Santo Tomás de Aquino es la sentencia: ”…fue necesario crear a la hembra como compañera del hombre en la única tarea de la procreación, ya que para el resto, el hombre encontrará ayudantes más válidos en otros hombres”.

Y de Martín Lutero son las palabras "aunque se agoten y se mueran de tanto parir, no importa, que se mueran de parir, para eso existen".

Erasmo de Rotterdam explicaba en su Elogio de la locura que "la mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”, cuyo destino en la vida es “sazonar y endulzar” con su estupidez la tristeza del carácter varonil; y “si, por casualidad, alguna mujer quisiere ser tenida por sabia, no conseguiría sino ser doblemente necia”; justifica el proverbio clásico de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” para concluir que “la mujer siempre será mujer, o sea loca, por muchos esfuerzos que realice para ocultarlo”.

Fray Luis de León afirmaba en La perfecta casada que la mujer fue hecha “para un solo oficio simple y doméstico”, y que “la naturaleza les limitó el entender, y por consiguiente, les tasó las palabras y las razones”.

Voltarie el ilustrado, el mismo que sostenía que “No todos los ciudadanos de un Estado pueden ser igual de poderosos, pero deberían ser igual de libres”, en su Diccionario filosófico, sentenciaba que las mujeres "han nacido para agradar y para ser el adorno de las sociedades; y parece que han sido creadas para suavizar las costumbres de los hombres".

Y Balzac era de la opinión de que “por muchas razones, no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto”.

 La lista es larga… tal era la consideración hacia la mujer. Y, como ven, el arsenal utilizado durante siglos ha sido de grueso calibre y el fuego, proveniente de los más diversos frentes. Pero a pesar de todo ha habido a lo largo de la historia muchas mujeres que rompieron el molde y aplicaron, pese a todas las dificultades, la máxima de Virginia Woolf de que “no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”: todas derribaron barreras o marcaron el camino aunque corrieran suerte desigual.

Hablar a tontas y a locas es expresión antigua y siempre con doble sentido. Ya el prólogo del Quijote contiene unos versos donde Urganda la Desconocida, la maga protectora del Amadís de Gaula, previene al autor, Cervantes, de que debe andarse con tiento y dejarse de frivolidades porque “el que saca a la luz pape-(les) / para entretener donce-(llas) / escribe a tontas y a lo-(cas)”.

Luis Quiñones Benavente, en su Entremés cantado. El soldado, termina:
De aquestas palabras pocas,
no os agraviéis, damas, no;
que ya se sabe que yo
lo digo a tontas y a locas. 
 Y Juan de Robles, en El culto sevillano, retrata una escena en la que el fraile Juan Farfán se ve comprometido y cómo sale del paso: ·Convidáronle ciertas monjas para predicarles un sermón grave, dándole poco lugar de estudiar. Subióse al púlpito y escusóse de ello y remató la escusa diciendo: "Pero, al fin, hoy predicaremos a tontas y a locas, como pudiéramos".

Se ve que nuestro flamante premio Nobel Jacinto Benavente se inspiró en este último pasaje para declinar la invitación que le cursó el Lyceum Club Femenino, auténtico foro de la intelectualidad española de nuestra Edad de Plata, para que impartiese una conferencia. Premura y desdén inspiraron un “No tengo tiempo; no puedo dar una conferencia a tontas y a locas”.

Pero si algo han demostrado las mujeres de todas las épocas es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en estas páginas. En ellas encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. De nuevo es Virginia Woolf la que acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.













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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.
Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

• Entrevista en RNE en el programa Gente despierta, con Carles Mesa
• Entrevista en Aragon Radio en el programa #Escuchate. (min 36:30)

viernes, 16 de febrero de 2018

La escritora que recibió 25 nominaciones al Nobel de Literatura … y no lo ganó: Concha Espina

Hay una avenida en Madrid, que nace en el Paseo de la Castellana a mano derecha según se va hacia el norte, en cuyo nº 1 se sitúa una de las construcciones más populares de la ciudad que, además, alberga uno de los museos más visitados de España. Esa calle rinde homenaje a una mujer versátil y prolífica: novelista, periodista, poeta, dramaturga, cuentista… que perteneció a la Generación del 98 pero cuyo nombre no suele aparecer en los listados. Recibió 25 nominaciones al Premio Nobel de Literatura pero no lo llegó a ganar. Hablamos de Concha Espina.

Concha Espina
Concha Espina
La primera nominación llegó en 1926 y fue Jacinto Benavente, entre otros, el promotor. Las nominaciones se sucedieron año tras año hasta 1932. A partir de ese momento, ora fatigados por tanto infructuoso intento, ora por la llegada de la II República Española, se suspenden las candidaturas y hubo que esperar veinte años para que volvieran a producirse en 1952 y 1954, quizá cuando el final de la escritora se veía ya próximo y había que hacer un último esfuerzo. En tres de esos intentos doña Concha partía como favorita, a tenor de la cantidad y calidad de los impulsores de su candidatura, pero pesaron más los perfiles de Grazia Deledda (1926), Erik Axel Karlfeldt (1931) y François Mauriac (1952).

María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle nació en Santander y su vocación por escribir comenzó a temprana edad. Estas ínfulas literarias no fueron muy bien entendidas por su marido, del que terminó por separarse. Concha Espina cultivó prácticamente todos los géneros, desde las colaboraciones periodisticas al teatro, pasando por la poesía, el relato, el cuento y la novela. Era una mujer cultivada, particupó activamente de la vida cultural española de las primeras décadas del s XX y gozó de un enorme éxito y reconocimiento durante toda su vida. Recibió numerosos premios, como el Nacional de Literatura en dos ocasiones, y también fue candidata a la Real Academia de la Lengua a petición de José María de Cossío, aunque en este caso sufrió el mismo destino que la Pardo Bazán: el rechazo. Y es que una cosa era tener éxito o incluso comulgar con el régimen y otra muy distinta ocupar un puesto relevante.

Como a la mayoría de los intelectuales de la época no le resultó fácil no manifestarse públicamente antes los acontecimientos sociales y vaivenes políticos del momento. Como mujer conservadora y tracional que era apoyó la dictadura de Primo de Rivera, pero también dio la bienvenida a la II República y a las reformas legislativas que trajo consigo, una de las cuales le permitió divorciarse legalmente de un marido del que ya estaba separada de hecho desde hacía años. Le animó a hacerlo y le ayudó con los trámites las mismísima Clara Campoamor, principal impulsora del sufragio femenino en España y en las antípodas ideológicas de la Espina.

Concha Espina. La niña de Luzmela
Concha Espina; La niña de Luzmela
Mantuvo durante años una tertulia semanal en la que llegaron a participar autores tan relevantes como Ortega y Gassert, Antonio Machado, Gerardo Diego o García Lorca. A pesar de perder la vista en 1940 su obra siguió siendo abundante y su trabajo, fecundo. En 1948, su localidad natal cántabra, Mazcuerra, pasa a denominarse también Luzmela, como tributo al nombre que Concha Espina le dio en su primera novela, La niña de Luzmela, publicada en 1909, y varias de sus obras fueron adaptadas al cine.

La Guerra Civil le sorprende en su Mazcuerra natal y allí se mantuvo a salvo hasta que el bando golpista conquistó la zona. Esa experiencia le nutre de temas para varias obras. A partir de ese momento continúa su vida y obra en Madrid, en comunción con el nuevo régimen. En 1950 recibió la Medalla al Mérito al Trabajo de manos de José María Girón de Velasco, a la sazón ministro de trabajo y que fue uno de los principales valuartes del régimen franquista incluso después de muerto el dictador.

Es difícil juzgar a Concha Espina solo desde su vertiente literaria o solo desde su vinculación falangista. En muchos casos, la una no se explica sin la otra, pese a que fue pionera en el modo de afrontar la problemática femenina desde la literatura, reivindicando un progreso que consideraba imprescindible, tratado desde las historias individuales de sus mujeres protagonistas. Pero como suele suceder, su figura ha sufrido la apropiación de parte de unos y el desprecio o ninguneo por parte de otros.

La Fundación Nacional Francisco Franco dice de ella:
"Fue una mujer peculiar que nunca quiso seguir los dictados de una sociedad que le quedaba pequeña. Por eso se hizo falangista. Y por eso decía que admiraba a Franco. Sus fuertes convicciones católicas le hicieron condenar el feminismo y afiliarse a la Sección Femenina de Falange, desde donde luchó por la verdadera mujer".
Estadio Santiago Bernabéu. Madrid.
Deliberadamente se oculta, en nuestros días, su condición de falangista y su admiración por la obra del Caudillo Francisco Franco, y se obvian sus novelas sobre la Cruzada. Quizás por eso, la ignorancia de nuestros políticos, cada día mayor y más sangrante, hace, felizmente en este caso, que perdure una calle, al lado del Estadio Santiago Bernabéu, y una estación de metro en la Línea 9 de Madrid con su nombre"
En fin; que cuando vuelvan a pasar junto al estadio Santiago Bernebéu del Real Madrid de fútbol, recuerden que la calle en la que está situado está dedicada a Concha Espina.

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Para saber más:
Cocha Espina en Nobelpieze.org
Concha Espina en la Real Academia de la Historia.
Concha Espina, una mujer ejemplar en Fundación Nacional Francisco Franco.
Concha Espina y el Cara al sol.

viernes, 19 de mayo de 2017

El primer detective de la literatura

Edgar Allan Poe cambió la historia de la literatura al escribir el relato Los asesinatos de la Rue Morgue, y da vida en él al caballero Auguste Dupin, reconocido unánimemente como el primer detective de la literatura, y que sienta el precedente de todos los que le siguieron después.

Aunque heredero de toda una tradición literaria anterior, Dupin es el primero que utiliza técnicas de investigación modernas, científicas y basadas en la deducción racional, lejos de los obsoletos métodos preexistentes, que carecían de todo rigor analítico.

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Desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, pasando por las literaturas de prácticamente todas las culturas, son numerosos los sucesos que fueron merecedores de investigación por parte de alguna mente audaz.

Edgar "a poet" Allan PoeY muchos son los detectives e investigadores que han nacido en las páginas de obras literarias del más variado pelaje: desde reyes griegos a miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, pasando por héroes épicos, príncipes orientales, detectives profesionales, investigadores aficionados, viejecitas venerables, monjes y sacerdotes, periodistas, escritores…

El género policiaco cobra carta de naturaleza en el siglo XIX, aunque son numerosos los antecedentes que pueden considerarse de una forma u otra como relatos o pasajes detectivescos. Y el cine y la televisión han contribuido de forma notable a mitificar a sus protagonistas.


• Pero ¿qué se entiende por novela policiaca o relato detectivesco?

Este género presenta algunas características comunes a todas las obras y autores que a él pertenecen: alguien que investiga un suceso, normalmente luctuoso y/o cruento; acontecimientos que suponen una grave infracción de la “legalidad” vigente; ambientes sociales convulsos y cierto nivel de conciencia crítica respecto a la realidad en la que tienen lugar los acontecimientos. Y, por supuesto, algunas oportunas casualidades y confesiones inesperadas.

Pero no pretendemos hacer un estudio canónico del tema, sino trazar una breve semblanza de los antecedentes, origen e influencia en la literatura del, acaso, género de mayor éxito en la actualidad.


• Antecedentes

Siglo V a.C. Sófocles. En su tragedia Edipo rey, el protagonista descubre la terrible verdad sobre sus orígenes y desvela el misterio de un asesinato y de un caso de incesto. Los métodos que utiliza para resolver el caso no se pueden calificar de científicos pero no cabe duda de que estamos ante un claro ejemplo de investigación detectivesca, aunque los resultados no fueran los que el protagonista esperaba.

Siglo I a.C. La Eneida. En el libro VIII de esta obra de Virgilio, el “terrible medio humano” Caco protagoniza un ingenioso robo, resuelto en buena lid por la pericia del héroe de turno. Este ladrón mitológico es el que da origen a la expresión “la Cueva de Caco”, por ser allí donde escondió lo robado, y al término “caco” como sinónimo de ladrón que roba con destreza: condujo a su cueva a las cuatro parejas de bueyes que había robado arrastrándolos de espaldas por el rabo, para que no dejaran huellas nuevas que condujeran a su escondite.

Cuento "Las tres manzanas" de Las mil y una nochesEdad Media. En las decimoctava y decimonovena noches de Las mil y una noches, Scheherezade relata un suceso misterioso y cómo se resolvió. Se trata del cuento Las Tres Manzanas, que desvela en pocos días el crimen de una joven que aparece “muerta y despedazada” dentro de un cofre sacado del río por un pescador. De nuevo, encontramos todos los ingredientes de una investigación con intrigas, mentiras y verdades ocultas.

El cuento tradicional persa Los tres príncipes de Serendip, narra, en el siglo XII, cómo los tres hijos del Rey de Serendip (la isla de Ceilán, actual Sri Lanka) son enviados por su padre a conocer otras tierras y otras culturas, y cómo, gracias a su ingenio, van descubriendo cosas que no buscaban, hasta desvelar, no sin pasar por diversos contratiempos, el misterio del robo de un camello en Persia.
Este relato es el origen del término Serendipia, que se aplica para referirse a un descubrimiento o hallazgo afortunado o inesperado, que se produce como consecuencia de la sagacidad, cuando se está buscando una cosa distinta.

Siglo XVIII. Un tal François Marie Arouet, más conocido por su pseudónimo como uno de los padres de la Ilustración, Voltaire, escribe una obra titulada Zadig o el destino. Este personaje, que lo único que persigue es la felicidad, se ve envuelto en mil y una peripecias y tiene que desentrañar numerosos entuertos para poder conseguir su objetivo.

Eugène-François_Vidocq
Eugène-François_Vidocq
Y llegamos al siglo XIX y a un personaje real, fundamental para el devenir del género literario que nacería inspirado en él. Se trata de Eugène-François Vidocq, individuo de pasado delictivo, reconvertido en investigador privado y finalmente fundador y primer director nada menos que de la Sûreté Nationale, la Policía Nacional de Francia. La peripecia vital de Vidocq sirvió de inspiración a Víctor Hugo para trazar el perfil de Javert y Jean Valjean, principales protagonistas de Los Miserables.

Pero, sobre todo, Eugène-François Vidocq fue el modelo en que se basó Edgar Allan Poe para crear a Auguste Dupin, el primer detective de la literatura mundial.


• Edgar Allan Poe y el Chevallier Auguste Dupin

Facsimil del Manuscrito de  "Los asesinatos de la Rue Morgue" de Allan Poe
Facsimil del Manuscrito de
"Los asesinatos de la Rue Morgue" de Allan Poe
1841. Estados Unidos. Allan Poe, Edgar “a poet”, como él prefería que le llamaran, le da una nueva vuelta de tuerca a la historia de la literatura. Escribe el relato Los asesinatos de la Rue Morgue, y da vida en él al caballero Auguste Dupin, reconocido unánimemente como el primer detective de la literatura, y que sienta el precedente de todos los que le siguieron después. Dupin es el primero que utiliza técnicas de investigación modernas, científicas y basadas en la deducción racional, lejos de los obsoletos métodos preexistentes, que carecían de todo rigor analítico.

Por desgracia, Dupin no apareció más que en tres relatos: el mencionado Los asesinatos de la Rue Morgue y sus secuelas, El misterio de Marie Rogêt y La carta Robada.

Poe murió joven y sin ser consciente de haber inventado un género literario. Las andanzas de Dupin son anteriores, incluso, al uso del término detective. Ese mérito corresponde a Charles Dickens, que fue el primer escritor en utilizar esa palabra en sus novelas.

Poe describió a su protagonista como un hombre de gran talento, inteligencia y sagacidad, así como poseedor de una gran intuición; de carácter esquivo, es capaz de adentrarse en la mente del criminal y de adivinar los pensamientos de los demás siguiendo una lógica deductiva. Sus dotes de observación le hacen reparar en aspectos que han pasado desapercibidos: detalles insignificantes, el lenguaje corporal, datos relevantes escondidos en un rutinario informe o la contradicción oculta en una distraída palabra pronunciada a destiempo.

¿A que les resulta familiar?


• Herederos 

Después de Auguste Dupin, innumerables personajes han visto la luz tomando como modelo las características establecidas por Poe para su detective.

Sherlock Holmes
El primero y más importante, Sherlock Holmes. El propio Conan Doyle reconoció esta deuda cuando el Dr. Watson compara a Holmes con Dupin en Estudio en escarlata, primera aparición de la famosa pareja. ¿Cómo creen que responde Holmes a este aparente piropo?: “no hay duda de que crees que estás halagándome... En mi opinión, Dupin era un tipo bastante inferior”. Una respuesta “muy Holmes”.

No obstante, fue Conan Doyle el que escribió: “¿Dónde estaba la historia de detectives hasta que Poe le insufló vida? Auguste Dupin en el primer detective de la historia”.

También Sergei Eisenstein, el director una de las mejores película de la historia, El acorazado Potemkin, afirmó: "Las primeras fórmulas clásicas de la novela policiaca son de Edgar Allan Poe. Todas las demás cosas de este género parten de Poe".

En las décadas posteriores y hasta nuestros días, más de siglo y medio después, el elenco de detectives e investigadores es enorme, sus personalidades y peripecias diversas y sus métodos más o menos refinados. Pero todos ellos tienen como origen común al Dupin de Poe.

La nómina incluye, sin ánimo de profundizar:

Sam Spade, de Dashiell Hammett, interpretado por Humphrey Bogart en la versión de El halcón maltés dirigida por John Huston.

Philip Marlowe, el poeta y bebedor detective privado creado por Raymond Chandler y continuador de la tradición iniciada por Hammet en la novela estadounidense.

H. Bustos Domeq: Borges y Bioy Casares
Isidro Parodi, el perspicaz recluso creado por H. Bustos Domeq, pseudónimo bajo el que se ocultaban los genios de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares.

Hercule Poirot y Miss Marple, de Agatha Christie.

Porfiry Petrovich, personaje de Crimen y castigo de Dostoevsky.

El ínclito James Bond, de Ian Fleming.

Rick Deckard, el detective protagonista del relato Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick, llevada la cine como Blade Runner.

Elijah Baley, el detective de la serie de Robots de Isaac Asimov.

Jules Maigret, el comisario francés de Georges Simenon.

El inspector de policía Dick Tracy, de Chester Gould, que comenzó sus andaduras como tira de prensa.

El Padre Brown, sacerdote católico de gran agudeza. Fue creación de G. K. Chesterton, y está inspirado en un personaje real, de gran influencia en el propio Chesterton.

Hanshichi, astuto inspector creado por Okamoto Kidô, personaje inspirado en Sherlock Homes, cuya arma es únicamente su ingenio.

Guillermo de Baskerville en "El nombre de la Rosa"
Guillermo de Baskerville, el altivo e intrépido monje franciscano protagonista de El nombre de la Rosa de Umberto Eco. Su apellido es un evidente guiño a uno de los casos del personaje en que se inspiró.

Mikael (Kalle) Blomkvist y su compañera Lisbeth Salander, de la Saga Millenium de Stieg Larsson. Su nombre de “Kalle” Blomkvist es también un homenaje al niño-detective que aparece en varias novelas infantiles de Astrid Lindgren.

También la literatura española tiene sus productos propios: El Pepe Carvalho del antes “novísimo” Manuel Vázquez Montalbán; Daniel Ros Martí, periodista y profesor, que aparece en las obras de Jordi Sierra i Fabra; o la creación de Lorenzo Silva: Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro.

Muchos han acabado de una forma u otra en el cine; incluso nacieron allí, como el Inspector Clouseau, de Blake Edwards. Otros le deben la vida a la televisión: ¿recuerdan a Kojac, Colombo, el CSI, Richard Castle, El mentalista, Jessica Fletcher, el Inspector Gadget, Scooby Doo…?

Pero todos son herederos del genio del narrador que quiso ser poeta: Edgar Allan Poe y su Auguste Dupin.

Permítanme terminar com una curiosidad: Violet Strange tiene el honor de ser la primera detective de la historia de la novela policíaca. Apareció en la novela The golden slipper, publicada en 1915, de la norteamericana Anna Katharine Green.

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Para saber más: 
Los detectives más interesantes del cine y los libros.
La evolución del detective en el género policiaco.
Mis detectives favoritos.
Especial detectives, en serienegra.es
Detectives literarios.
Novela policíaca. Guía de recursos bibliográficos.
Poe no inventa el cuento y el delito; al detective tampoco.
Las mil y una noches: Las tres manzanas.
Sófocles: Edipo Rey.
Virgilio: La Eneida.
Voltarie: Zaig o el destino.
Anna Katharine Green: The golden slipper, and other problems for Violet Strange

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?  Esta es la pregunta que se formula David Blay Tapia.
Y cuando explica por qué ha escrito este libro, la justificación es clara.
¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 
¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 
Pues eso.
¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? David Blay Tapia
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Hubo un tiempo, no hace demasiado, en el que estudiar una carrera era sinónimo de tener trabajo. Y, además, esa labor tenía que ver de forma directa con aquello que habías estudiado. Si, por alguna razón, no conseguías un empleo que te gustara o satisficiera, siempre podías optar a otros menos apasionantes pero mejor remunerada.

Antes no era necesaria una altísima cualificación para afrontar según qué tareas. Pero muchas personas presentaban currículos brillantes, por encima de las exigencias del puesto requerido. Y esto no se veía como un problema, sino como una virtud: la de poder contar con un trabajador inteligente
que además de hacer bien su labor podía darte ideas para mejorar tu rendimiento empresarial.

Hoy, sin embargo, TODO ha cambiado. El paro es muy alto prácticamente en todo el mundo. Para trabajar como camarero exigen un buen nivel de idiomas (algo lógico si la mayoría del turismo es extranjero). Y hasta personas con carrera y algún máster no son capaces de encontrar su lugar.
Pero más problemática todavía es la situación de la gente de mediana edad, despedida recientemente y ubicada en un limbo laboral del que es casi imposible salir. Unas empresas no los quieren contratar por estar sobrecualificados. Y otras, por no ser capaces de adaptarse a los ‘nuevos tiempos’.

Aun así, en esos nuevos tiempos (y éste es el objetivo de este libro) no están equivocados los trabajadores. Quienes erran son las empresas. Lo demuestra el número creciente de fracasos en la apertura de ‘nuevos’ negocios que en realidad se basan en los ‘viejos tiempos’. Y en el hecho de
seguir considerando que trabajar más horas es sinónimo de trabajar mejor. Un error fatal para la mayoría de ellas.

Un amigo me pasó un artículo hace muy poco tiempo, cuyo titular era ‘El 75% de las profesiones serán nuevas en los próximos 10 años’. ¿Esto significa que no habrá sitio para los fresadores, los mecánicos, los libreros o los redactores de periódicos en papel? Sí lo habrá. Pero no supondrán, como hasta hace una década, el motor de cualquier economía.
Hoy existen Interim Managers que entran en una empresa con problemas, la reflotan y cuando acaban el trabajo se van a casa. Community Managers que crean conversaciones en redes sociales con clientes de cualquier marca. CEO de start-ups que te hacen la vida más fácil a través de una APP en el móvil. Y una fiebre del emprendimiento basada en un solo razonamiento: busca trabajo de lo que te guste, porque tienes las mismas posibilidades de encontrarlo que si buscas del que no te guste.

Internet y las redes sociales lo han cambiado todo. Pero todavía nos falta el paso definitivo: que nos permitan trabajar desde casa.

¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 

¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 

Pues eso.

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· Blog de David Blay Tapia.
· Sigue David Blay en twitter.
· ¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? 

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas

"Desde la cumbre del Everest no se puede ver todo el mundo.

La vista sólo le recuerda a uno lo grande que es el mundo y las muchas cosas que quedan por ver y aprender".

Tenzing Norgay, a su hijo Jamling.



Por que en 2016 veáis y aprendáis muchas cosas.

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@DesEquiLIBROS

jueves, 17 de diciembre de 2015

El pueblo quiere ser engañado; entonces, engañemoslo

A nosotros, individuos normales... con la ayuda, indudable, de nuestro deseo de que nos engañen, se nos engaña genuina y plenamente («Populus vult decipi, ergo decipiatur»*). Y el uso engañoso de las palabras se combina con el tono engañoso tan taimadamente que sólo los que tienen lesión cerebral permanecen inmunes, desengañados.


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"¿Qué pasaba? Carcajadas estruendosas en el pabellón de afasia, precisamente cuando transmitían el discurso del Presidente. Habían mostrado todos tantos deseos de oír hablar al Presidente..."

Así comienza en capítulo "El discurso del presidente" del libro de Oliver Sacks El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

El relato explica cómo los afectados de la afasia global o receptiva más grave —la que incapacita para entender las palabras en cuanto tales—, reaccionan ante el discurso televisado presidente. Los hay que parecen desconcertados, y otros como ofendidos, uno o dos parecían recelosos, pero la mayoría parecen estar divertiéndose muchísimo.

¿Por qué?

El habla (el habla natural) no consiste sólo en palabras; consiste también en expresión. Los afásicos no entienden en absoluto el sentido de las palabras en cuanto tales. Pero
"el lenguaje hablado suele estar impregnado de «tono», engastado en una expresividad que excede lo verbal... y es esa expresividad, precisamente, esa expresividad tan profunda, tan diversa, tan compleja, tan sutil, lo que se mantiene intacto en la afasia, aunque desaparezca la capacidad de entender las palabras. Intacto... y a menudo más: inexplicablemente potenciado..."
Es decir: aunque el paciente no capte ni una sola palabra, posee otra habilidad en su lugar, inmensamente potenciada: puede captar plenamente el sentido basándose en la expresión del hablante.

Por eso "a un afásico no se le puede mentir. El afásico no es capaz de entender las palabras, y precisamente por eso no se le puede engañar con ellas; ahora bien, él lo que capta lo capta con una precisión infalible, y lo que capta es esa expresión que acompaña a las palabras, esa expresividad involuntaria, espontánea, completa, que nunca se puede deformar o falsear con tanta facilidad como las palabras..."

La capacidad de entender de los afásicos no se basa en las palabras, sino en identificar lo que es auténtico y lo que no a través de las muecas, los histrionismos, los gestos falsos y, sobre todo, las cadencias y tonos falsos de la voz, lo que suena a falsedad para aquellos pacientes sin palabras pero inmensamente perceptivos. Los pacientes afásicos reaccionaban ante esas incorrecciones e incongruencias tan notorias, tan grotescas incluso, porque no los engañaban ni podían engañarlos las palabras.

Por eso se reían tanto del discurso del Presidente.

Pero ¿qué pasaría en el caso de un paciente que carezca totalmente del sentido de la expresión y el «tono», aunque conserve, intacta, la capacidad de entender las palabras? También en el relato de Sacks hay un paciente que padece este trastorno: la agnosia tonal.
En el caso de estos pacientes lo que desaparece es la capacidad de captar las cualidades expresivas de las voces (el tono, el timbre, el sentimiento, todo su carácter) mientras que se entienden perfectamente las palabras (y las construcciones gramaticales).
Este paciente no puede captar ya si hay cólera, alegría o tristeza en una voz. Tampoco le servía fijarse en las caras, las posturas y los movimientos de las personas cuando hablaban porque su trastorno le impide captar esos matices.

Su arma era prestar muchísima atención al sentido preciso de las palabras y de su uso; necesita que sus intelocutores digan las palabras exactas en el orden exacto. Su percepción se basa en el sentido que aportan únicamente la elección y la relación exactas de las palabras.

Para esta paciente, el discurso no es convincente: "No habla buena prosa. Utiliza las palabras de forma incorrecta". Su sentido potenciado del uso formal del lenguaje, de su coherencia como prosa, provocó que el discurso no tuviera eficacia en absoluto.
Ésa era, pues, la paradoja del discurso del Presidente. A nosotros, individuos normales... con la ayuda, indudable, de nuestro deseo de que nos engañaran, se nos engañaba genuina y plenamente («Populus vult decipi, ergo decipiatur»*).
Y el uso engañoso de las palabras se combinaba con el tono engañoso tan taimadamente que sólo los que tenían lesión cerebral permanecían inmunes, desengañados.

El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Oliver Sacks
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Oliver Sacks; El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Editorial Anagrama.
Traducción de José Manuel Álvarez Flórez.

* "Populus vult decipi, ergo decipiatur": El pueblo quiere ser engañado; entonces, engañemoslo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El 99,8% de la literatura es puro pis de gato

"Después de todo, al menos el 99,8 por ciento de la producción literaria de nuestros tiempos -como la de todos los tiempos- es puro pis de gato. Si uno dice esto con franqueza se hace muy impopular y me acusarían de envidia".

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Aldous Huxley
Aldous Huxley podrá no ser santo de vuestra devoción literaria, pero una cosa es cierta: fue un visionario y su descripción de la sociedad moderna y futura está muy lejos de haber quedado obsoleta.

Pero más allá de Un mundo feliz y de su inquietante visión sobre la sociedad, Huxley fue un gran polígrafo; no, no se dedicaba a detectar las mentiras de aquellos a quienes interrogaba (en un ejercicio de anticipación en algunas décadas al Rick Deckard de Philip K. Dick en sus ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? -Blade Runner), sino que cultivó numerosos géneros: escribió novelas, relatos, poesía, libros de viajes, ensayos… y el apellido Huxley ha dado al mundo destacadas personalidades en la biología, medicina, el arte y la ciencia.
Su abuelo fue un célebre biólogo evolutivo y su padre fue un notable editor; su hermano Julian fue uno de los primeros divulgadores científicos y el primer director de la UNESCO; y su hermanastro Andrew Fielding recibió el Nobel de medicina.

Murió el mismo día que JFK; curiosidades de una biografía completa y compleja.

Lo cierto es que fue un escritor de éxito y un personaje popular en los ámbitos culturales y sociales de su tiempo, incluídas sus veleidades con el misticismo y la parapsicología y sus devaneos con sustancias estupefacientes, con las que experimentó en su propio organismo y sobre las que llegó a escribir un par de tratados sobre sus efectos.
Como seguramente sabrán, el propio Huxley había convertido en protagonista de su Un mundo feliz a una sustancia "milagrosa", una especie de bálsamo de Fierabrás moderno, a la que denominó Soma, de sorprendentes y edificantes efectos.

En un momento dado, el diario Daily Express le ofreció la dirección de su sección de crítica literaria.

Permítanme una digresión sobre este diario. Conservador en su línea editorial, fue uno de los pioneros del periodismo moderno tal y como lo entendemos hoy en día: fue, por ejemplo, el primero en publicar crucigramas y uno de los primeros en incorporar en sus páginas "chismes" e información deportiva; su enorme éxito a partir de los años 30 se debió a la incorporación a su estrategia de una agresiva campaña de marketing y a la explotación de esa herramienta tan actual de polemizar con otros diarios de la competencia. Al mismo grupo pertenece el tabloide Daily Star, con lo que de definitorio tiene el término tabloide.

Pero otra de las cosas que el Daily Express hizo bien, de la mano de su editor Lord Beaverbrook (cuya biografía también merecería un repaso), fue la de investigar y mantenerse al día de los intereses y gustos de los lectores. Hoy en día esto es una estrategia bastante habitual, pero entonces (como también ahora, por otra parte) primaban las inclinaciones ideológicas.

Y no fue hasta los años 70 cuando el Washinton Post le dio otra vuelta de tuerca al oficio cuando, viendo a sus lectores exhaustos de información política tras el Watergate, impulsó desde sus páginas y popularizó definitivamente el periodismo SMERSH, las siglas en inglés de Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda (Science, Medicine, Education, Religion and all that SHit), que es la fórmula dominante en la actualidad, sobre todo con la consolidación de internet y, como consecuencia, el auge de los medios digitales y de las redes sociales.

Pues bien; en ese contexto es cuando se produce la oferta del Daily Express a Huxley para dirigir su sección de crítica de libros.

Pero declinó elegantemente por las molestias que le provocaría tener que
escribir todas las semanas contra reloj y, peor aún, tener que leer toda la literatura contemporánea para luego, si me manifiesto con honradez, pelearme con casi todos mis colegas literarios.
Porque después de todo, al menos el 99,8 por ciento de la producción literaria de nuestros tiempos -como la de todos los tiempos- es puro pis de gato. Si uno dice esto con franqueza se hace muy impopular y me acusarían de envidia.
Más adelante afirmaría que el 80% de Shelley es increíblemente malo; y de otros poetas destacados dirá que de su obra se puede sacar tanto bueno como Radio se obtiene de la pecblenda: "un gramo por cada doscientas toneladas".

Ahí queda eso. A su juicio dejo la consideración de si este exabrupto es correcto o injusto.
En todo caso Huxley merece una lectura sosegada, sin prejuicios y con espíritu crítico, aunque solo sea para comprender por qué la mayor parte de los totalitarismos modernos han censurado sus obras.

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Bibiografía y para saber más
• Página decidada a Aldous Huxley.
Huxley y los utopiáceos: soma, mescalina, LSD.
• Referencias y enlaces sobre Huxley en somaweg.org.
Entrevista a Aldous Huxley.
• Jesús Callejo; Enigmas literarios. Secretos y misterios de la historia de la literatura. Ed. Corona Borealis. Madrid. 2004.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Los hackers que no leyeron a Homero

La historia del Caballo de Troya es de sobra conocida incluso por quienes no han leído ni a Homero ni a Virgilio. Y de ese pasaje histórico-mitológico-literario surge uno de los errores más curiosos de la informática: ese software malicioso denominado "troyano" debería denominarse “griego” pues los nobles troyanos no metieron de tapadillo nada a nadie; muy al contrario, fueron los que sufrieron la felonía. 

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[Artículo original escrito para el número #4 de la revista iHstoria,  @iHstoriaMDZ,  de Mediazines, dirigida por Javier Sanz, disponible para Android y para iOS].



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La entrada del caballo en Troya. Domenico Tiepolo.
La entrada del caballo en Troya. Domenico Tiepolo.
National Gallery de Londres.
Troyano con T, como “Timeo danaos et dona ferentes” 
(temo a los griegos aunque traigan regalos). 

La historia del Caballo de Troya es de sobra conocida incluso por quienes no han leído ni a Homero ni a Virgilio. Y de ese pasaje histórico-mitológico-literario surge uno de los errores más curiosos de la informática.

Veamos en qué consiste. Pero ya les advierto que las sagas de empresarios americanos sin escrúpulos, los culebrones venezolanos, los mundos imaginados de Tierras Medias y anillos y las guerras estelares intergalácticas son un ejercicio de primaria comparados con el relato homérico.

Los acontecimientos pudieron acaecer en torno a los siglos XIII o XII a.C. aunque no está claro. Si les interesa el tema, les emplazo a investigar sobre la figura del visionario arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, que fue quien descubrió el emplazamiento de la ciudad homérica de Troya en la colina de Hisarlik, en las cosas turcas del mar Egeo. Y hasta aquí puedo leer.
Helena de Troya. Evelyn de Morgan
Helena de Troya.
por Evelyn de Morgan
Respecto al relato de Homero, se sitúa en torno al siglo VIII a.C. Pero tampoco está clara la veracidad de los hechos que narra y ni siquiera se tiene certeza documental de la propia existencia del poeta. Sí existe cierta unanimidad en considerar que la obra de Homero es en realidad una recopilación de leyendas y tradiciones populares, aderezadas con unas buenas dosis de pasiones humanas y entrometidas intervenciones divinas.

Dicho lo cual, volvamos a la epopeya que nos ocupa.

Helena era la mujer más bella del mundo. Hija de la mujer de Tíndaro, a la sazón rey de Esparta, tuvo muchos pretendientes, como podéis imaginar. Y es que ya entonces existían los enlaces geo-político-estratégicos.

La mujer de Tíndaro era Leda, que tuvo un conocido affaire con un cisne, que no era otro que Zeus disfrazado. De esa relación nacieron Helena y su hermana Clitemnestra, por un lado, y los famosos gemelos Cástor y Pólux por otro, sin que las diversas fuentes se pongan de acuerdo sobre la verdadera paternidad de estos vástagos. Ríanse ustedes de los culebrones modernos.

Leda y el Cisne
Leda y el cisne
De entre todos los pretendientes, Helena escogió a un tal Menelao (el más rico de los aspirantes), que vivía exiliado en Esparta desde que fuera desterrado de Micenas junto a su hermano Agamenón. Su padre, Atreo, fue asesinado y el trono de Micenas usurpado por el hermano de éste.
Cruentas trifulcas familiares que, como veis, vienen de antiguo.

No nos extenderemos en las conspiraciones y disputas de aquellos tiempos, pero lo cierto es que pasado un tiempo, nos encontramos con que Menelao heredó el trono de Esparta de Tíndaro, Helena se convirtió en la reina de Esparta y Agamenón, hermano de Menelao, se casó con la hermana de Helena, Clitemnestra, y recuperó el trono usurpado de Micenas.

Un pequeño jaleo muy del gusto de los relatos tradicionales y folclóricos de prácticamente todas las tradiciones literarias. Lo de Menelao con Helena y Agamanón con Clitemnestra es seguramente la primera muestra histórico-literaria de dos hermanos casados con dos hermanas; suponemos que, como a veces sucede en la actualidad, una boda fue consecuencia de la otra.

La Venus de Milo. Museo del Louvre
Afrodita como La Venus de Milo
Ahora entra en juego un tal Paris, príncipe troyano. Él fue el elegido por el mismísimo Zeus para dirimir quién era la merecedora de la famosa “Manzana de la Discordia”, así conocida porque debía ser “kallisti” (‘para la más hermosa’). Se trata de otro de esos saraos divino-mitológicos tan del agrado de los griegos. Lo cierto es que reivindican la manzana para sí nada menos que Hera, Atenea y Afrodita.

Para inclinar la balanza a su favor, las tres diosas deciden sobornar a Paris: Atenea le ofrece sabiduría y destreza en la guerra; Hera, omnímodo poder político; Afrodita, el amor de la mujer más bella del mundo. Vaya usted a saber por qué, Paris concedió la “manzana de la discordia” a Afrodita.

Pasa el tiempo y héteme aquí que Paris se desplaza a Esparta en misión diplomática. Allí conoce a Helena (recordemos que era la mujer más bella), se enamora de ella, la rapta, no sin la inestimable ayuda de una Afrodita agradecida, y se la lleva a Troya como su esposa, convencido de que está haciendo realidad su destino. Como ven, Helena parecía no tener ni voz ni voto.

En su momento, otro de los pretendientes de Helena, un tal Odiseo (el Ulises romano), hizo prometer a todos que respetarían y defenderían el matrimonio de Helena con quien ella eligiese. Así que una vez consumado el rapto de Helena a manos de Paris toda la élite griega se aprestó a cumplir su juramento y se declaró la inevitable guerra.

Aquiles
A partir de ahora se mezclan en la historia épicas travesías, intervenciones divinas, oráculos, adivinos y héroes de todos conocidos como Aquiles, quien según una profecía había de morir joven en Troya. En un inútil intento de protegerle, su madre lo bañó de niño en la laguna Estigia, haciéndolo invulnerable excepto en el talón, la parte del cuerpo por la que le sujetó en tan inusual “bautismo”. Ahora ya saben por qué se le llama el “Talón de Aquiles” y por qué se aplica esta expresión a un punto débil de cualquier persona o empresa.

Numerosas peripecias mediante, muchas de ellas inspiradoras de alguna de las más aclamadas tragedias clásicas, los griegos mantuvieron sitiada la ciudad de Troya durante diez años. A estas alturas, el bueno de Aquiles, pese a la protección materna, ya ha muerto en combate a manos del propio Paris, al parecer por una flecha envenenada certeramente dirigida por Apolo a su talón.

Los griegos, hartos de infructuosos intentos de conquistar la ciudad y de lavar la deshonra del rapto de la bella Helena, urden una estrategia infalible.  Fingen su retirada y dejan a las puertas de la ciudad de Troya un enorme caballo de madera hueco en cuyo interior se han escondido algunos de sus mejores guerreros, comandados por el mencionado Odiseo. Entre esos guerreros se encuentra Menelao en persona.

Laocoonte y sus hijos, devorados por las serpientesUn espía had hoc, Sinón, primo de Odiseo, que se presenta como desertor de las tropas griegas, convence a los troyanos de que han vencido definitivamente el sitio y de que el caballo no es otra cosa que una especie de ofrenda de admiración y reconocimiento.

El desdichado de Laocoonte, sacerdote local, no se fía, y así se lo hace saber a sus conciudadanos, como narra Virgilio (el mismo que acompañó a Dante en su periplo por el Infierno en La Divina Comedia), en el Libro II de la Eneida:
“¡Qué locura tan grande, pobres ciudadanos! ¿Del enemigo pensáis que se ha ido? ¿O creéis que los dánaos (griegos) pueden hacer regalos sin trampa? ¿Así conocemos a Ulises (Odiseo)? O encerrados en esta madera ocultos están los aqueos, o contra nuestras murallas se ha levantado esta máquina para espiar nuestras casas y caer sobre la ciudad desde lo alto, o algún otro engaño se esconde: teucros, no os fieis del caballo…”.
Confío en que la última frase de su discurso les evoque algo:
“…Timeo danaos et dona ferentes”: “temo a los griegos aunque traigan regalos”.  
Y es que los designios del aprendizaje de la historia son inescrutables. Si han leído Astérix Legionario sabrán de qué les hablo.

A pesar de las advertencias de Laocoonte, que tan penoso final padeció devorado por serpientes junto con sus hijos, los troyanos introducen el caballo en la ciudad y se abandonan a una gran celebración de victoria.

El final ya lo conocen. En un momento dado, con los troyanos despreocupados y seguramente ebrios, Sinón abre las tripas del caballo y de sus entrañas salen los guerreros griegos que abren las puertas de la ciudad permitiendo al resto de las tropas entrar y saquear Troya sin piedad.

Menelao regresó a Esparta con Helena y Odiseo comenzó su retorno a Ítaca, que será relatada en la segunda obra de Homero, la Odisea, y que narra su “odisea” para regresar a casa. Como habrán deducido, este es el origen del término que describe un viaje largo, plagado de peripecias, en el que el viajero ha de padecer todo tipo de aventuras adversas y favorables.

Y ahora me pregunto: ¿por qué al “software malicioso que se presenta al usuario como legítimo e inofensivo pero que, al ejecutarlo, le brinda a un atacante tomar el acceso remoto de un equipo informático infectado” lo llaman “troyano”?

Estos “troyanos” deberían denominarse “griegos” pues los nobles troyanos no metieron de tapadillo nada a nadie; muy al contrario, fueron los que sufrieron la felonía.  

Y, de postre, lo que en informática se llama “troyano” normalmente no tiene intenciones destructivas para su anfitrión sino únicamente de control sobre el sistema que infecta, intentando pasar desapercibido. Todo lo contrario de lo que pretendía, y consiguió, el leñoso equino, cuyo propósito se parece más al de los virus informáticos más letales.

Así que ya ven: los hackers no leen a Homero. De haberlo hecho, otro nombre más apropiado le darían a su “artefacto”.

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Más info: 
• Homero: la Iliada. Se llama así porque en griego la ciudad de troya se llama Ilión.
• Virgilio: la Eneida. Se llama así por el nombre de su protagonista, Eneas, un héroe de la guerra de Troya.

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Podéis seguir las novedades de la revista iHstoria en sus perfiles de Twitter y Facebook: @iHstoriaMDZ y Revista iHstoria.

Mi agradecimiento a Fico Ruiz, de Aragonautas, por su asesoría histórica.

martes, 10 de febrero de 2015

Solo dijo: "¡idos todos a la mierda!", y poco después expiró

"Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.

De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.

Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".

Estas fueron las últimas palabras de Ezra Pound, a modo de testamento intelectual. 

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Ezra Pound
Ezra Pound es considerado uno de los más grandes poetas estadounidenses. Y seguramente lo es, aunque, como todos lo poetas, es más conocido que leído.

Pero no solo fue poeta; también fue ensayista y crítico. Y su figura es esencial para comprender uno de los momentos más brillantes de la literatura de los Estados Unidos de norteamérica: "la generación perdida", esa a la que también pertenecieron autores de lectura obligada como John Dos Passos, William Faulkner, Ernest Hemingway, John Steinbeck o Scott Fitzgerald.

Muchos de ellos son autores de culto; o sea, esos de los que todo el mundo habla bien pero de los que casi nadie ha abierto una página. La brillantez de esta generación ha sido reconocida por los Premios Nobel, que obtuvieron tres de ellos, en 1949, 1954 y 1962, aunque también hicieron incursiones en el periodismo y el cine, bien como autores de las obras adaptadas, bien como guionistas: Por quién doblan las campanas, Al este del Edén, Las uvas de la ira, El gran Gatsby, El sueño eterno, El largo y cálido verano, El diablo era una mujer, (Amanece que no es poco)… son algunos de los títulos clásicos del cine en los que figuran sus nombres.

En sus labores de crítico y promotor, ayudó en sus respectivas carreras literarias a autores como William Butler Yeats, T.S. Eliot, James Joyce o D. H. Lawrence.

Erza Pound y Allen Gingsberg. Septiembre 1967
Pero Ezra Pound era poeta, así que su obra es poco accesible y prácticamente desconocida. Pero su influencia fue definitiva para la siguiente brillante generación de escritores norteamericanos: la generación beat, a la que pertenecen Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs.

Y, a través de ellos, la influencia de Pound llegó a la siguiente generación de la cultura americana, la de Bob Dylan, Tom Waits, Jim Morrison o Janis Joplin.

En España su huella también es visible en el movimiento de los Novísimos, la antología en la que José María Castellet reunió a los poetas más renovadores de la poesía española de los años 60: Vázquez Montalbán, Pere Gimferrer, Ana María Moix (sí, la hermana de Terenci) o Leopoldo María Panero, por citar solo los, quizá, más conocidos.

Como ven, una figura imprescindible. Pero también polémica.

En cierta ocasión, Yeats le entregó unos poemas para que los enviara a una conocida revista poética americana.
Antes de enviarlos, Pound se permitió el lujo de corregir de su puño y letra algunos de los versos.

Después de aplacado en enfado mayúsculo del poeta irlandés, el propio Yeats reconoció que los cambios habían mejorado el original y dijo de él:
"Ezra tiene una naturaleza áspera y testaruda, y siempre está hiriendo los sentimientos de las personas, pero creo que es un genio".
También era generoso con sus amigos. Hemingway le dedicó unas líneas muy expresivas* y fue Pound quien reunió el dinero que permitió a Joyce terminar el Ulises.

Lo más sonado de su ideología fue su apoyo declarado y entusiasta al fascismo de Mussolini. Y como tal hizo de bocero del Eje en la Segunda Guerra Mundial y el antisemitismo afloró en su obra, aunque al final de sus días opinaba que no era más que un "sanbenito".

Fue detenido en Roma al finalizar la guerra y exhibido públicamente en una jaula como un mono durante varias semanas en un campo de prisioneros en Pisa.
Devuelto a EE.UU. fue juzgado por traición pero fue declarado loco e internado en un sanatorio psiquiátrico: "su celebridad y su legendario desequilibrio lo salvaron: eximido por motivos psiquiátricos (aunque nunca recibió un diagnóstico específico)".

Su peripecia durante aquellos años y el desenlace inusual de su juicio ha dado pábulo a la idea de que, en realidad, era un espía americano infiltrado en las filas fascistas, y que tras sus soflamas antisemitas y fervor nazifascista se ocultaban mensajes cifrados para los aliados.

Tumba de Ezra Pound en Venecia
Volvió a italia en 1958, donde murió en 1972, en Venecia.

Cerca ya de la muerte, vivía en casa de una aristócrata italiana que le tenía acogido.  

Francisco Nieva, dramaturgo y director teatral, Académico de la Lengua, Premio Nacional de la Teatro en dos ocasiones, Premio Nacional de Literatura, Premio Príncipe de Asturias de las Letras, se encontraba también viviendo en Venecia.

Allí se entera de que Erza Pound, el poeta "más grande de Estados Unidos", se está muriendo.
Nieva se unió a un grupo de discípulos de Pound y todas las tardes iban a visitarlo…
…esperando que nos dijera algo, algunas palabras que nos sirvieran de testamento intelectual. "Maestro, dínos algo", le requeríamos día tras día, pero él permanecía siempre en silencio.
De pronto, un día se remueve, nos mira y hace gesto de hablar y todos nosotros, embobados, esperando; ya tenemos testamento, pensamos.
Solo dijo: "¡Idos todos a la mierda!", y poco después expiró, dejando a los desconsolados discípulos con un palmo de narices".
Así era Ezra Pound: generoso, egocéntrico, hiriente, contradictorio, genial.

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Bibliografía:
Ezra Pound, el traidor era un espía.
Ezra Pound: santo laico, poeta loco. *
Entrevista de Pier Paolo Passolini a Ezra Pound.
• Justo Navarro; El espía. Anagrama.
• Sebastián Moreno; La academia se divierte. La esfera de los libros.
La muerte de Ezrta Pound. (Entevista con Allen Ginsberg).
Historia de un pedestal.

miércoles, 28 de enero de 2015

Cómo acabar con los escritores (y resucitar la literatura)

Entre las páginas del relato de Roal Dahl El gran gramatizador automático se encuentra escondida la visionaria solución para terminar con los (mediocres) escritores y resucitar la (buena) literatura: tecnología aplicada, visión empresarial, modelo agresivo de negocio, ventajosos contratos editoriales y…

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El obituario de la literatura se ha escrito en numerosas ocasiones. La más lucida que he leído últimamanete es la que escribió @olahjl hace ya algún tiempo y que tenía el definitorio título de La muerte de la literatura.

Pero tengo la solución. Y vengo hoy a compartirla con ustedes. Se encuentra escondida en las páginas de un relato de Roal Dahl: El gran gramatizador automático.

A Roal Dahl se le suele asociar con literatura infantil y juvenil. Pero no es del todo justo.

El hecho de que muchos de sus personajes sean niños, (los casos más notables son la consumada lectora Matilda y la cinematográfica Charlie y la fábrica de chocolate), no significa que sus historias sea infantiles.

De hecho, tiene multitud de relatos que nada tienen de infantil aunque su lectura sí pueda ser perfectamente recomendable para adolescentes con cierta inquietud literaria.

Pero volvamos al Gran gramatizador automático y a la solución que plantea para resucitar a la literatura.
Se lo explico, aun a riesgo de destripar la trama de un texto que, de todas formas, #RecomiendoLeer.

La idea es sencilla.
La empresa que dirije el Señor Bohlen acaba de construir una máquina sin par:
“Acaba de concluirse la construcción de la gran calculadora automática, encargada por el gobierno hace algún tiempo. Probablemente se trate de la calculadora automática más rápida que existe actualmente en el mundo. En cinco segundos da la respuesta correcta a un problema que un matemático tardaría un mes en descifrar”.
Pero su principal desarrollador, Adolph Knipe, no está contento,  porque él, en realidad, lo que quiere es ser escritor. Pasa sus ratos libres dedicado a escribir relatos que envía compulsivamente a las revistas con la esperanza de que se los publiquen. Esperanza que nunca se ve satisfecha.

Y un día, frente a su máquina de escribir tiene una brillante revelación:
"…una idea fantástica, pero tan impracticable que en realidad no merece la pena pensar en ella".
que básicamente consiste en que
…podrá construirse una máquina con el mismo sistema que la calculadora electrónica, transformándola de modo que colocase palabras en un orden determinado en lugar de números, acorde con las reglas gramaticales. Se introducen verbos, nombres, adjetivos y pronombres; se almacenan en la selección de memoria a modo de vocabulario, y con un mecanismo adecuado se extraen cuando sea necesario.
Tras quince días de intenso trabajo le presenta su idea a su jefe el Señor Bohlen.
Como podrán imaginar, no se lo toma muy en serio. Su principal objeción, como buen empresario, es "¿qué dinero nos producirá?".

La respuesta es sencilla, a la par que brillante:
Verá, con mi máquina, gracias a un coordinador adaptado entre la sección de “memoria” de argumentos” y la de “memoria de palabras”, puedo producir cualquier tipo de relato que quiera, simplemente apretando el botón correspondiente.
Esta máquina puede producir un relato de cinco mil palabras, mecanografiarlo y terminarlo en treinta segundos. ¿Cómo pueden competir con ella los escritores?
Y es ahora cuando el relato se vuelve visionario cuando predice la actual situación de la literatura:
Hoy en día un artículo hecho a mano no tiene ningún porvenir. No puede competir con la producción en serie, sobre todo en este país, y usted lo sabe.
A nadie le importa cómo se hacen las cosas con tal de que se vendan. ¡Los venderemos al por mayor! ¡Rebajaremos los precios para competir con todos los escritores del país! ¡Acapararemos el mercado!
Roal DahlTras hacer unos cálculos sobre el dinero que cobran los autores por publicar un relato y una estimación de la aceptación que tendrían sus producciones en serie, la conclusión es que será un buen negocio. Y así es como el Señor Bohlen accede a construir la máquina.

Deciden montar una agencia literaria, con nombres de autores ficticios, desde la que mandarán sus originales automáticos a las revistas y gestionarán los ingresos. Así parecerá juego limpio. Y para aportar más veracidad a su iniciativa, algunos de los relatos irán firmados por ellos mismos.

Excuso decirles que, después de unos primeros intentos de prueba, el invento acaba por funcionar a la perfección. De los trece primeros relatos que enviaron, seis fueron aceptados de inmediato, tales eran la calidad literaria y la solidez de los argumentos.

En vista del éxito, el Señor Bohlen, llevado por su nueva ambición de escritor de éxito, decide darle una vuelta de tuerca al proyecto:
- quiero escribir una novela
Y así fue como la máquina fue transformada para que escribiera novelas, con un sistema de control fantástico que permitía al autor, literalmente, preseleccionar cualquier clase de argumento y de estilo.
…al pulsar uno de los botones principales, el autor tomaba la primera decisión para incluir la novela en una de las siguientes categorías: histórica, satírica, filosófica, política, romántica, erótica, humorística.
Después, entre la segunda fila de botones (que eran los básicos), elegía el tema: vida militar, época de los pioneros, guerra civil, guerra mundial, problema racial, salvaje oeste, vida en el campo, recuerdos de infancia, vida en el mar, fondo del mar y muchísimos más.
La tercera fila de botones permitía elegir el estilo literario: clásico, fantástico, picante, Hemingway, Faulkner, Joyce, femenino, etc.
La cuarta fila era para los personajes; la quinta, para el léxico, y así sucesivamente, hasta diez largas filas de botones de preselección.
Pero esto no era todo, mediante un sistema podía matizar o mezclar continuamente cincuenta elementos distintos y variables, tales como tensión, sorpresa, humor, patetismo y misterio.
A partir de este punto el Señor Bohlen y Adolph Knipe comienzan a intercambiar sus papeles. El que antes era el empresario preocupado por la rentabilidad del proyecto se transforma en un ambicioso creador, ávido de reconocimiento literario; y el escritor con ínfulas demuestra un inusitado talento para los negocios.

Y ese talento se pone en marcha con la estrategia de comprar a todos los escritores; y si no se venden, se les aplasta.
Tengo una lista de los cincuenta escritores de mayor éxito del país, y lo que he pensado es ofrecerles a cada uno un contrato de por vida. Lo único que tienen que hacer es comprometerse a no volver a escribir ni una palabra y, naturalmente, permitirnos que firmemos nuestra producción con sus nombres.
Tras algunas negociaciones fallidas, al cabo de unos pocos meses el setenta por ciento de los escritores de su lista había accedido a firma el contrato.
– ¿Sabe usted por qué ha firmado?
– ¿Por qué?
– No es por el dinero. Le sobra.
– ¿Entonces?
– Porque ha visto que el material hecho a máquina es mejor que el suyo.
Trancurrido un año, la mitad de los relatos y novelas publicados eran obra de Adolph Knipe con el Gran Gramatizador Automático.
Y a medida que se divulgaba el secreto aumentaba el número de los autores que corrían a asociarse con el señor Knipe, y así el tornillo se iba apretando con más fuerza sobre los que no se deciden a firmar.

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La historia termina con Dahl hablando en primera persona de esta aterradora manera:
En este preciso momento, mientras oigo los alaridos de hambre de mis nueve hijos en la otra habitación, noto que mi mano se acerca más y más a ese contrato dorado que está al otro lado de la mesa. 
¡Oh, Señor, danos fuerzas para dejar que nuestros hijos mueran de hambre
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Lo mismo este relato le aporta una idea de negocio a la gente de Molino de Ideas.
Solo espero que, si lo ponen en práctica, me nombren director de la agencia literaria que creen para llevar a cabo su tarea.

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Para leer más:
• Roal Dahl: El gran gramatizador automático.
Profesor en la Secundaria. Blog
Mariano José de Larra: Literatura.  Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe. El Español. Diario de las Doctrinas y los Intereses Sociales, n.º 79, lunes 18 de enero de 1836, Madrid.

Larra. Facsímil del su artículo "Literatura"
Mariano José de Larra: Literatura.  Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra.
Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe
.
Facsímil del original publicado en El Español. Diario de las Doctrinas y los Intereses Sociales,
n.º 79, lunes 18 de enero de 1836, Madrid.

martes, 27 de enero de 2015

El primer libro que mató a su lector

Varios siglos antes de que se escribiera la famosa novela que transcurre en una Abadía, en la que suceden luctuosos acontecimientos que giran en torno a un "libro asesino", varios siglos antes incluso de la época en la que se desarrolla la novela, ya se había escrito un relato en el que dos protagonistas dirimen sus diferencias frente a un valioso libro, lleno de misterios, que, ingeniosamente envenenado, es utilizado como arma homicida.

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Cuando les digo que es conveniente leer a los clásicos es por curiosidades como la que les voy a contar. Para que vean que, en realidad, no estamos inventando nada; solo reinterpretando y reescribiendo.

Umberto Eco
Umberto Eco es catedrático de Semiótica en la Universidad de Bolonia. Sus primeras obras fueron ensayos relacionados con esta temática, algunos tan imprescindibles como Apocalípticos e integrados, de 1964, el Tratado de semiótica general, de 1975, Lector in fabula, de 1979, o sus más recientes La historia de la belleza y La historia de la fealdad.

Aunque su popularidad se debe más a su producción literaria que a la académica. Y esa producción comenzó en 1980 con una de las novelas de mayor impacto en el panorama literario internacional de los últimos tiempos. Nos referimos a El nombre de la rosa.

Novela histórica, relato detectivesco, ensayo medievalista, la obra permite múltiples lecturas a gusto del lector. Eso suponiendo que sea capaz de sobrepasar las primeras 50 páginas, filtro con el que Eco comenzó la obra con la consciente intención de seleccionar de inicio a sus lectores. Como ven, un curioso ejercicio de elección inversa: no es el lector el que elige su lectura, sino el autor el que selecciona a sus lectores.

La no menos exitosa versión cinematográfica despertó las iras de los fans de la novela por su simplificación y allanó el terreno a aquellos que no superaron la prueba de las primeras páginas.

La novela se desarrolla en el invierno de 1327 en una abadía benedictina, famosa en toda la cristiandad por su impresionante biblioteca, no solo por los volúmenes que contenía sino por su estructura arquitectónica en forma de laberinto y peculiar sistema de organizar sus contenidos.

Acuden allí numerosos doctores de la iglesia a dirimir cuestiones tan relevantes como si Jesucristo rió en algún momento de su vida o sobre si era dueño de las ropas que vestía. Estos temas pueden parecer irrelevantes pero algunos siguen sin solución teológica definitiva, como el de la pobreza de la Iglesia; y ese debate teológico fue muy cruento en su época.

Como aderezo fundamental, algunos luctuosos acontecimientos acaecidos en la abadía han llenado de desasosiego a los monjes, a su Abad y, en particular a un veterano miembro de la congregación, guardián de la ortodoxia monacal y del acceso al conocimiento.

Y uno de los invitados al debate, conocido por su astucia, agudeza mental y dotes deductivas, recibe el encargo de investigar discretamente estos lamentables acontecimientos. Empujado por su propia soberbia intelectual, tendrá que infringir algunas de las normas de la abadía para descubrir el misterio.

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Tractatus Coislinianus. Primera páginaEse misterio tiene que ver con un libro. Un libro del que no se tiene certeza de que fuera escrito realmente, pero cuya sola mención en un tratado antiguo causa un inusitado interés por la cantidad de seguidores y detractores que suscitan tanto el autor como la obra en sí.

Se trata del Segundo libro de poética de Aristóteles. No existen copias ni más referencias que el Tractatus Coislinianus, en el que se recoge un resumen de su contenido. Esta segunda poética de Aristóteles trata sobre la comedia como medio de conseguir la catarsis.
En román paladino, que "a través del placer y la risa se produce la purgación de las emociones".

Este contenido es el que resulta polémico para el debate teológico que tiene lugar en la Abadía.

Y como su supuesto autor, Aristóteles, es reconocido como una autoridad en cuanto escribió, el solo hecho de que hablara de la comedia y de sus efectos benéficos y aleccionadores frente a la tragedia provoca terror en los más reaccionarios guardianes del dogma cristiano.

Fray Jorge de Burgos y Jorge Luis BorgesA los efectos del tema que nos ocupa, de entre los protagonistas de ficción, porque otros son históricos, conviene destacar a dos: Fray Jorge de Burgos y Fray Guillermo de Baskerville.

Jorge de Burgos es el pérfido monje de origen español, temido y respetado a partes iguales. Bibliotecario frustrado a causa de su ceguera, es pese a todo quien controla lo que sucede en torno a la biblioteca a través de sus bien aleccionados sicarios.
El propio Eco ha reconocido que este personaje es deudor de Jorge Luis Borges.

Sherlock Holmes y Fray Guillermo de Baskerville
Guillermo de Baskerville es un brillante mestizaje a medio camino del Sherlock Holmes de Conan Doyle (el apellido no deja lugar a dudas) y de Guillermo de Ockham, el de la Navaja de Ockham, principio filosófico y metodológico de impresionante claridad: "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta".

Con las virtudes y defectos de ambos personajes a sus espaldas, Guillermo de Barkerville, con la inestimable colaboración de su "fiel escudero" Adso de Melk, narrador en primera persona de la historia, investigan, y resuelven, los crímenes ocurridos en la Abadía.

De ese "libro que nunca fue escrito" existe una copia en la Abadía; seguramente la única copia. Pero Jorge de Burgos tiene terminante prohidida su lectura, por los motivos antes expuestos. Y todos aquellos que osan infringir esa prohibición padecen en sus carnes el castigo máximo: la muerte en extrañas circunstancias.

El nombre de la rosa. Libro envenenadoPero Guillermo de Baskerville desenmascara toda la farsa. El libro está envenenado, impregnado en la parte superior de las hojas de un veneno letal que va haciendo su efecto conforme el ávido lector va humedeciendo sus dedos con su saliva para poder pasar las páginas del manuscrito más facilmente.

Y aunque Jorge de Burgos, en un falso gesto de reconocimiento y admiración, permite a Guillermo de Baskerville la lectura del libro, nuestro astuto franciscano ya ha deducido el método por el que el libro mata, no cae en el ardid y se pone unos guantes. Y como también padece de cierta incontinencia verbal, confiesa su descubrimiento al propio Jorge en la escena cumbre de la novela.
En este momento dan comienzo "largas horas de zozobra", la muerte del pérfido ciego, la pérdida del libro y la destrucción total de la biblioteca y de todos los tesoros que guarda.

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Esta escena de dos personajes enfrentados, de la curiosidad intelectual de uno de ellos, del envanecimiento de ambos, del destino trágico que han de correr, y de un libro envenenado como arma homicida tiene su origen varios siglos antes de la novela de Eco; incluso varios siglos antes de la época en la que transcurre la obra.

Por eso comenzaba este apunte hablando de la importancia de leer a los clásicos.

Y es que una situación similar ya apareció en la más célebre recopilación de cuentos y relatos orientales: Las mil y una noches.

Entre sus pasajes más conocidos se encuentran Aladino y su lámpara mágica, Alí Babá y los cuarenta ladrones o Simbad el marino.
Pero contiene otros muchos que ha sido después reescritos o reinterpretados en la literatura posterior, desde las novelas de caballerías a los relatos detectivescos, pasando por la ciencia ficción.

La historia se narra en la Noche XIV.

El rey ha decidio decapitar a su médico, persuadido por sus consejeros de que quiere asesinarle. Y el médico, después de despachar sus asuntos y repartir la herencia, comunica al rey que:
"A fe que tengo un libro que es verdaderamente el extracto de los extractos y la rareza de las rarezas, que quiero legarte como un obsequio para que lo conserves cuidadosamente en tu armario".
- ¿Qué libro es ese?

Y contestó el médico:

- Contiene cosas inestimables; el menor de los secretos que revela es el siguiente: cuando me corten la cabeza, abre el libro, cuenta tres hojas y vuélvelas; lee en seguida tres renglones de la página de la izquierda; y entonces la cabeza cortada te hablará y contestará a todas las preguntas que le dirijas.

(…)

Entonces entró el médico y se colocó de pie ante el rey, con un libro muy viejo y una cajita de colirio llena de unos polvos. Después se sentó y dijo:

- Que me traigan una bandeja.

Le llevaron una bandeja, y vertió los polvos, y los extendió por la superficie. Y dijo entonces:

- ¡Oh rey! coge ese libro, pero no lo abras antes de cortarme la cabeza. Cuando la hayas cortado colócala en la bandeja y manda que la aprieten bien contra los polvos para restañar la sangre. Después abrirás el libro.

Pero el rey, lleno de impaciencia no le escuchaba ya; cogió el libro y lo abrió, pero encontró las hojas pegadas unas a otras. Entonces metiendo su dedo en la boca, lo mojó con su saliva y logró despegar la primera hoja. Lo mismo tuvo que hacer con la segunda y la tercera hoja, y cada vez se abrían las hojas con más dificultad. De ese modo abrió el rey seis hojas, y trató de leerlas, pero no pudo encontrar ninguna clase de escritura. Y el rey dijo:

- ¡Oh médico, no hay nada escrito!

Y el médico respondió:

- Sigue volviendo más hojas del mismo modo.

Y el rey siguió volviendo más hojas. Pero apenas habían pasado algunos instantes circuló el veneno por el organismo del rey pues el libro estaba envenenado. Y entonces sufrió el rey horribles convulsiones (…) y cayó muerto.

Como habrán comprobado, este pasaje sirvió claramente a Umberto Eco de inspiración.

Y si no me creen, acudan al capítulo de la noche del Séptimo día de El nombre de la rosa, "donde, si tuviera que resumir las prodigiosas revelaciones que aquí se hacen, el título debería ser tan largo como el capítulo, lo cual va en contra de la costumbre".
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