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miércoles, 30 de mayo de 2018

James era Jan. Jan Morris: la cronista de la conquista del Everest

"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida". 

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James Morris saluda a Hillary
James Morris saluda a Hillary
después del éxito en el Everest. 30 mayo 1953
El Everest fue escalado por primera vez el 29 de mayo de 1953. Pero, por temor a una filtración de la exclusiva, no podían usar la radio para comunicar el éxito así que el resto del equipo se enteró al día siguiente, cuando, en el descenso, los propios alpinistas de altura lo pudieron decir en persona.

El enviado especial del diaro "The Times", patrocinador de la expedición, era James Morris. Escritor e historiador, acompañó a la British Mount Everest Expedition en calidad de observador, y se encontraba el día 30 de mayo en el campo IV, a unos 6700 m, cuando recibió la noticia del éxito de Hillary y Tenzing del día anterior. Él se encargó de comunicarla al resto del mundo mediante un ingenioso sistema de codificación del mensaje que permitió que se publicara el día 2 de junio, coincidiendo con la coronación de Isabel II.

Reunión de miembros de la Expedición de 1953
Hoy James Morris es Jan Morris, escritora e historiadora, tras someterse a uno de los primeros procesos de cambio de sexo. Morris se había casado en 1949 y tuvo cinco hijos. Pero a mediados de los sesenta decidió afrontar la realidad de que realmente se sentía mujer y comenzó su tratamiento para cambiar de sexo, que culminó en 1972.

Como las leyes inglesas le obligaban a divorciarse de su mujer, Elizabeth, para realizar la operación tuvo que desplazarse en Marruecos. A la vuelta no quedó más remedio que regularizar esa anómala situación porque la legislación británica no permitía los matrimonios de personas del miso sexo.

Jan Morris y su mujer Elizabeth
Jan Morris y su mujer Elizabeth
De todas formas, Elizabeth y Jan siempre permanecieron juntos y en 2008, con el cambio de legislación, se casaron de nuevo en una ceremonia civil.
En 1974 Jan Morris publicó un libro autobiográfico titulado Conundrum en el que narró su experiencia personal de transexualidad. Comienza:
"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida".
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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf. Ilustraciones de Xurxo Vazquez.
Ni tontas ni locas. Portada libro

jueves, 24 de mayo de 2018

Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer

Pese al grueso calibre de los desprecios que han dedicado a las mujeres filósofos e intelectuales de todas las épocas, si algo han demostrado las mujeres a lo largo de la historia es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en este libro.

Ni tontas ni locas
Ni tontas ni locas.
En él encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. Virginia Woolf acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.

Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

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"Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre; y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer". Palabra de Pitágoras.

Y la palabra de Confucio es que “tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido".

Dice San Pablo en su primera Carta a los Corintios, versículos 34 y 35:
34 Como en todas las iglesias de los santos, que las mujeres callen en las asambleas, pues no se les está permitido hablar; más bien, que se sometan, como dice incluso la ley.
35 Pero si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues es indecoroso que las mujeres hablen en la asamblea”.

San Agustín era de la opinión de que “las mujeres no debe ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones”.

Que “la mujer no es más que un hombre imperfecto” es de la cosecha de Averroes, pero ya Aristóteles había dicho lo mismo unos mil quinientos años antes.

De Santo Tomás de Aquino es la sentencia: ”…fue necesario crear a la hembra como compañera del hombre en la única tarea de la procreación, ya que para el resto, el hombre encontrará ayudantes más válidos en otros hombres”.

Y de Martín Lutero son las palabras "aunque se agoten y se mueran de tanto parir, no importa, que se mueran de parir, para eso existen".

Erasmo de Rotterdam explicaba en su Elogio de la locura que "la mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”, cuyo destino en la vida es “sazonar y endulzar” con su estupidez la tristeza del carácter varonil; y “si, por casualidad, alguna mujer quisiere ser tenida por sabia, no conseguiría sino ser doblemente necia”; justifica el proverbio clásico de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” para concluir que “la mujer siempre será mujer, o sea loca, por muchos esfuerzos que realice para ocultarlo”.

Fray Luis de León afirmaba en La perfecta casada que la mujer fue hecha “para un solo oficio simple y doméstico”, y que “la naturaleza les limitó el entender, y por consiguiente, les tasó las palabras y las razones”.

Voltarie el ilustrado, el mismo que sostenía que “No todos los ciudadanos de un Estado pueden ser igual de poderosos, pero deberían ser igual de libres”, en su Diccionario filosófico, sentenciaba que las mujeres "han nacido para agradar y para ser el adorno de las sociedades; y parece que han sido creadas para suavizar las costumbres de los hombres".

Y Balzac era de la opinión de que “por muchas razones, no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto”.

 La lista es larga… tal era la consideración hacia la mujer. Y, como ven, el arsenal utilizado durante siglos ha sido de grueso calibre y el fuego, proveniente de los más diversos frentes. Pero a pesar de todo ha habido a lo largo de la historia muchas mujeres que rompieron el molde y aplicaron, pese a todas las dificultades, la máxima de Virginia Woolf de que “no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”: todas derribaron barreras o marcaron el camino aunque corrieran suerte desigual.

Hablar a tontas y a locas es expresión antigua y siempre con doble sentido. Ya el prólogo del Quijote contiene unos versos donde Urganda la Desconocida, la maga protectora del Amadís de Gaula, previene al autor, Cervantes, de que debe andarse con tiento y dejarse de frivolidades porque “el que saca a la luz pape-(les) / para entretener donce-(llas) / escribe a tontas y a lo-(cas)”.

Luis Quiñones Benavente, en su Entremés cantado. El soldado, termina:
De aquestas palabras pocas,
no os agraviéis, damas, no;
que ya se sabe que yo
lo digo a tontas y a locas. 
 Y Juan de Robles, en El culto sevillano, retrata una escena en la que el fraile Juan Farfán se ve comprometido y cómo sale del paso: ·Convidáronle ciertas monjas para predicarles un sermón grave, dándole poco lugar de estudiar. Subióse al púlpito y escusóse de ello y remató la escusa diciendo: "Pero, al fin, hoy predicaremos a tontas y a locas, como pudiéramos".

Se ve que nuestro flamante premio Nobel Jacinto Benavente se inspiró en este último pasaje para declinar la invitación que le cursó el Lyceum Club Femenino, auténtico foro de la intelectualidad española de nuestra Edad de Plata, para que impartiese una conferencia. Premura y desdén inspiraron un “No tengo tiempo; no puedo dar una conferencia a tontas y a locas”.

Pero si algo han demostrado las mujeres de todas las épocas es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en estas páginas. En ellas encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. De nuevo es Virginia Woolf la que acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.













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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.
Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

• Entrevista en RNE en el programa Gente despierta, con Carles Mesa
• Entrevista en Aragon Radio en el programa #Escuchate. (min 36:30)

martes, 15 de mayo de 2018

Williamina Fleming: computadora de Harvard

Williamina Fleming nació un 15 de mayo. Fue la primera supervisora del equipo de "Computadoras de Harvard", también conocidas como el "Harem de Pickering". Las aportaciones de este equipo de mujeres fueron fundamentales para la astronomía moderna.

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Henry Draper fue un reconocido médico de la segunda mitad del siglo XIX, pero además de la medicina tenía otras pasiones: la astronomía y la fotografía. Fusionando ambas desarrolló la técnica de fabricación de telescopios y la de capturar las observaciones en placas fotográficas. Otro célebre médico, que llegó a Premio Nobel, fue también pionero de la fotografía en España. Tras la muerte de Draper en 1882 su viuda legó todo su trabajo y una importante suma de dinero para financiar la realización de un catálogo estelar, basado en las fotografías obtenidas de las estrellas, que llevara el nombre de Henry Draper y que todavía sigue vigente. Esa tarea recayó en el director del Observatorio de Harvard, Charles Pickering. Con esa aportación económica decidió contratar personal para la catalogación y clasificación de todo el material existente y el nuevo que se iba añadiendo tras las nuevas observaciones.

Y contrató mujeres. ¿Por qué se le ocurriría hacer tal cosa, en unos tiempos en los que la mujer solo podía aspirar a tareas domésticas, a trabajar en alguna fábrica o, como mucho, a ser maestras o enfermeras? Los motivos fueron de diversa índole: por un lado, que no estaba satisfecho con el rendimiento de su personal masculino, desbordado por la cantidad de datos que tenía que procesar; por otro, la diligencia y precisión con las que las mujeres desarrollaban habitualmente su trabajo; y no menos importante, que el salario que había que pagarles era sustancialmente inferior al que la universidad hubiera tenido que pagar a un hombre. Así es como entró a formar parte del proyecto Williamina Fleming, la primera mujer contratada por Pickering, que era su ama de llaves. Williamina poseía una aceptable educación y había ejercido de maestra, pero cuando su marido la abandonó tuvo que buscar un trabajo de asistencia doméstica y entró a trabajar para el astrónomo. Era 1881.

Más allá del trabajo rutinario de gestión, algunas de estas mujeres merecen el reconocimiento individual por sus aportaciones fundamentales al campo de la astronomía. La mencionada Williamina Fleming fue la primera supervisora del equipo, encargada entre otras cosas de entrevistar y contratar a nuevas candidatas, y la responsable de crear el sistema básico de clasificación de las estrellas. Es probable que hayan oído hablar de la Nebulosa Cabeza de Caballo o que hayan visto su imagen en algún documental; pues bien, fue Williamina su descubridora.

A lo largo de su carrera descubrió personalmente numerosos objetos estelares como novas, nebulosas, estrellas variables y a ella debemos el descubrimiento de un tipo de estrellas, conocidas como enanas blancas. Su nombre no apareció en los créditos del primer Catalogo Índice de Nebulosas y Cúmulos de Estrellas por obra y gracia de su responsable, John Dreyer, que atribuyó todo el mérito a Pickering. Afortunadamente, la segunda edición del Catálogo sí le otorgó el justo reconocimiento.

En 1906 se convirtió en miembro honorario (las mujeres no podían ser miembros de pleno derecho) de la Royal Astronomical Sociey of London. Sus aportaciones merecieron el honor de que un cráter de la Luna lleve su apellido, aunque ex aequo con el descubridor de la penicilina.

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Este texto es un fragmento del libro Ni tontas ni locas, de Javier Sanz, de Historias de la historia, y este que les habla publicado por Oberon, con prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.

viernes, 2 de febrero de 2018

Pío Baroja y Rubén Darío: la miga y la pluma

- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
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Rubén Darío
Rubén Darío nació en Nicaragua, en la ciudad de Metapa (rebautizada en 1920 como Ciudad Darío, a ver si adivinan por qué) y se le considera, con razón, el máximo exponenete del modernismo literario en lengua castellana. Periodista y Diplomático, su relación con España fue intensa, primero como enviado especial del diario La Nación para cubrir la situación española tras el "desastre del 98" y posteriormente como embajador de su país en Madrid.

Contemporáneo de la Generación del 98, Darío mantuvo buenas relaciones con algunos miembros de esa generación, como con Valle-Iclán o los Machado; pero con otros… digamos que no, como con Unamuno o Baroja. En realidad, don Miguel y don Pío no se llevaban bien con casi nadie.

Y ambos tuvieron sus más y sus menos con o por don Rubén. Uno de los "menos" más notable fue el protagonizado por Unamuno y Valle-Inclán pero con Rubén Darío como punto protagonista. El poeta nicaragüense era un declarado admirador del escritor bilbaino. Pero el sentimiento no era mutuo. Un día, en una tertulia, Rubén Darío estaba elogiando a Unamuno cuando uno de los presentes tuvo a bien sacar un artículo de Don Miguel en el que, entre otras lindezas, decía de Darío que todavia se le notaban las plumas de indio que lleva dentro de sí.

Valle-InclánUnos días después, la respuesta de Rubén Darío fue, sin rencor, anunciar en esa misma tertulia su decisión de enviar a Unamuno una carta en la que le indicaba que va a remitir al diario con el que colaboraba el artículo elogioso que tenía escrito sobre él: "y firmo esta carta con una de las plumas de indio que, según usted, aún llevo dentro de mí". Todos aplauden la inicitiva, Valle-Inclán entre ellos.

Unos meses después Valle-Inclán y Unamuno coinciden y éste le narra a aquél la "cosa notable y desconcertante" que le habia sucedido con Rubén Darío. Don Ramón, que había vivido en primera persona los hechos, y buen amigo e don Rubén, le espeta a don Miguel una sentencia para enmarcar:

"El suceso, amigo don Miguel, no tiene nada de notable y menos de desconcertante:

Miguel de UnamunoVerá usted: Rubén tiene todos los defectos de la carne: es glotón, bebedor, es mujeriego, es holgazán, etc. Pero posee, en cambio, todas las virtudes del espíritu: es bueno, es generoso, es sencillo, es humilde, etc. 

En cambio, usted almacena todas las virtudes de la carne: es usted frugal, es usted abstemio, es usted casto y es usted infatigable. Y tiene usted todos los vicios del espíritu: es usted soberbio, ególatra, avaro, rencoroso, etc.;

por eso, cuando Rubén se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de malo», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de bueno», ¡y se salvará! Pero usted, cuando se muera y se le pudra la carne, «que es lo que tiene de bueno», le quedará el espíritu, «que es lo que tiene de malo», ¡y se condenará!”.

Y concluía Valle: "Desde entonces, Unamuno anda preocupado”.

Pío BarojaPero también Rubén Darío tuvo un edificante intercambio de diatribas con Pío Baroja. Don Pío regentó durante una temporada la panadería en Madrid, fruto de una herencia que recibió de una tía. Este trabajo le valió críticas como "escribe cosas bien amasadas"; y la crítica de Rubén Darío:
- Pio Baroja es un esritor de mucha miga; ya se conoce que es panadero.
En respuesta, Baroja no se ofendió:
- Rubén Darío es un escritor de mucha pluma. Ya se conoce que es indio
A su criterio dejo si la respuesta de Baroja llevaba implícita una alusión a la presunta homosexualidad de Rubén Darío o solo hacía referencia a su condición de nativo americano.

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Para saber más:
• Esteban, José. La Generación del 98 en sus anécdotas. Renacimiento. 2012
• García-Sabell, Domingo. "Valle-Inclán y las anécdotas". Revista de Occidente, nº extra 44-45 dedicado a Valle-Inclán. 1966

lunes, 23 de octubre de 2017

Jerzy Kukuczka. In memoriam

Un 24 de octubre, de 1989, fallecía en la pared sur del Lhotse uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos: el polaco Jerzy Kukuczka. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

Caida de Jerzy Kukuczka
Fotograma de la caída de Jerzy Kukuczka
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El Lhotse ya había visto la cara más exitosa del gran alpinismo de la época porque Reinhold Messner culminó en ella la proeza de ser primer hombre en ascender a las catorce cimas de más de ochomil metros.  Por desgracia, también mostraría su rostro más amargo cuando se cobró la vida, el 24 de octubre de 1989, del gran Jerzy Kukuczka, que había sido el segundo en lograr los catorce ochomiles en singular batalla con Messner.

Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles
Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles

Unos días antes el propio Kukuczka había descrito en su diario, encontrado tras su muerte, un accidente del que salió indemne. Y agradece a Dios que le hubiera dado una segunda oportunidad. En su última anotación se lamenta por los fuertes vientos que les azotan.

El 23 de octubre, Kukuczka y su compañero de cordadada Ryszard Pawłowski, llegan al último campamento de altura, pero su suerte pronto va a cambiar. Y no solo porque el día 24 el tiempo es muy bueno:
“hicimos un poco de agua caliente para beber porque es difícil calificar a esa bebida como té. Recuerdo que comimos chocolate y comenzamos a escalar.
Era el turno de Jurek (apodo de Jerzy Kukuczka) de abrir la escalada hacia la cima ese día. Usamos una cuerda sencilla, conscientes de que queríamos hacer tramos más largos para avanzar más rápidamente hacia la cumbre.
Jurek se encontraba unos 50 metros por encima y repentinamente se cayó de la pared. Quedé aterrorizado cuando vi que Jurek comenzaba a caer más y más rápido. Voló cerca de mí hacia el abismo. Todo lo que podía hacer era acurrucarme.
No oí ningún grito de Jurek. Quizá ni él mismo esperaba que su vuelo fuese a ser tan largo. Sentí un fortísimo tirón en la cuerda, que se cortó unos pocos metros por encima de mí en el afilado borde de la roca.
Me quedé solo. Todo lo que vi después fue a Jurek todavía cayendo hacia la base de la pared”.



Su extraordinaria fuerza tanto física como psíquica, su portentosa capacidad de aclimatación a la altura y su excelente preparación técnica no fueron suficientes para combatir la escasez de medios con los que tuvo que lidiar durante toda su carrera: Polonia era entonces un país comunista y los recursos siempre escaseaban. Por eso es tan meritorio el quehacer de los polacos en la historia del himalayismo de los años 80.
Esta gesta ha quedado plasmada en el libro Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco de Bernadette McDonald.

Ni su dilatada carrera como alpinista, ni sus catorce ochomiles por rutas diferentes a las "normales" (con récord incluido, pues es el que lo ha logrado en menos tiempo), ni sus cuatro primeras invernales absolutas, ni su osadía innovadora a la hora de emprender la apertura de nuevas rutas, le impidieron cometer un descuido que resultó fatal. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

En la cara sur del Lhotse hay un monumento dedicado a los alpinistas polacos muertos en la montaña, Kukuczka incluido.
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse

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Bibliografía.
• Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco. Ediciones Desnivel.

• Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical. Ediciones Desnivel.

Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical / Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad
Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical
Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?  Esta es la pregunta que se formula David Blay Tapia.
Y cuando explica por qué ha escrito este libro, la justificación es clara.
¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 
¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 
Pues eso.
¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? David Blay Tapia
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Hubo un tiempo, no hace demasiado, en el que estudiar una carrera era sinónimo de tener trabajo. Y, además, esa labor tenía que ver de forma directa con aquello que habías estudiado. Si, por alguna razón, no conseguías un empleo que te gustara o satisficiera, siempre podías optar a otros menos apasionantes pero mejor remunerada.

Antes no era necesaria una altísima cualificación para afrontar según qué tareas. Pero muchas personas presentaban currículos brillantes, por encima de las exigencias del puesto requerido. Y esto no se veía como un problema, sino como una virtud: la de poder contar con un trabajador inteligente
que además de hacer bien su labor podía darte ideas para mejorar tu rendimiento empresarial.

Hoy, sin embargo, TODO ha cambiado. El paro es muy alto prácticamente en todo el mundo. Para trabajar como camarero exigen un buen nivel de idiomas (algo lógico si la mayoría del turismo es extranjero). Y hasta personas con carrera y algún máster no son capaces de encontrar su lugar.
Pero más problemática todavía es la situación de la gente de mediana edad, despedida recientemente y ubicada en un limbo laboral del que es casi imposible salir. Unas empresas no los quieren contratar por estar sobrecualificados. Y otras, por no ser capaces de adaptarse a los ‘nuevos tiempos’.

Aun así, en esos nuevos tiempos (y éste es el objetivo de este libro) no están equivocados los trabajadores. Quienes erran son las empresas. Lo demuestra el número creciente de fracasos en la apertura de ‘nuevos’ negocios que en realidad se basan en los ‘viejos tiempos’. Y en el hecho de
seguir considerando que trabajar más horas es sinónimo de trabajar mejor. Un error fatal para la mayoría de ellas.

Un amigo me pasó un artículo hace muy poco tiempo, cuyo titular era ‘El 75% de las profesiones serán nuevas en los próximos 10 años’. ¿Esto significa que no habrá sitio para los fresadores, los mecánicos, los libreros o los redactores de periódicos en papel? Sí lo habrá. Pero no supondrán, como hasta hace una década, el motor de cualquier economía.
Hoy existen Interim Managers que entran en una empresa con problemas, la reflotan y cuando acaban el trabajo se van a casa. Community Managers que crean conversaciones en redes sociales con clientes de cualquier marca. CEO de start-ups que te hacen la vida más fácil a través de una APP en el móvil. Y una fiebre del emprendimiento basada en un solo razonamiento: busca trabajo de lo que te guste, porque tienes las mismas posibilidades de encontrarlo que si buscas del que no te guste.

Internet y las redes sociales lo han cambiado todo. Pero todavía nos falta el paso definitivo: que nos permitan trabajar desde casa.

¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 

¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 

Pues eso.

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· Blog de David Blay Tapia.
· Sigue David Blay en twitter.
· ¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? 

viernes, 19 de junio de 2015

Diez años de DesEquiLIBROS

El día 17 de junio de 2015 este blog DesEquiLIBROS. Lectura y Cultura cumplió 10 años en la red. No sé si habrá alguien interesado en saber cómo y por qué se gestó y cómo llegó a convertirse en un proyecto real. Pero tan redondo aniversario me ha parecido un buen momento para contarlo, siquiera sea para los fieles que nos siguen desde entonces o que se han incorporado durante estos años.

En realidad, hace diez años nació el blog; pero la idea de DesEquiLIBROS. Ediciones Digitales había nacido cuatro años antes.

DesEquiLIBROS. Ediciones Digitales. Logo y cabecera 2001

 Todo el mundo recuerda qué estaba haciendo en algunos de los momentos más relevantes o impactantes de su vida. Yo no iba a ser menos. El 11 de septiembre de 2001 (no creo que sea necesario recordar qué sucedió aquel día, ni sus implicaciones posteriores, que todavía persisten) me encontraba terminando de preparar la documentación del Proyecto Final de un Postgrado online en Estudios Avanzados de Edición que había realizado durante el curso académico 2000-2001. El plazo de presentación terminaba y esa misma tarde había que enviarlo con un mensajero al centro docente.

Aproveché la pausa laboral del mediodía para quedarme en el trabajo y terminar de preparar las copias de la memoria, los cederrones con el trabajo digital y el paquete para el envío. Un poco antes de las 15:00 horas (hora peninsular española) estaba todo listo. Y llegó el momento de pasarse al bar de al lado a comer algo rápido antes de reanudar la jornada verpertina.

Pincho de tortilla y café cortado en mano, contemplaba junto a un compañero de trabajo cómo humeaba la torre norte del Word Trade Center de Nueva York. En ese momento todo eran especulaciones pero, de pronto, contemplamos en directo estupefactos cómo un avión embestía contra la torre sur, creando una de las imágenes más icónicas del siglo XX y seguramente de la historia. Así que me resulta difícil no relacionar el 11-S con DesEquiLIBROS: "oficialmente" nació ese día.

El proyecto final de ese Postgrado en Edición era una Editorial Digital, con el propósito de ser
"un foro de expresión libre y plural en el que tienen cabida todas las manifestaciones literarias, creación u opinión, además de aquellas otras manifestaciones artísticas que puedan ser mostradas y reproducidas por medios digitales sin perder su esencia".
Así de ingenua lucía la entrada animada, "optimizada" para 800 x 600, en la que las letras iban apareciendo y la "i" de "desequilibrios" se caía para dejar paso a los LIBROS:


Y así de espléndida se veía la última actualización de la página, allá por 2006

www.desequilibros.com en 2006. Ultima actualización. Ahora en www.desequilibros.com/hemeroteca

Todavía es posible visitar aquellos inicios, aunque algunas imágenes no cargan bien por mor de esas cosas de las migraciones de servidores. Si tienes curiosidad, entra en desequilibros.com/hemeroteca. 

Cómo me gustaba aquella cara amable y circunspecta sacada de un graffiti del barrio alto de Lisboa, que durante años fue la imagen corporativa…

Fueron comienzos muy estimulantes y el reto, fabuloso. El tutor del Postgrado me dijo que si estaba loco, que cuál iba a ser el modelo de negocio, cómo lo iba a distribuir, a captar autores… En 2001 no había redes sociales, ni agregadores de noticias, ni ADSL, ni Wifi, ni smartphones... casi no había ni internet.
No importaba: la idea era poner la web en marcha y no cobrar ni pagar por publicar. El que quisiera podía enviar sus relatos, ensayos o poemas y los publicábamos.

Las primeras aportaciones fueron propias, de familares o amigos: mi hermana Isolina, Giorgio, Javi Millán, Amanda Corrib, Marcos Cogan, Miguel Iguacen, Daniel Caballero… Y con ellas la página ya tuvo algo que mostrar.
A mi hermano Pedro le debo una frase que iluminó más de un claroscuro: "busca una cabeza con la que medirte".

Recuerdo perfectamente el primer relato que envió el primer autor "de verdad". Un escritor novel argentino andaba buscando gárgolas en internet para ilustrar un relato. Y la que encontró estaba colgada en la galería visual de DesEquiLIBROS. Eligió la que le gustó y, de paso, envió su relato para que lo publicáramos en la página. Era a principios de 2002. Nicolás Mavrakis demostró no solo mucha confianza en un proyecto recién nacido sino ser un más que notable narrador.

Poco a poco fueron llegando colaboraciones desinteresadas. Incluso convocamos en 2003 un Concurso de Creación en las modalidades de relato y poesía. El premio, un lote libros donado por la editorial Punto de Lectura, en la que trabajaba mi hermano Ignacio, y que en el caso de los relatos hubo que enviar a Argentina.

Las actualizaciones de la página se hacían de forma trimestral, aprovechando algún puente festivo, en el que Virginia y yo no encerrábamos en el estudio de casa para editar los textos, diseñar portadas y engordar páginas en html con DreamWeaver.
Cuando todo estaba subido al servidor de @Calocen, enviábamos un newsletter a nuestros suscriptores anunciando las novedades.

Pero llegó 2005 y la primera explosión del fenómeno blog, que ya estaba demostrando que era un sistema mucho más versátil, cómodo y rápido de crear, mantener y gestionar una web. Y, además, permitía la interacción directa con los lectores. No soy programador ni había presupuesto para una inversión en desarrollo. Por eso, en vez de "emprender", la actividad siguió como afición, sin la dedicación que seguramente habría merecido. Así nació desequilibros.blogspot.com. Y solo un año después, la web original quedó aparcada y sustituida su actividad por la del blog.

Para los que seguís esta bitácora seguramente tenéis claro que ha evolucionado mucho desde entonces, aunque no renunciamos a aquel espíritu fundacional.

Diez años después del nacimiento del blog y casi quince después del alumbramiento de la idea ha habido situaciones de todo tipo: por un lado, los irrelevantes acoso digital de algún cabezahueca, el baneo temporal de una red social, o el enfrentamiento con algún petulante arrogado de grandeza; por otro, los estimulantes portadas en menéame y otros agregadores, las menciones y colaboraciones en y con blogs, congresos, medios de comunicación, iniciativas educativas y de divulgación cultural o revistas digitales.
Parafraseando a Borges, no me enorgullezco de lo hecho, sino de la gente y proyectos tan interesantes que he conocido.

Si en su momento el proyecto tenía sentido para intentar cubrir un nicho de actividad huérfano, ahora la tiene mucho más, en un momento de marasmo cultural galopante en el que farsantes, santurrones, mequetrefes y todólogos se han apoderado del espacio digital.

Algunos retos hace tiempo que están planteados y espero que acaben por hacerse realidad más temprano que tarde; fundamentalmente cuatro:

- migrar la página desde blogger a un wordpress alojado bajo el dominio desequilibros.com (dominio que de momento aloja contenido destinado a temas profesionales.
- rescatar y volver a publicar todos los materiales de la hemeroteca;
- recopilar en un libro todas las "batallitas" que hemos publicado, como forma de fomento de la lectura;
- abrir la página de forma pública a las colaboraciones de terceros.

¿A quién le importaba esto? Fundamentalmente a mí, pero se lo debía a todos aquellos que de una forma u otra habéis formado parte de DesEquiLIBROS, aunque no lo sepáis: lectores, amigos, colaboradores, comentaristas, visitantes habituales y esporádicos, seguidores en redes sociales... y en general, todos los que alguna vez habéis interactuado con esta página, aunque sea de forma anónima, desde los tiempos heróicos del html hasta la selva digital actual, en la que no es fácil separar la paja del grano. De todos he aprendido y sigo aprendiendo cada día
Es agradable saber que una parte importante de los lectores del blog vienen de hispanoamérica; eso demuestra que la cultura puede saltar las barreras físicas.

Casi cuatro millones de páginas vistas después, nuestro objetivo era y es mostrar puertas que quien quiera pueda atravesar.

Si la globalización ha de tener algún aspecto positivo, que el primero sea la posibilidad de intercambio cultural, intelectual y creativo entre las personas.

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Están los lectores a la altura de lo que leen?

Los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres. Pero hay lectores que tampoco están a la altura del libro que leen; y cuando esto sucede es para mal.

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Nunca he podido enfadarme con alguien mientras lee, aunque esté haciendo dejación de sus funciones, porque el solo acto de abrir un libro y adentrarse en sus páginas y, a poder ser, comprender el mensaje que encierra, merece mi mayor respeto en estos tiempos de lecturas fragmetarias, apresuradas e interesadas.

Tras un libro, sea de la naturaleza que sea, se esconde un diálogo con otra inteligencia. Y la relación ente el lector y el autor es íntima, intransferible, irreal en parte, estimulante siempre.

En general opino que los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres.
Por desgracia, los primeros pueden dar a luz a las segundas, aunque es más extraño que las primeras sean obra de los segundos.
Pero es que todos mostramos una cara distinta en función de si estamos representando al personaje que nos hemos creado para nosotros mismos o de si estamos en la intimidad de los quehaceres cotidianos.

Pero… ¿están los lectores a la altura de lo que leen?

Todo escritor establece una barrera intelectual inicial para seleccionar a sus lectores. El lenguaje, la trama, las referencias veladas, la estructura narrativa, la voz del narrador, los personajes anticlimáticos… nunca son casuales. El autor exige a su lector que sea capaz de sortear esos obstáculos de forma que tenga que incorporar todo su propio bagaje cultural para comprender la obra en toda su extensión.
Y cuánto mayor es éste, mejor es la experiencia lectora.

Eso no quiere decir que sea esta la fórmula del éxito. Al contrario; son legión los leedores que abandonan a las primeras de cambio, incapaces de adentrarse en las procelosas aguas surgidas de la pluma de un vate audaz o de un abstruso escribidor.

Y no es menos cierto que la malla de la red que tiende el autor a veces es tan grosera que permite el paso de ruedas de molino o de camellos en el ojo de la aguja lectora.

Los lectores son soberanos, faltaría más, para hacer los juicios de valor que consideren oportunos respecto de los libros que leen. Gustar o no gustar es subjetivo así que no es posible la unanimidad. Afortunadamente existen los críticos (los buenos críticos, no los egos pagados de sí mismos) que son capaces de desbrozar la maleza y miran el bosque a través de los árboles.
Y sí;  a veces el crítico eleva una obra a los altares o la condena al infierno dantesco, en el sentido literal y literario.
Pero es que lector y crítico no son más que la misma cara de un desdoblamiento de personalidad.

Así como los autores no suelen dejar los destinos de sus obras al capricho del azar, también los lectores deben seleccionar sus lecturas y contrarrestar la aureola de infalibilidad que rodea a los creadores.
De hecho, éstos no existirían sin aquéllos.

Después de haber estado durante un rato "reflexionando fuera del recipiente", en aplicación directa del filtro selectivo que antes les expliqué, pasaré a relatarles el suceso que ha motivado esta disertación.

Acudo a la biblioteca y pido un libro en préstamo. Se trata de un ensayo de un conocido editor y periodista que "indaga sobre la cara más oculta de los creadores, por saber de sus inquietudes, sus ambiciones, angustias y obsesiones".

Independientemente del estilo o de la afinidad con el autor, se trata de un relato en primera persona, basado en experiencias directas y personales sobre toda una vida dedicada a la literatura desde el lado del editor y del crítico.

Pero el libro esconde una desagradable sorpresa: está plagado de anotaciones "de puño y letra" de algún lector anterior; anotaciones cuajadas de juicios de valor, de opiniones personales, de reproches al fondo y a la forma de la narración.

El incotinente anotador ha jugado a ser copista medieval, aplicado en la tarea de expurgar la obra que copia dejando sus opiniones e interpretaciones personales en los márgenes del texto.

Y no contento con todo la anterior, se ha permitido el lujo de tachar algunos párrafos que considera erróneos o con los que, simplemente, no está de acuerdo.

No solo se trata de una felonía hacia un libro público que quedará definitivamente impregnado del tufo del "censor" sino que consigue interrumpir la lectura constantemente con sus observaciones engreídas, petulantes y superficiales.

Desprende este ejercicio "desparasitador" un inevitable efluvio reaccionario, castrador y proselitista; un combate autor-lector que se desarrolla en el cuadrilátero equivocado: allí donde la pataleta queda grabada pero que solo quedará en rabieta anónima y secreta; una voz clamando en el desierto cuyo eco es un absurdo discurso vacuo.

En fin; que los autores pueden no estar a la altura de su obra pero muchos lectores tampoco lo están. Porque no han entendido nada.

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Edito: Si eres un felón que comente este tipo de tropelías, con gusto escucharemos tus motivos.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Leyendo en braille con los labios

La imagen retrata a un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
Fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma que atendía a niños abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Entre esta y la siguiente hay apenas 10 años de distancia. Fueron realizadas por la misma persona y muestran no solo dos realidades diametralmente opuestas sino la evolución personal y profesional de su autor y de la sociedad que retrató.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

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Slim Aarons fue un fotógrafo estadounidense, conocido por retratar a la alta sociedad y a las celebridades del momento.

Una de sus fotos más famosas es la que recoje a los Reyes de Hollywood, Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper y James Stewart, riendo alegremente durante la cena de año nuevo de 1957 en el Romanoff de Beverly Hills.

Kings of Holliwood: Clark Gable, Van Heflin, Gary Cooper, y James Stewart en el Romanoff's de Beverly HIlls, 1957. Foto de Slim Aarons


Su relación con los famosos de Hollywood del momento fue siempre buena, hasta el punto de que su forma de trabajar y su apartamento sirvieron de inspiración para "La ventana indiscreta" de Hitchcock.

Pero Aarons, antes de vivir del mundo de la farándula, y de ser uno de los pioneros de este tipo de "periodismo", fue fotógrafo de guerra, durante la Segunda Guerra Mundial.

Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer
Y esa época me parece mucho más interesante, aunque es verdaderamente difícil encontrar material gráfico de aquellos tiempo. He encontrado una referencia bibliográfica a un libro al que no he podido acceder de ninguna manera: Slim Aarons: from war photographer to celebrity photographer.

Y las búsquedas de imágenes de aquel periodo de guerra no han dado resultados. Se ve que ese material ha quedado sepultado debajo del papel cuché y las crónicas de sociedad.

No puedo reprocharle ese cambio de orientación profesional, si con ello ahuyentó los fantasmas y los horrores vividos durante la contienda.

Y todo esto para mostrarles un documento que refleja aquellos años y que me parece que vale más que mil palabras; palabras que les ahorraré, por innecesarias.

Niño italiano ciego leyendo braille con los labios. 1945. Foto Slim Aarons

Se trata de un chico italiano, ciego y mutilado, leyendo braille con sus labios.
La imagen fue tomada hacia 1945 en un convento de Roma, que atendía a niños fueron abandonados o huérfanos durante la Segunda Guerra Mundial.
(Foto por Slim Aarons / Getty Images).

De esta imagen, y todo lo que evoca, a las crónicas de la buena vida hay un largo trayecto intelectual y profesional.

Me quedo con la primera época.

miércoles, 28 de enero de 2015

Cómo acabar con los escritores (y resucitar la literatura)

Entre las páginas del relato de Roal Dahl El gran gramatizador automático se encuentra escondida la visionaria solución para terminar con los (mediocres) escritores y resucitar la (buena) literatura: tecnología aplicada, visión empresarial, modelo agresivo de negocio, ventajosos contratos editoriales y…

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El obituario de la literatura se ha escrito en numerosas ocasiones. La más lucida que he leído últimamanete es la que escribió @olahjl hace ya algún tiempo y que tenía el definitorio título de La muerte de la literatura.

Pero tengo la solución. Y vengo hoy a compartirla con ustedes. Se encuentra escondida en las páginas de un relato de Roal Dahl: El gran gramatizador automático.

A Roal Dahl se le suele asociar con literatura infantil y juvenil. Pero no es del todo justo.

El hecho de que muchos de sus personajes sean niños, (los casos más notables son la consumada lectora Matilda y la cinematográfica Charlie y la fábrica de chocolate), no significa que sus historias sea infantiles.

De hecho, tiene multitud de relatos que nada tienen de infantil aunque su lectura sí pueda ser perfectamente recomendable para adolescentes con cierta inquietud literaria.

Pero volvamos al Gran gramatizador automático y a la solución que plantea para resucitar a la literatura.
Se lo explico, aun a riesgo de destripar la trama de un texto que, de todas formas, #RecomiendoLeer.

La idea es sencilla.
La empresa que dirije el Señor Bohlen acaba de construir una máquina sin par:
“Acaba de concluirse la construcción de la gran calculadora automática, encargada por el gobierno hace algún tiempo. Probablemente se trate de la calculadora automática más rápida que existe actualmente en el mundo. En cinco segundos da la respuesta correcta a un problema que un matemático tardaría un mes en descifrar”.
Pero su principal desarrollador, Adolph Knipe, no está contento,  porque él, en realidad, lo que quiere es ser escritor. Pasa sus ratos libres dedicado a escribir relatos que envía compulsivamente a las revistas con la esperanza de que se los publiquen. Esperanza que nunca se ve satisfecha.

Y un día, frente a su máquina de escribir tiene una brillante revelación:
"…una idea fantástica, pero tan impracticable que en realidad no merece la pena pensar en ella".
que básicamente consiste en que
…podrá construirse una máquina con el mismo sistema que la calculadora electrónica, transformándola de modo que colocase palabras en un orden determinado en lugar de números, acorde con las reglas gramaticales. Se introducen verbos, nombres, adjetivos y pronombres; se almacenan en la selección de memoria a modo de vocabulario, y con un mecanismo adecuado se extraen cuando sea necesario.
Tras quince días de intenso trabajo le presenta su idea a su jefe el Señor Bohlen.
Como podrán imaginar, no se lo toma muy en serio. Su principal objeción, como buen empresario, es "¿qué dinero nos producirá?".

La respuesta es sencilla, a la par que brillante:
Verá, con mi máquina, gracias a un coordinador adaptado entre la sección de “memoria” de argumentos” y la de “memoria de palabras”, puedo producir cualquier tipo de relato que quiera, simplemente apretando el botón correspondiente.
Esta máquina puede producir un relato de cinco mil palabras, mecanografiarlo y terminarlo en treinta segundos. ¿Cómo pueden competir con ella los escritores?
Y es ahora cuando el relato se vuelve visionario cuando predice la actual situación de la literatura:
Hoy en día un artículo hecho a mano no tiene ningún porvenir. No puede competir con la producción en serie, sobre todo en este país, y usted lo sabe.
A nadie le importa cómo se hacen las cosas con tal de que se vendan. ¡Los venderemos al por mayor! ¡Rebajaremos los precios para competir con todos los escritores del país! ¡Acapararemos el mercado!
Roal DahlTras hacer unos cálculos sobre el dinero que cobran los autores por publicar un relato y una estimación de la aceptación que tendrían sus producciones en serie, la conclusión es que será un buen negocio. Y así es como el Señor Bohlen accede a construir la máquina.

Deciden montar una agencia literaria, con nombres de autores ficticios, desde la que mandarán sus originales automáticos a las revistas y gestionarán los ingresos. Así parecerá juego limpio. Y para aportar más veracidad a su iniciativa, algunos de los relatos irán firmados por ellos mismos.

Excuso decirles que, después de unos primeros intentos de prueba, el invento acaba por funcionar a la perfección. De los trece primeros relatos que enviaron, seis fueron aceptados de inmediato, tales eran la calidad literaria y la solidez de los argumentos.

En vista del éxito, el Señor Bohlen, llevado por su nueva ambición de escritor de éxito, decide darle una vuelta de tuerca al proyecto:
- quiero escribir una novela
Y así fue como la máquina fue transformada para que escribiera novelas, con un sistema de control fantástico que permitía al autor, literalmente, preseleccionar cualquier clase de argumento y de estilo.
…al pulsar uno de los botones principales, el autor tomaba la primera decisión para incluir la novela en una de las siguientes categorías: histórica, satírica, filosófica, política, romántica, erótica, humorística.
Después, entre la segunda fila de botones (que eran los básicos), elegía el tema: vida militar, época de los pioneros, guerra civil, guerra mundial, problema racial, salvaje oeste, vida en el campo, recuerdos de infancia, vida en el mar, fondo del mar y muchísimos más.
La tercera fila de botones permitía elegir el estilo literario: clásico, fantástico, picante, Hemingway, Faulkner, Joyce, femenino, etc.
La cuarta fila era para los personajes; la quinta, para el léxico, y así sucesivamente, hasta diez largas filas de botones de preselección.
Pero esto no era todo, mediante un sistema podía matizar o mezclar continuamente cincuenta elementos distintos y variables, tales como tensión, sorpresa, humor, patetismo y misterio.
A partir de este punto el Señor Bohlen y Adolph Knipe comienzan a intercambiar sus papeles. El que antes era el empresario preocupado por la rentabilidad del proyecto se transforma en un ambicioso creador, ávido de reconocimiento literario; y el escritor con ínfulas demuestra un inusitado talento para los negocios.

Y ese talento se pone en marcha con la estrategia de comprar a todos los escritores; y si no se venden, se les aplasta.
Tengo una lista de los cincuenta escritores de mayor éxito del país, y lo que he pensado es ofrecerles a cada uno un contrato de por vida. Lo único que tienen que hacer es comprometerse a no volver a escribir ni una palabra y, naturalmente, permitirnos que firmemos nuestra producción con sus nombres.
Tras algunas negociaciones fallidas, al cabo de unos pocos meses el setenta por ciento de los escritores de su lista había accedido a firma el contrato.
– ¿Sabe usted por qué ha firmado?
– ¿Por qué?
– No es por el dinero. Le sobra.
– ¿Entonces?
– Porque ha visto que el material hecho a máquina es mejor que el suyo.
Trancurrido un año, la mitad de los relatos y novelas publicados eran obra de Adolph Knipe con el Gran Gramatizador Automático.
Y a medida que se divulgaba el secreto aumentaba el número de los autores que corrían a asociarse con el señor Knipe, y así el tornillo se iba apretando con más fuerza sobre los que no se deciden a firmar.

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La historia termina con Dahl hablando en primera persona de esta aterradora manera:
En este preciso momento, mientras oigo los alaridos de hambre de mis nueve hijos en la otra habitación, noto que mi mano se acerca más y más a ese contrato dorado que está al otro lado de la mesa. 
¡Oh, Señor, danos fuerzas para dejar que nuestros hijos mueran de hambre
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Lo mismo este relato le aporta una idea de negocio a la gente de Molino de Ideas.
Solo espero que, si lo ponen en práctica, me nombren director de la agencia literaria que creen para llevar a cabo su tarea.

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Para leer más:
• Roal Dahl: El gran gramatizador automático.
Profesor en la Secundaria. Blog
Mariano José de Larra: Literatura.  Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra. Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe. El Español. Diario de las Doctrinas y los Intereses Sociales, n.º 79, lunes 18 de enero de 1836, Madrid.

Larra. Facsímil del su artículo "Literatura"
Mariano José de Larra: Literatura.  Rápida ojeada sobre la historia e índole de la nuestra.
Su estado actual. Su porvenir. Profesión de fe
.
Facsímil del original publicado en El Español. Diario de las Doctrinas y los Intereses Sociales,
n.º 79, lunes 18 de enero de 1836, Madrid.

martes, 13 de enero de 2015

¡No habéis hecho nada!

Víctor Hugo simultaneó su actividad literaria con la militancia política. Su "Discurso contra la miseria", pronunciado ante la Asamblea legislativa francesa el 9 de julio de 1849, sobrecoge por su vigencia más de 150 años después.

"Habéis salvado la sociedad regular, el Gobierno legal, las instituciones, la paz pública, la civilización misma. Habéis realizado un hecho importante… ¡Pues bien, no habéis hecho nada! ¡Habéis hecho leyes contra la anarquía, haced ahora leyes contra la miseria!"

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Leer a los clásicos es importante porque sus palabras, aun pasados siglos, milenios incluso, siguen vigentes.
Esto da idea de hasta qué punto nuestra superioridad moral occidental, pese a su innegable y positiva evolución en muchos aspectos, no ha conseguido solucionar los principales problemas de las personas y cómo los políticos siguen empeñados en prestar más atención a matener el statu quo y su posición dominante en vez de dar protagonismo a la sociedad a la que representan.

Victor Hugo es uno de esos clásicos a los que conviene revisitar con frecuencia: por su proximidad temporal, por la trascendencia de la época en la que vivió y con la que se comprometió -en la que se fraguaron los cimientos de nuestro actual ordenamiento jurídico y social- y por la sorprendente actualidad de sus palabras.

Fotografía de Víctor Hugo
Hugo es uno de esos escritores que simultanearon su actividad literaria con la militancia y el compromiso políticos, sin que acabe de quedar claro qué fue primero, si la literatura o la política.

Y conviene releerlo por discursos como este, pronunciado en la Asamblea legislativa de la II República Francesa el 9 de julio de 1849, con motivo del debate legislativo sobre la creación de una Comisión para "preparar y examinar las leyes relativas a los socorros populares".

Lean y díganme si no parece sacado de algún debate reciente, y cambien los términos que crean obsoletos por los más actuales:
"…quisiera que esta Asamblea no tuviese más que una solo alma para marchar hacia ese grande, hacia ese magnífico, hacia ese sublime objeto ¡la abolición de la miseria!"
"…acabáis, con el concurso de la Guardia Nacional, del ejército y de todas las fuerzas vivas del país, acabáis de afirmar el estado… No habéis retrocedido ante ningún peligro, no habéis tutubeado ante ningún deber. Habéis salvado la sociedad regular, el Gobierno legal, las instituciones, la paz pública, la civilización misma. Habéis realizado un hecho importante… ¡Pues bien, no habéis hecho nada!"
"¡Nada habéis hecho en tanto que el pueblo sufra!
¡Nada habéis hecho en tanto que por debajo de vosotros haya una parte del pueblo desesperada!
¡Nada habéis hecho en tanto que los que están en toda la fuerza de su edad y que trabajan puedan encontrarse sin pan;
En tanto que aquellos que son viejos y han trabajado puedan encontrarse sin asilo;
En tanto que la usura devore nuestros campos;
En tanto que haya quien muera de hambre en nuestras ciudades;
En tanto que no haya leyes fraternales que vengan de todas partes en auxilio de las familias pobres y honradas, de los buenos campesinos, de los buenos obreros, de las gentes de corazón".
"¡Nada habéis hecho en tanto que el espiritu de la Revolución (francesa) tenga por auxiliar el sufrimiento público!"
"¡Habéis hecho leyes contra la anarquía, haced ahora leyes contra la miseria!"

Permítanme que termine con una de sus frases más manoseadas pero no por ello menos reveladora:
Atreveos; el progreso solamente se logra así.
¿Le suena, verdad?
Pues tiene 150 años.

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Firma de Víctor Hugo





Víctor Hugo. 9 de julio de 1849.
Détruire la misère. Fragmento original en francés.
Discurso sobre la miseria. Transcripción completa en castellano, en pdf.

lunes, 12 de enero de 2015

Érase una vez… una vela; Once upon a Candle

Érase una vez… una vela

Once upon a candle.

Ya sé que no lo váis a hacer, pero os recomiendo que veáis este vídeo.



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Mi amigo Unai me felicitó el año con este edificante regalo.
Muchas gracias, aunque sea con retraso.

Podéis seguirle
Twitter: @UtahNutria
Facebook: Unai Tahini
G+: Utah Nutria
Su blog:  El Instinto de la Nutria.

martes, 7 de octubre de 2014

¡Hay que leer!

A veces, el fomento de la lectura transita por caminos inescrutables.

Como este brillante mensaje que da la bienvenida a una de las librerías Low Cost Re-Read.

En concreto en Re-Read Gran Vía, en Barcelona.

Y es que hay que leer más.



Gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta
 sin saber que fue un romance de 3 días y 6 muertos.

¡HAY QUE LEER!

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Lo ví en el twitter de Alicia R. de Paz.

viernes, 3 de octubre de 2014

El periodismo SMERSH: Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda

Tras el caso watergate, todos los medios de comunicación han denominado a los escándalos posteriores con el sufijo -gate.  Y es que fue sin duda el momento cumbre del periodismo del s. XX.

Pero pasados unos años, el público ya se había cansado de tanta política en los medios, así que los "cerebros" de las redacciones decidieron modificar su estrategia y comenzaron a incluir entre sus contenidos aquellos que interesaban más a sus lectores.

Así nació lo que Howard Simons denominó SMERSH: Science, Medicine, Education, Religion  and all that SHit

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El caso watergate es seguramente el hito más relevante del periodismo del siglo XX, hasta el punto de que a todo escándalo posterior se le ha puesto el sufijo -gate para denominarlo. Y no hay medio que no busque de una forma u otra su propio watergate, aun a costa de perder la obligada deontología periodística.

Eran los tiempos en los que se creía firmemente en que la verdadera temperatura del periodismo la proporcionaba la política.

Katharine Graham, Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Benjamin Bradlee
 Graham,  Bernstein,  Woodward,  Simons y Bradlee
Ben Bradlee era el director del Washington Post en aquellos años; y lo siguió siendo hasta 1991. Y fueron él y la editora Katharine Graham, los que facilitaron la labor de Bob Woodward y Carl Bernstein, labor que, como todo el mundo sabe, acabó provocando la dimisión del Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Los estadounidenses, muy dados a glorificar a sus héroes a través del cine, elevaron a la categoría de mito a los protagonistas de aquellos hechos en Todos los hombres del presidente.

Pero pasados unos años del watergate, el público comienza a agotarse: la magnitud de los escándalos destapados palidecen bajo la alargada sombra de las consecuencias del watergate, las ventas de la prensa escrita bajan y el prestigio de los medios y de los reporteros no consigue remontar en los índices de popularidad.

Así que los medios, Washinton Post incluido, inician un proceso de brainstorming para conseguir dar la vuelta a la situación. La conclusión fue que había que hablar menos de politica y más de noticias de "sociedad", más próximas a las inquietudes y necesidades de los lectores.

De esta forma fueron naciendo suplementos de todo tipo que abordaban ese "otro tipo de noticias" ajenas a la política y más cercanas a los consumidores.

Howard Simons, editor del Post e invertor del término, los denominó, en el argot interno, SMERSH:
Science, Medicine, Education, Religion and all that SHit
En román paladino, Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda.

Se trató de una especie de concesión, de un sacrificio que había que hacer un día a la semana para poder dedicarse los otros seis a lo verdaderamente "importante".

Y a día de hoy todos los medios siguen haciendo un enorme esfuerzo en consolidar y aumentar este tipo de contenidos entre su oferta informativa, con mayor o menor acierto.

Ben Bradlee; "la vida de un periodista"
Ben Bradlee tuvo a bien escribir sus memorias. Y en ellas contó muchas de las peripecias del diario, del proceso watergate y de otros entresijos de su vida como periodista. Una de estas intimidades es la que sirve de excusa para este apunte.

Pero sobre todo, supone una reflexión en primera persona sobre el Periodismo, su independencia, su diginidad y, de paso, sobre su consolidación (y necesidad) como "cuarto poder", término que, para quien todavía no se haya enterado, hace referencia, por oposición, a la separación de poderes públicos en tres, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que quedaron acuñados en la Ilustración y que son la base de todo sistema democrático.

Las memorias de Bradlee deberían servir de referencia a periodistas y políticos para distinguir lo público de lo privado, aquello que es, y lo que no es, noticia. En este debate todavía nos encontramos, y seguramente seguiremos en los próximos años. Pero no está de más acudir a los referentes acreditados sobre la materia.

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Bibliografía:

• Ben Bradlee; la vida de un periodista. El País/Aguilar. Madrid (1996).
• La vida de un periodista. Artículo de José Luis Gallero para ABC.
Big Ben.

martes, 2 de septiembre de 2014

"Éxito" de la iniciativa de convertir la Pza de España de Sevilla en biblioteca al aire libre: desaparecen todos los libros

El pasado 21 de agosto, la editorial Punto Rojo decidió donar 1900 ejemplares y colocarlos en la Plaza de España de Sevilla con el fin de recuperar el deseo de su arquitecto, Aníbal González, de convertirla en una biblioteca al aire libre y en punto de encuentro cultural.

Menos de 2 semanas después han desaparecido… TODOS.

La idea era recuperar la idea del diseño original de 1914, según el cuál los anaqueles que hay al lado de los bancos que representan las provincias, servirían para albergar libros que estarían a disposición del público.
Así la plaza se convertiría en una blbioteca al aire libre y en un punto de encuentro cultural de la ciudad.

Foto: EFE, vía teinteresa.es

100 años después, finalmente, y por inciativa de la Editorial Punto Rojo, esos anaqueles iban a dejar de estar vacíos y servir para lo que fueron concebidos: que estuvieran llenos de libros y que quien quisiera pudiera disfrutar de su lectura libremente.

Dos semanas después ha desaparecido todos.

Dice César Rufino en su artículo el elcorreoweb.es que se veía venir.
Y añade:
"Si se puede considerar como fomento de la lectura el que los paisanos se enfunden una novela bajo la axila y salgan pitando con ella rumbo a su casa silbando… el resultado de la operación no admite otro calificativo que el de éxito rotundo. 
Pero si lo que se pretendía era dejar una biblioteca al aire libre para el solaz de los visitantes y las generaciones venideras, el diagnóstico se hace algo más difícil de comunicar al paciente, que es, precisamente, la Sevilla interesada por la cultura.
Aunque hay una forma optimista de decirlo: bastante que han durado".
De nada ha servido la confianza del editor en la honradez de los sevillanos; ni su llamamiento a instituciones y particulares para que contribuyeran a ampliar los fondos de tan particular biblioteca.

Poco sospechaba Aníbal González, el arquitecto, este desenlace, él "que soñaba con ver esas baldas rebosantes de obras literarias, en el contexto de una sociedad civilizada capaz de tomar un libro, leerlo y volver a dejarlo donde estaba".

Pues no ha sido así. Y de la biblioteca al aire libre solo ha quedado el aire libre. Muy español

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Fuente: Ni un solo libro en la Plaza de España.

miércoles, 9 de julio de 2014

La certeza “matemática” de ser valorado por sus propios méritos

Las matemáticas son una gran conquista del espíritu humano, pero al servicio de la deshumanización de una sociedad o una economía álgidamente perfectas pueden ser muy muy peligrosas...

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Vuelve el interés por Hans Fallada (1893-1947, seudónimo de Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen) que en sus libros nos hace vivir la atmósfera en Alemania en los años de la República de Weimar que acabaron con la llegada de Hitler al poder.

Este escritor alemán fue traducido en España en los años treinta, pero ahora tenemos ediciones recientes de sus libros: quizá porque nos hablan también de nuestra época, con sus recetas para “racionalizar” las empresas y las economías de países enteros, y su ilusión de presuntas certezas matemáticas, como las de los modelos financieros que fueron una causa importante de la crisis económica iniciada en septiembre de 2008 (descrita genialmente en la película Margin Call o El precio de la codicia).

La Alemania de los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, aun con las consecuencias de la derrota, era el país pionero en la aplicación de la racionalización matemática, con técnicas de vanguardia, por ejemplo, en el control estadístico de calidad y la organización de las redes de almacenamiento y distribución en la industria o en los flujos del servicio postal.

Fallada nos explica cómo esta mentalidad empapa la vida de cada día de los alemanes en su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué?: un día el protagonista, al volver a casa, cuenta a su mujer, a la que llama afectuosamente Corderita, que hay novedades en Mandel, la tienda (con muchos dependientes) en la que trabaja:
– Han contratado a un supervisor. Se encargará de reorganizar toda la empresa, medidas de ahorro y tal.
– Pues en vuestros sueldos no pueden ahorrar.
– Cualquiera sabe lo que piensan ellos... Ya se le ocurrirá algo. Lasch ha oído que va a cobrar tres mil marcos al mes.
– ¿Qué? –Exclama Corderita–. Tres mil marcos, ¿y a eso llama ahorrar Mandel?
– Sí, pero él tiene que ganárselos, ya encontrará el modo.
– Pero ¿cómo?
– Dicen que en nuestra empresa van a poner a cada vendedor una cuota fija, tanto y cuanto tienes que vender, y el que no lo consiga, a la calle.
– ¡Me parece una canallada!¿Y si no acuden clientes? ¿Y si no tienen dinero? ¿Y si no les gusta vuestro género? ¡Eso no debería estar permitido!
– Pues lo está – recalca Pinneberg –. Y están todos enloquecidos. Lo llaman razonable y ahorrativo, así averiguan quién no vale. Todo es una mierda. Lasch, por ejemplo, está un poco asustado. Hoy mismo ha comentado que como verifiquen su talonario de ventas, estará todo el tiempo atemorizado por si lo consigue o no... y entonces de puro miedo no venderá nada.
– Además eso da igual – dice Corderita echando chispas –. Aunque él realmente no venda tanto ni sea tan eficaz, ¿qué clase de gente es esa que por ese motivo arrebata a una persona cualquier posibilidad de ganancia, de trabajo y de alegría de vivir? ¿Acaso pretenden borrar del mapa a los más débiles?¡Mira que valorar a una persona por los pantalones que sea capaz de vender?
– ¡Madre mía! – exclama Pinneberg –, hay que ver cómo te pones, Corderita...
– Es verdad, esas cosas me sacan de mis casillas.
– Pero ellos dicen que no pagan a una persona por ser buena, sino por vender muchos pantalones.
– Eso no es cierto – arguye Corderita –. Eso no es cierto, chico. Ellos quieren que las personas sean decentes. Pero lo que hacen ahora, con los obreros ya hace mucho y ahora también con nosotros, es crear un montón de animales feroces, y ya verán lo que es bueno, chico, te lo aseguro.
– Desde luego que lo verán –. La mayoría de nosotros ya son nazis.
¿A eso llama ahorrar Mandel? – exclama la protagonista ante el supersueldo del nuevo fichaje. La ironía un poco amarga de Fallada se vislumbra a través del encantador personaje de la protagonista. Pasa un poco de tiempo y del nuevo “manager” (como diríamos ahora) no hay noticias; pero en realidad está estudiando, y al fin llega con su receta para el éxito:
Enero, sin embargo, fue un mes sombrío, oscuro, depresivo. En diciembre, el señor Spannfuss, el nuevo supervisor de la firma Mandel, se había limitado a estudiar por encima la empresa, pero en  enero empezó su labor a pleno rendimiento. El cupo de ventas para cada vendedor, su recaudación, quedó fijado en confección de caballeros en veinte veces el salario mensual. El señor Spannfuss lo justificó con un breve discurso, aduciendo que obraban así en interés de los empleados, pues ahora cada uno de ellos tendría la certeza matemática de que sería valorado por sus propios méritos.

– ¡Se han terminado las zalamerías y las adulaciones, la coba a los superiores, tan perniciosa para la moral! – exclamó el señor Spannfuss
–. ¡Denme su talonario de caja y sabré qué tipo de hombre son!
Para saber los efectos de tanta certeza matemática y moral en el pequeño mundo de los protagonistas hay que leerse la novela (publicada ahora por la editorial Maeva, de cuya traducción hemos citado); como acabamos de ver, en esta novela, publicada en el 1932, Fallada alude discretamente a la adhesión al nazismo (y en la misma conversación, más adelante, se alude a la alternativa de entonces, el comunismo).

Pero volviendo a la cuestión general, querría recordar que la matemática industrial alemana ayuda a explicar la perfecta organización de la red de campos de concentración y de la operación de deportación y eliminación física de la Alemania nazi –ayudada por la tecnología de la información proporcionada por una filial alemana de la IBM (interesante lectura al respecto es el libro IBM y el Holocausto, de Edwin Black, en castellano publicado por la editorial Atlántida de Buenos Aires, 2001).

Otro ejemplo importante pero menos estudiado es la Unión Soviética que en los años treinta vivió una industrialización acelerada.

Las matemáticas son una gran conquista del espíritu humano, pero al servicio de la deshumanización de una sociedad o una economía álgidamente perfectas pueden ser muy muy peligrosas...

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Ana Millán Gasca.
Investigadora en Historia de la Ciencia y de la Técnica.
Profesora de matemáticas del Departamento de Educación de la Universidad Roma III
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