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miércoles, 30 de mayo de 2018

James era Jan. Jan Morris: la cronista de la conquista del Everest

"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida". 

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James Morris saluda a Hillary
James Morris saluda a Hillary
después del éxito en el Everest. 30 mayo 1953
El Everest fue escalado por primera vez el 29 de mayo de 1953. Pero, por temor a una filtración de la exclusiva, no podían usar la radio para comunicar el éxito así que el resto del equipo se enteró al día siguiente, cuando, en el descenso, los propios alpinistas de altura lo pudieron decir en persona.

El enviado especial del diaro "The Times", patrocinador de la expedición, era James Morris. Escritor e historiador, acompañó a la British Mount Everest Expedition en calidad de observador, y se encontraba el día 30 de mayo en el campo IV, a unos 6700 m, cuando recibió la noticia del éxito de Hillary y Tenzing del día anterior. Él se encargó de comunicarla al resto del mundo mediante un ingenioso sistema de codificación del mensaje que permitió que se publicara el día 2 de junio, coincidiendo con la coronación de Isabel II.

Reunión de miembros de la Expedición de 1953
Hoy James Morris es Jan Morris, escritora e historiadora, tras someterse a uno de los primeros procesos de cambio de sexo. Morris se había casado en 1949 y tuvo cinco hijos. Pero a mediados de los sesenta decidió afrontar la realidad de que realmente se sentía mujer y comenzó su tratamiento para cambiar de sexo, que culminó en 1972.

Como las leyes inglesas le obligaban a divorciarse de su mujer, Elizabeth, para realizar la operación tuvo que desplazarse en Marruecos. A la vuelta no quedó más remedio que regularizar esa anómala situación porque la legislación británica no permitía los matrimonios de personas del miso sexo.

Jan Morris y su mujer Elizabeth
Jan Morris y su mujer Elizabeth
De todas formas, Elizabeth y Jan siempre permanecieron juntos y en 2008, con el cambio de legislación, se casaron de nuevo en una ceremonia civil.
En 1974 Jan Morris publicó un libro autobiográfico titulado Conundrum en el que narró su experiencia personal de transexualidad. Comienza:
"Tenía tres o tal vez cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña. Recuerdo bien el momento y es el recuerdo más antiguo de mi vida".
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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf. Ilustraciones de Xurxo Vazquez.
Ni tontas ni locas. Portada libro

jueves, 24 de mayo de 2018

Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer

Pese al grueso calibre de los desprecios que han dedicado a las mujeres filósofos e intelectuales de todas las épocas, si algo han demostrado las mujeres a lo largo de la historia es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en este libro.

Ni tontas ni locas
Ni tontas ni locas.
En él encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. Virginia Woolf acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.

Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

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"Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre; y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer". Palabra de Pitágoras.

Y la palabra de Confucio es que “tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido".

Dice San Pablo en su primera Carta a los Corintios, versículos 34 y 35:
34 Como en todas las iglesias de los santos, que las mujeres callen en las asambleas, pues no se les está permitido hablar; más bien, que se sometan, como dice incluso la ley.
35 Pero si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues es indecoroso que las mujeres hablen en la asamblea”.

San Agustín era de la opinión de que “las mujeres no debe ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones”.

Que “la mujer no es más que un hombre imperfecto” es de la cosecha de Averroes, pero ya Aristóteles había dicho lo mismo unos mil quinientos años antes.

De Santo Tomás de Aquino es la sentencia: ”…fue necesario crear a la hembra como compañera del hombre en la única tarea de la procreación, ya que para el resto, el hombre encontrará ayudantes más válidos en otros hombres”.

Y de Martín Lutero son las palabras "aunque se agoten y se mueran de tanto parir, no importa, que se mueran de parir, para eso existen".

Erasmo de Rotterdam explicaba en su Elogio de la locura que "la mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso”, cuyo destino en la vida es “sazonar y endulzar” con su estupidez la tristeza del carácter varonil; y “si, por casualidad, alguna mujer quisiere ser tenida por sabia, no conseguiría sino ser doblemente necia”; justifica el proverbio clásico de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda” para concluir que “la mujer siempre será mujer, o sea loca, por muchos esfuerzos que realice para ocultarlo”.

Fray Luis de León afirmaba en La perfecta casada que la mujer fue hecha “para un solo oficio simple y doméstico”, y que “la naturaleza les limitó el entender, y por consiguiente, les tasó las palabras y las razones”.

Voltarie el ilustrado, el mismo que sostenía que “No todos los ciudadanos de un Estado pueden ser igual de poderosos, pero deberían ser igual de libres”, en su Diccionario filosófico, sentenciaba que las mujeres "han nacido para agradar y para ser el adorno de las sociedades; y parece que han sido creadas para suavizar las costumbres de los hombres".

Y Balzac era de la opinión de que “por muchas razones, no es bueno que la mujer estudie y sepa tanto”.

 La lista es larga… tal era la consideración hacia la mujer. Y, como ven, el arsenal utilizado durante siglos ha sido de grueso calibre y el fuego, proveniente de los más diversos frentes. Pero a pesar de todo ha habido a lo largo de la historia muchas mujeres que rompieron el molde y aplicaron, pese a todas las dificultades, la máxima de Virginia Woolf de que “no hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”: todas derribaron barreras o marcaron el camino aunque corrieran suerte desigual.

Hablar a tontas y a locas es expresión antigua y siempre con doble sentido. Ya el prólogo del Quijote contiene unos versos donde Urganda la Desconocida, la maga protectora del Amadís de Gaula, previene al autor, Cervantes, de que debe andarse con tiento y dejarse de frivolidades porque “el que saca a la luz pape-(les) / para entretener donce-(llas) / escribe a tontas y a lo-(cas)”.

Luis Quiñones Benavente, en su Entremés cantado. El soldado, termina:
De aquestas palabras pocas,
no os agraviéis, damas, no;
que ya se sabe que yo
lo digo a tontas y a locas. 
 Y Juan de Robles, en El culto sevillano, retrata una escena en la que el fraile Juan Farfán se ve comprometido y cómo sale del paso: ·Convidáronle ciertas monjas para predicarles un sermón grave, dándole poco lugar de estudiar. Subióse al púlpito y escusóse de ello y remató la escusa diciendo: "Pero, al fin, hoy predicaremos a tontas y a locas, como pudiéramos".

Se ve que nuestro flamante premio Nobel Jacinto Benavente se inspiró en este último pasaje para declinar la invitación que le cursó el Lyceum Club Femenino, auténtico foro de la intelectualidad española de nuestra Edad de Plata, para que impartiese una conferencia. Premura y desdén inspiraron un “No tengo tiempo; no puedo dar una conferencia a tontas y a locas”.

Pero si algo han demostrado las mujeres de todas las épocas es que no han sido ni tontas ni locas. Y eso es lo que hemos querido reflejar en estas páginas. En ellas encontrarás artistas, científicas, inventoras, escritoras, soldados, exploradoras, víctimas y heroínas de todas las épocas, precursoras y referentes en sus respectivos campos. Algunas son bastante conocidas pero imprescindibles; otras, actuales por revisiones recientes; y otras muchas casi completamente anónimas. La recopilación no pretende ser enciclopédica ni sistemática sino reivindicativa aun a sabiendas de que son mayores las ausencias que las presencias. De nuevo es Virginia Woolf la que acertó en el diagnóstico en Una habitación propia: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”.













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Javier Sanz, Rafael Ballesteros Díaz; Ni tontas ni locas. Cuando anónimo era sinónimo de mujer. Ed. Oberon. 2018
Prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.
Ilustraciones de Xurxo Vazquez.

• Entrevista en RNE en el programa Gente despierta, con Carles Mesa
• Entrevista en Aragon Radio en el programa #Escuchate. (min 36:30)

martes, 15 de mayo de 2018

Williamina Fleming: computadora de Harvard

Williamina Fleming nació un 15 de mayo. Fue la primera supervisora del equipo de "Computadoras de Harvard", también conocidas como el "Harem de Pickering". Las aportaciones de este equipo de mujeres fueron fundamentales para la astronomía moderna.

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Henry Draper fue un reconocido médico de la segunda mitad del siglo XIX, pero además de la medicina tenía otras pasiones: la astronomía y la fotografía. Fusionando ambas desarrolló la técnica de fabricación de telescopios y la de capturar las observaciones en placas fotográficas. Otro célebre médico, que llegó a Premio Nobel, fue también pionero de la fotografía en España. Tras la muerte de Draper en 1882 su viuda legó todo su trabajo y una importante suma de dinero para financiar la realización de un catálogo estelar, basado en las fotografías obtenidas de las estrellas, que llevara el nombre de Henry Draper y que todavía sigue vigente. Esa tarea recayó en el director del Observatorio de Harvard, Charles Pickering. Con esa aportación económica decidió contratar personal para la catalogación y clasificación de todo el material existente y el nuevo que se iba añadiendo tras las nuevas observaciones.

Y contrató mujeres. ¿Por qué se le ocurriría hacer tal cosa, en unos tiempos en los que la mujer solo podía aspirar a tareas domésticas, a trabajar en alguna fábrica o, como mucho, a ser maestras o enfermeras? Los motivos fueron de diversa índole: por un lado, que no estaba satisfecho con el rendimiento de su personal masculino, desbordado por la cantidad de datos que tenía que procesar; por otro, la diligencia y precisión con las que las mujeres desarrollaban habitualmente su trabajo; y no menos importante, que el salario que había que pagarles era sustancialmente inferior al que la universidad hubiera tenido que pagar a un hombre. Así es como entró a formar parte del proyecto Williamina Fleming, la primera mujer contratada por Pickering, que era su ama de llaves. Williamina poseía una aceptable educación y había ejercido de maestra, pero cuando su marido la abandonó tuvo que buscar un trabajo de asistencia doméstica y entró a trabajar para el astrónomo. Era 1881.

Más allá del trabajo rutinario de gestión, algunas de estas mujeres merecen el reconocimiento individual por sus aportaciones fundamentales al campo de la astronomía. La mencionada Williamina Fleming fue la primera supervisora del equipo, encargada entre otras cosas de entrevistar y contratar a nuevas candidatas, y la responsable de crear el sistema básico de clasificación de las estrellas. Es probable que hayan oído hablar de la Nebulosa Cabeza de Caballo o que hayan visto su imagen en algún documental; pues bien, fue Williamina su descubridora.

A lo largo de su carrera descubrió personalmente numerosos objetos estelares como novas, nebulosas, estrellas variables y a ella debemos el descubrimiento de un tipo de estrellas, conocidas como enanas blancas. Su nombre no apareció en los créditos del primer Catalogo Índice de Nebulosas y Cúmulos de Estrellas por obra y gracia de su responsable, John Dreyer, que atribuyó todo el mérito a Pickering. Afortunadamente, la segunda edición del Catálogo sí le otorgó el justo reconocimiento.

En 1906 se convirtió en miembro honorario (las mujeres no podían ser miembros de pleno derecho) de la Royal Astronomical Sociey of London. Sus aportaciones merecieron el honor de que un cráter de la Luna lleve su apellido, aunque ex aequo con el descubridor de la penicilina.

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Este texto es un fragmento del libro Ni tontas ni locas, de Javier Sanz, de Historias de la historia, y este que les habla publicado por Oberon, con prólogo de Elisenda Roca, Olga Viza, Estrella Montolío y Rosa María Calaf.

lunes, 23 de octubre de 2017

Jerzy Kukuczka. In memoriam

Un 24 de octubre, de 1989, fallecía en la pared sur del Lhotse uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos: el polaco Jerzy Kukuczka. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

Caida de Jerzy Kukuczka
Fotograma de la caída de Jerzy Kukuczka
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El Lhotse ya había visto la cara más exitosa del gran alpinismo de la época porque Reinhold Messner culminó en ella la proeza de ser primer hombre en ascender a las catorce cimas de más de ochomil metros.  Por desgracia, también mostraría su rostro más amargo cuando se cobró la vida, el 24 de octubre de 1989, del gran Jerzy Kukuczka, que había sido el segundo en lograr los catorce ochomiles en singular batalla con Messner.

Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles
Jerzy Kukuczka celebrando la consecución de los 14 ochomiles

Unos días antes el propio Kukuczka había descrito en su diario, encontrado tras su muerte, un accidente del que salió indemne. Y agradece a Dios que le hubiera dado una segunda oportunidad. En su última anotación se lamenta por los fuertes vientos que les azotan.

El 23 de octubre, Kukuczka y su compañero de cordadada Ryszard Pawłowski, llegan al último campamento de altura, pero su suerte pronto va a cambiar. Y no solo porque el día 24 el tiempo es muy bueno:
“hicimos un poco de agua caliente para beber porque es difícil calificar a esa bebida como té. Recuerdo que comimos chocolate y comenzamos a escalar.
Era el turno de Jurek (apodo de Jerzy Kukuczka) de abrir la escalada hacia la cima ese día. Usamos una cuerda sencilla, conscientes de que queríamos hacer tramos más largos para avanzar más rápidamente hacia la cumbre.
Jurek se encontraba unos 50 metros por encima y repentinamente se cayó de la pared. Quedé aterrorizado cuando vi que Jurek comenzaba a caer más y más rápido. Voló cerca de mí hacia el abismo. Todo lo que podía hacer era acurrucarme.
No oí ningún grito de Jurek. Quizá ni él mismo esperaba que su vuelo fuese a ser tan largo. Sentí un fortísimo tirón en la cuerda, que se cortó unos pocos metros por encima de mí en el afilado borde de la roca.
Me quedé solo. Todo lo que vi después fue a Jurek todavía cayendo hacia la base de la pared”.



Su extraordinaria fuerza tanto física como psíquica, su portentosa capacidad de aclimatación a la altura y su excelente preparación técnica no fueron suficientes para combatir la escasez de medios con los que tuvo que lidiar durante toda su carrera: Polonia era entonces un país comunista y los recursos siempre escaseaban. Por eso es tan meritorio el quehacer de los polacos en la historia del himalayismo de los años 80.
Esta gesta ha quedado plasmada en el libro Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco de Bernadette McDonald.

Ni su dilatada carrera como alpinista, ni sus catorce ochomiles por rutas diferentes a las "normales" (con récord incluido, pues es el que lo ha logrado en menos tiempo), ni sus cuatro primeras invernales absolutas, ni su osadía innovadora a la hora de emprender la apertura de nuevas rutas, le impidieron cometer un descuido que resultó fatal. Una cuerda de segunda mano comprada a última hora se rompió mientras escalaba a más de 8300 metros. La montaña que había sido la primera de sus ascensiones en el Himalaya resultó también ser la última.

En la cara sur del Lhotse hay un monumento dedicado a los alpinistas polacos muertos en la montaña, Kukuczka incluido.
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse
Memorial en recuerdo de los alpinistas polacos fallecidos en el Lhotse

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Bibliografía.
• Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad. La edad de oro del himalayismo polaco. Ediciones Desnivel.

• Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical. Ediciones Desnivel.

Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical / Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad
Jerzy Kukuczka: Mi mundo vertical
Bernadette McDonald: Escaladores de la libertad

sábado, 24 de septiembre de 2016

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?

¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?  Esta es la pregunta que se formula David Blay Tapia.
Y cuando explica por qué ha escrito este libro, la justificación es clara.
¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 
¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 
Pues eso.
¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? David Blay Tapia
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Hubo un tiempo, no hace demasiado, en el que estudiar una carrera era sinónimo de tener trabajo. Y, además, esa labor tenía que ver de forma directa con aquello que habías estudiado. Si, por alguna razón, no conseguías un empleo que te gustara o satisficiera, siempre podías optar a otros menos apasionantes pero mejor remunerada.

Antes no era necesaria una altísima cualificación para afrontar según qué tareas. Pero muchas personas presentaban currículos brillantes, por encima de las exigencias del puesto requerido. Y esto no se veía como un problema, sino como una virtud: la de poder contar con un trabajador inteligente
que además de hacer bien su labor podía darte ideas para mejorar tu rendimiento empresarial.

Hoy, sin embargo, TODO ha cambiado. El paro es muy alto prácticamente en todo el mundo. Para trabajar como camarero exigen un buen nivel de idiomas (algo lógico si la mayoría del turismo es extranjero). Y hasta personas con carrera y algún máster no son capaces de encontrar su lugar.
Pero más problemática todavía es la situación de la gente de mediana edad, despedida recientemente y ubicada en un limbo laboral del que es casi imposible salir. Unas empresas no los quieren contratar por estar sobrecualificados. Y otras, por no ser capaces de adaptarse a los ‘nuevos tiempos’.

Aun así, en esos nuevos tiempos (y éste es el objetivo de este libro) no están equivocados los trabajadores. Quienes erran son las empresas. Lo demuestra el número creciente de fracasos en la apertura de ‘nuevos’ negocios que en realidad se basan en los ‘viejos tiempos’. Y en el hecho de
seguir considerando que trabajar más horas es sinónimo de trabajar mejor. Un error fatal para la mayoría de ellas.

Un amigo me pasó un artículo hace muy poco tiempo, cuyo titular era ‘El 75% de las profesiones serán nuevas en los próximos 10 años’. ¿Esto significa que no habrá sitio para los fresadores, los mecánicos, los libreros o los redactores de periódicos en papel? Sí lo habrá. Pero no supondrán, como hasta hace una década, el motor de cualquier economía.
Hoy existen Interim Managers que entran en una empresa con problemas, la reflotan y cuando acaban el trabajo se van a casa. Community Managers que crean conversaciones en redes sociales con clientes de cualquier marca. CEO de start-ups que te hacen la vida más fácil a través de una APP en el móvil. Y una fiebre del emprendimiento basada en un solo razonamiento: busca trabajo de lo que te guste, porque tienes las mismas posibilidades de encontrarlo que si buscas del que no te guste.

Internet y las redes sociales lo han cambiado todo. Pero todavía nos falta el paso definitivo: que nos permitan trabajar desde casa.

¿Cuántos estáis leyendo esto y trabajáis en vuestra oficina con un ordenador y un teléfono? 

¿Y cuántos tenéis en casa un ordenador y un teléfono? 

Pues eso.

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· Blog de David Blay Tapia.
· Sigue David Blay en twitter.
· ¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa? 

miércoles, 25 de febrero de 2015

¿Están los lectores a la altura de lo que leen?

Los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres. Pero hay lectores que tampoco están a la altura del libro que leen; y cuando esto sucede es para mal.

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Nunca he podido enfadarme con alguien mientras lee, aunque esté haciendo dejación de sus funciones, porque el solo acto de abrir un libro y adentrarse en sus páginas y, a poder ser, comprender el mensaje que encierra, merece mi mayor respeto en estos tiempos de lecturas fragmetarias, apresuradas e interesadas.

Tras un libro, sea de la naturaleza que sea, se esconde un diálogo con otra inteligencia. Y la relación ente el lector y el autor es íntima, intransferible, irreal en parte, estimulante siempre.

En general opino que los autores nunca están a la altura de su obra; bien porque de mezquinos egos han salido obras maestras, bien porque excelentes personas alumbran obras mediocres.
Por desgracia, los primeros pueden dar a luz a las segundas, aunque es más extraño que las primeras sean obra de los segundos.
Pero es que todos mostramos una cara distinta en función de si estamos representando al personaje que nos hemos creado para nosotros mismos o de si estamos en la intimidad de los quehaceres cotidianos.

Pero… ¿están los lectores a la altura de lo que leen?

Todo escritor establece una barrera intelectual inicial para seleccionar a sus lectores. El lenguaje, la trama, las referencias veladas, la estructura narrativa, la voz del narrador, los personajes anticlimáticos… nunca son casuales. El autor exige a su lector que sea capaz de sortear esos obstáculos de forma que tenga que incorporar todo su propio bagaje cultural para comprender la obra en toda su extensión.
Y cuánto mayor es éste, mejor es la experiencia lectora.

Eso no quiere decir que sea esta la fórmula del éxito. Al contrario; son legión los leedores que abandonan a las primeras de cambio, incapaces de adentrarse en las procelosas aguas surgidas de la pluma de un vate audaz o de un abstruso escribidor.

Y no es menos cierto que la malla de la red que tiende el autor a veces es tan grosera que permite el paso de ruedas de molino o de camellos en el ojo de la aguja lectora.

Los lectores son soberanos, faltaría más, para hacer los juicios de valor que consideren oportunos respecto de los libros que leen. Gustar o no gustar es subjetivo así que no es posible la unanimidad. Afortunadamente existen los críticos (los buenos críticos, no los egos pagados de sí mismos) que son capaces de desbrozar la maleza y miran el bosque a través de los árboles.
Y sí;  a veces el crítico eleva una obra a los altares o la condena al infierno dantesco, en el sentido literal y literario.
Pero es que lector y crítico no son más que la misma cara de un desdoblamiento de personalidad.

Así como los autores no suelen dejar los destinos de sus obras al capricho del azar, también los lectores deben seleccionar sus lecturas y contrarrestar la aureola de infalibilidad que rodea a los creadores.
De hecho, éstos no existirían sin aquéllos.

Después de haber estado durante un rato "reflexionando fuera del recipiente", en aplicación directa del filtro selectivo que antes les expliqué, pasaré a relatarles el suceso que ha motivado esta disertación.

Acudo a la biblioteca y pido un libro en préstamo. Se trata de un ensayo de un conocido editor y periodista que "indaga sobre la cara más oculta de los creadores, por saber de sus inquietudes, sus ambiciones, angustias y obsesiones".

Independientemente del estilo o de la afinidad con el autor, se trata de un relato en primera persona, basado en experiencias directas y personales sobre toda una vida dedicada a la literatura desde el lado del editor y del crítico.

Pero el libro esconde una desagradable sorpresa: está plagado de anotaciones "de puño y letra" de algún lector anterior; anotaciones cuajadas de juicios de valor, de opiniones personales, de reproches al fondo y a la forma de la narración.

El incotinente anotador ha jugado a ser copista medieval, aplicado en la tarea de expurgar la obra que copia dejando sus opiniones e interpretaciones personales en los márgenes del texto.

Y no contento con todo la anterior, se ha permitido el lujo de tachar algunos párrafos que considera erróneos o con los que, simplemente, no está de acuerdo.

No solo se trata de una felonía hacia un libro público que quedará definitivamente impregnado del tufo del "censor" sino que consigue interrumpir la lectura constantemente con sus observaciones engreídas, petulantes y superficiales.

Desprende este ejercicio "desparasitador" un inevitable efluvio reaccionario, castrador y proselitista; un combate autor-lector que se desarrolla en el cuadrilátero equivocado: allí donde la pataleta queda grabada pero que solo quedará en rabieta anónima y secreta; una voz clamando en el desierto cuyo eco es un absurdo discurso vacuo.

En fin; que los autores pueden no estar a la altura de su obra pero muchos lectores tampoco lo están. Porque no han entendido nada.

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Edito: Si eres un felón que comente este tipo de tropelías, con gusto escucharemos tus motivos.

martes, 27 de enero de 2015

El primer libro que mató a su lector

Varios siglos antes de que se escribiera la famosa novela que transcurre en una Abadía, en la que suceden luctuosos acontecimientos que giran en torno a un "libro asesino", varios siglos antes incluso de la época en la que se desarrolla la novela, ya se había escrito un relato en el que dos protagonistas dirimen sus diferencias frente a un valioso libro, lleno de misterios, que, ingeniosamente envenenado, es utilizado como arma homicida.

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Cuando les digo que es conveniente leer a los clásicos es por curiosidades como la que les voy a contar. Para que vean que, en realidad, no estamos inventando nada; solo reinterpretando y reescribiendo.

Umberto Eco
Umberto Eco es catedrático de Semiótica en la Universidad de Bolonia. Sus primeras obras fueron ensayos relacionados con esta temática, algunos tan imprescindibles como Apocalípticos e integrados, de 1964, el Tratado de semiótica general, de 1975, Lector in fabula, de 1979, o sus más recientes La historia de la belleza y La historia de la fealdad.

Aunque su popularidad se debe más a su producción literaria que a la académica. Y esa producción comenzó en 1980 con una de las novelas de mayor impacto en el panorama literario internacional de los últimos tiempos. Nos referimos a El nombre de la rosa.

Novela histórica, relato detectivesco, ensayo medievalista, la obra permite múltiples lecturas a gusto del lector. Eso suponiendo que sea capaz de sobrepasar las primeras 50 páginas, filtro con el que Eco comenzó la obra con la consciente intención de seleccionar de inicio a sus lectores. Como ven, un curioso ejercicio de elección inversa: no es el lector el que elige su lectura, sino el autor el que selecciona a sus lectores.

La no menos exitosa versión cinematográfica despertó las iras de los fans de la novela por su simplificación y allanó el terreno a aquellos que no superaron la prueba de las primeras páginas.

La novela se desarrolla en el invierno de 1327 en una abadía benedictina, famosa en toda la cristiandad por su impresionante biblioteca, no solo por los volúmenes que contenía sino por su estructura arquitectónica en forma de laberinto y peculiar sistema de organizar sus contenidos.

Acuden allí numerosos doctores de la iglesia a dirimir cuestiones tan relevantes como si Jesucristo rió en algún momento de su vida o sobre si era dueño de las ropas que vestía. Estos temas pueden parecer irrelevantes pero algunos siguen sin solución teológica definitiva, como el de la pobreza de la Iglesia; y ese debate teológico fue muy cruento en su época.

Como aderezo fundamental, algunos luctuosos acontecimientos acaecidos en la abadía han llenado de desasosiego a los monjes, a su Abad y, en particular a un veterano miembro de la congregación, guardián de la ortodoxia monacal y del acceso al conocimiento.

Y uno de los invitados al debate, conocido por su astucia, agudeza mental y dotes deductivas, recibe el encargo de investigar discretamente estos lamentables acontecimientos. Empujado por su propia soberbia intelectual, tendrá que infringir algunas de las normas de la abadía para descubrir el misterio.

<spoiler>

Tractatus Coislinianus. Primera páginaEse misterio tiene que ver con un libro. Un libro del que no se tiene certeza de que fuera escrito realmente, pero cuya sola mención en un tratado antiguo causa un inusitado interés por la cantidad de seguidores y detractores que suscitan tanto el autor como la obra en sí.

Se trata del Segundo libro de poética de Aristóteles. No existen copias ni más referencias que el Tractatus Coislinianus, en el que se recoge un resumen de su contenido. Esta segunda poética de Aristóteles trata sobre la comedia como medio de conseguir la catarsis.
En román paladino, que "a través del placer y la risa se produce la purgación de las emociones".

Este contenido es el que resulta polémico para el debate teológico que tiene lugar en la Abadía.

Y como su supuesto autor, Aristóteles, es reconocido como una autoridad en cuanto escribió, el solo hecho de que hablara de la comedia y de sus efectos benéficos y aleccionadores frente a la tragedia provoca terror en los más reaccionarios guardianes del dogma cristiano.

Fray Jorge de Burgos y Jorge Luis BorgesA los efectos del tema que nos ocupa, de entre los protagonistas de ficción, porque otros son históricos, conviene destacar a dos: Fray Jorge de Burgos y Fray Guillermo de Baskerville.

Jorge de Burgos es el pérfido monje de origen español, temido y respetado a partes iguales. Bibliotecario frustrado a causa de su ceguera, es pese a todo quien controla lo que sucede en torno a la biblioteca a través de sus bien aleccionados sicarios.
El propio Eco ha reconocido que este personaje es deudor de Jorge Luis Borges.

Sherlock Holmes y Fray Guillermo de Baskerville
Guillermo de Baskerville es un brillante mestizaje a medio camino del Sherlock Holmes de Conan Doyle (el apellido no deja lugar a dudas) y de Guillermo de Ockham, el de la Navaja de Ockham, principio filosófico y metodológico de impresionante claridad: "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta".

Con las virtudes y defectos de ambos personajes a sus espaldas, Guillermo de Barkerville, con la inestimable colaboración de su "fiel escudero" Adso de Melk, narrador en primera persona de la historia, investigan, y resuelven, los crímenes ocurridos en la Abadía.

De ese "libro que nunca fue escrito" existe una copia en la Abadía; seguramente la única copia. Pero Jorge de Burgos tiene terminante prohidida su lectura, por los motivos antes expuestos. Y todos aquellos que osan infringir esa prohibición padecen en sus carnes el castigo máximo: la muerte en extrañas circunstancias.

El nombre de la rosa. Libro envenenadoPero Guillermo de Baskerville desenmascara toda la farsa. El libro está envenenado, impregnado en la parte superior de las hojas de un veneno letal que va haciendo su efecto conforme el ávido lector va humedeciendo sus dedos con su saliva para poder pasar las páginas del manuscrito más facilmente.

Y aunque Jorge de Burgos, en un falso gesto de reconocimiento y admiración, permite a Guillermo de Baskerville la lectura del libro, nuestro astuto franciscano ya ha deducido el método por el que el libro mata, no cae en el ardid y se pone unos guantes. Y como también padece de cierta incontinencia verbal, confiesa su descubrimiento al propio Jorge en la escena cumbre de la novela.
En este momento dan comienzo "largas horas de zozobra", la muerte del pérfido ciego, la pérdida del libro y la destrucción total de la biblioteca y de todos los tesoros que guarda.

</spoiler>

Esta escena de dos personajes enfrentados, de la curiosidad intelectual de uno de ellos, del envanecimiento de ambos, del destino trágico que han de correr, y de un libro envenenado como arma homicida tiene su origen varios siglos antes de la novela de Eco; incluso varios siglos antes de la época en la que transcurre la obra.

Por eso comenzaba este apunte hablando de la importancia de leer a los clásicos.

Y es que una situación similar ya apareció en la más célebre recopilación de cuentos y relatos orientales: Las mil y una noches.

Entre sus pasajes más conocidos se encuentran Aladino y su lámpara mágica, Alí Babá y los cuarenta ladrones o Simbad el marino.
Pero contiene otros muchos que ha sido después reescritos o reinterpretados en la literatura posterior, desde las novelas de caballerías a los relatos detectivescos, pasando por la ciencia ficción.

La historia se narra en la Noche XIV.

El rey ha decidio decapitar a su médico, persuadido por sus consejeros de que quiere asesinarle. Y el médico, después de despachar sus asuntos y repartir la herencia, comunica al rey que:
"A fe que tengo un libro que es verdaderamente el extracto de los extractos y la rareza de las rarezas, que quiero legarte como un obsequio para que lo conserves cuidadosamente en tu armario".
- ¿Qué libro es ese?

Y contestó el médico:

- Contiene cosas inestimables; el menor de los secretos que revela es el siguiente: cuando me corten la cabeza, abre el libro, cuenta tres hojas y vuélvelas; lee en seguida tres renglones de la página de la izquierda; y entonces la cabeza cortada te hablará y contestará a todas las preguntas que le dirijas.

(…)

Entonces entró el médico y se colocó de pie ante el rey, con un libro muy viejo y una cajita de colirio llena de unos polvos. Después se sentó y dijo:

- Que me traigan una bandeja.

Le llevaron una bandeja, y vertió los polvos, y los extendió por la superficie. Y dijo entonces:

- ¡Oh rey! coge ese libro, pero no lo abras antes de cortarme la cabeza. Cuando la hayas cortado colócala en la bandeja y manda que la aprieten bien contra los polvos para restañar la sangre. Después abrirás el libro.

Pero el rey, lleno de impaciencia no le escuchaba ya; cogió el libro y lo abrió, pero encontró las hojas pegadas unas a otras. Entonces metiendo su dedo en la boca, lo mojó con su saliva y logró despegar la primera hoja. Lo mismo tuvo que hacer con la segunda y la tercera hoja, y cada vez se abrían las hojas con más dificultad. De ese modo abrió el rey seis hojas, y trató de leerlas, pero no pudo encontrar ninguna clase de escritura. Y el rey dijo:

- ¡Oh médico, no hay nada escrito!

Y el médico respondió:

- Sigue volviendo más hojas del mismo modo.

Y el rey siguió volviendo más hojas. Pero apenas habían pasado algunos instantes circuló el veneno por el organismo del rey pues el libro estaba envenenado. Y entonces sufrió el rey horribles convulsiones (…) y cayó muerto.

Como habrán comprobado, este pasaje sirvió claramente a Umberto Eco de inspiración.

Y si no me creen, acudan al capítulo de la noche del Séptimo día de El nombre de la rosa, "donde, si tuviera que resumir las prodigiosas revelaciones que aquí se hacen, el título debería ser tan largo como el capítulo, lo cual va en contra de la costumbre".

viernes, 3 de octubre de 2014

El periodismo SMERSH: Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda

Tras el caso watergate, todos los medios de comunicación han denominado a los escándalos posteriores con el sufijo -gate.  Y es que fue sin duda el momento cumbre del periodismo del s. XX.

Pero pasados unos años, el público ya se había cansado de tanta política en los medios, así que los "cerebros" de las redacciones decidieron modificar su estrategia y comenzaron a incluir entre sus contenidos aquellos que interesaban más a sus lectores.

Así nació lo que Howard Simons denominó SMERSH: Science, Medicine, Education, Religion  and all that SHit

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El caso watergate es seguramente el hito más relevante del periodismo del siglo XX, hasta el punto de que a todo escándalo posterior se le ha puesto el sufijo -gate para denominarlo. Y no hay medio que no busque de una forma u otra su propio watergate, aun a costa de perder la obligada deontología periodística.

Eran los tiempos en los que se creía firmemente en que la verdadera temperatura del periodismo la proporcionaba la política.

Katharine Graham, Carl Bernstein, Bob Woodward, Howard Simons y Benjamin Bradlee
 Graham,  Bernstein,  Woodward,  Simons y Bradlee
Ben Bradlee era el director del Washington Post en aquellos años; y lo siguió siendo hasta 1991. Y fueron él y la editora Katharine Graham, los que facilitaron la labor de Bob Woodward y Carl Bernstein, labor que, como todo el mundo sabe, acabó provocando la dimisión del Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon.

Los estadounidenses, muy dados a glorificar a sus héroes a través del cine, elevaron a la categoría de mito a los protagonistas de aquellos hechos en Todos los hombres del presidente.

Pero pasados unos años del watergate, el público comienza a agotarse: la magnitud de los escándalos destapados palidecen bajo la alargada sombra de las consecuencias del watergate, las ventas de la prensa escrita bajan y el prestigio de los medios y de los reporteros no consigue remontar en los índices de popularidad.

Así que los medios, Washinton Post incluido, inician un proceso de brainstorming para conseguir dar la vuelta a la situación. La conclusión fue que había que hablar menos de politica y más de noticias de "sociedad", más próximas a las inquietudes y necesidades de los lectores.

De esta forma fueron naciendo suplementos de todo tipo que abordaban ese "otro tipo de noticias" ajenas a la política y más cercanas a los consumidores.

Howard Simons, editor del Post e invertor del término, los denominó, en el argot interno, SMERSH:
Science, Medicine, Education, Religion and all that SHit
En román paladino, Ciencia, Medicina, Educación, Religión y toda esa mierda.

Se trató de una especie de concesión, de un sacrificio que había que hacer un día a la semana para poder dedicarse los otros seis a lo verdaderamente "importante".

Y a día de hoy todos los medios siguen haciendo un enorme esfuerzo en consolidar y aumentar este tipo de contenidos entre su oferta informativa, con mayor o menor acierto.

Ben Bradlee; "la vida de un periodista"
Ben Bradlee tuvo a bien escribir sus memorias. Y en ellas contó muchas de las peripecias del diario, del proceso watergate y de otros entresijos de su vida como periodista. Una de estas intimidades es la que sirve de excusa para este apunte.

Pero sobre todo, supone una reflexión en primera persona sobre el Periodismo, su independencia, su diginidad y, de paso, sobre su consolidación (y necesidad) como "cuarto poder", término que, para quien todavía no se haya enterado, hace referencia, por oposición, a la separación de poderes públicos en tres, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que quedaron acuñados en la Ilustración y que son la base de todo sistema democrático.

Las memorias de Bradlee deberían servir de referencia a periodistas y políticos para distinguir lo público de lo privado, aquello que es, y lo que no es, noticia. En este debate todavía nos encontramos, y seguramente seguiremos en los próximos años. Pero no está de más acudir a los referentes acreditados sobre la materia.

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Bibliografía:

• Ben Bradlee; la vida de un periodista. El País/Aguilar. Madrid (1996).
• La vida de un periodista. Artículo de José Luis Gallero para ABC.
Big Ben.

miércoles, 9 de julio de 2014

La certeza “matemática” de ser valorado por sus propios méritos

Las matemáticas son una gran conquista del espíritu humano, pero al servicio de la deshumanización de una sociedad o una economía álgidamente perfectas pueden ser muy muy peligrosas...

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Vuelve el interés por Hans Fallada (1893-1947, seudónimo de Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen) que en sus libros nos hace vivir la atmósfera en Alemania en los años de la República de Weimar que acabaron con la llegada de Hitler al poder.

Este escritor alemán fue traducido en España en los años treinta, pero ahora tenemos ediciones recientes de sus libros: quizá porque nos hablan también de nuestra época, con sus recetas para “racionalizar” las empresas y las economías de países enteros, y su ilusión de presuntas certezas matemáticas, como las de los modelos financieros que fueron una causa importante de la crisis económica iniciada en septiembre de 2008 (descrita genialmente en la película Margin Call o El precio de la codicia).

La Alemania de los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, aun con las consecuencias de la derrota, era el país pionero en la aplicación de la racionalización matemática, con técnicas de vanguardia, por ejemplo, en el control estadístico de calidad y la organización de las redes de almacenamiento y distribución en la industria o en los flujos del servicio postal.

Fallada nos explica cómo esta mentalidad empapa la vida de cada día de los alemanes en su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué?: un día el protagonista, al volver a casa, cuenta a su mujer, a la que llama afectuosamente Corderita, que hay novedades en Mandel, la tienda (con muchos dependientes) en la que trabaja:
– Han contratado a un supervisor. Se encargará de reorganizar toda la empresa, medidas de ahorro y tal.
– Pues en vuestros sueldos no pueden ahorrar.
– Cualquiera sabe lo que piensan ellos... Ya se le ocurrirá algo. Lasch ha oído que va a cobrar tres mil marcos al mes.
– ¿Qué? –Exclama Corderita–. Tres mil marcos, ¿y a eso llama ahorrar Mandel?
– Sí, pero él tiene que ganárselos, ya encontrará el modo.
– Pero ¿cómo?
– Dicen que en nuestra empresa van a poner a cada vendedor una cuota fija, tanto y cuanto tienes que vender, y el que no lo consiga, a la calle.
– ¡Me parece una canallada!¿Y si no acuden clientes? ¿Y si no tienen dinero? ¿Y si no les gusta vuestro género? ¡Eso no debería estar permitido!
– Pues lo está – recalca Pinneberg –. Y están todos enloquecidos. Lo llaman razonable y ahorrativo, así averiguan quién no vale. Todo es una mierda. Lasch, por ejemplo, está un poco asustado. Hoy mismo ha comentado que como verifiquen su talonario de ventas, estará todo el tiempo atemorizado por si lo consigue o no... y entonces de puro miedo no venderá nada.
– Además eso da igual – dice Corderita echando chispas –. Aunque él realmente no venda tanto ni sea tan eficaz, ¿qué clase de gente es esa que por ese motivo arrebata a una persona cualquier posibilidad de ganancia, de trabajo y de alegría de vivir? ¿Acaso pretenden borrar del mapa a los más débiles?¡Mira que valorar a una persona por los pantalones que sea capaz de vender?
– ¡Madre mía! – exclama Pinneberg –, hay que ver cómo te pones, Corderita...
– Es verdad, esas cosas me sacan de mis casillas.
– Pero ellos dicen que no pagan a una persona por ser buena, sino por vender muchos pantalones.
– Eso no es cierto – arguye Corderita –. Eso no es cierto, chico. Ellos quieren que las personas sean decentes. Pero lo que hacen ahora, con los obreros ya hace mucho y ahora también con nosotros, es crear un montón de animales feroces, y ya verán lo que es bueno, chico, te lo aseguro.
– Desde luego que lo verán –. La mayoría de nosotros ya son nazis.
¿A eso llama ahorrar Mandel? – exclama la protagonista ante el supersueldo del nuevo fichaje. La ironía un poco amarga de Fallada se vislumbra a través del encantador personaje de la protagonista. Pasa un poco de tiempo y del nuevo “manager” (como diríamos ahora) no hay noticias; pero en realidad está estudiando, y al fin llega con su receta para el éxito:
Enero, sin embargo, fue un mes sombrío, oscuro, depresivo. En diciembre, el señor Spannfuss, el nuevo supervisor de la firma Mandel, se había limitado a estudiar por encima la empresa, pero en  enero empezó su labor a pleno rendimiento. El cupo de ventas para cada vendedor, su recaudación, quedó fijado en confección de caballeros en veinte veces el salario mensual. El señor Spannfuss lo justificó con un breve discurso, aduciendo que obraban así en interés de los empleados, pues ahora cada uno de ellos tendría la certeza matemática de que sería valorado por sus propios méritos.

– ¡Se han terminado las zalamerías y las adulaciones, la coba a los superiores, tan perniciosa para la moral! – exclamó el señor Spannfuss
–. ¡Denme su talonario de caja y sabré qué tipo de hombre son!
Para saber los efectos de tanta certeza matemática y moral en el pequeño mundo de los protagonistas hay que leerse la novela (publicada ahora por la editorial Maeva, de cuya traducción hemos citado); como acabamos de ver, en esta novela, publicada en el 1932, Fallada alude discretamente a la adhesión al nazismo (y en la misma conversación, más adelante, se alude a la alternativa de entonces, el comunismo).

Pero volviendo a la cuestión general, querría recordar que la matemática industrial alemana ayuda a explicar la perfecta organización de la red de campos de concentración y de la operación de deportación y eliminación física de la Alemania nazi –ayudada por la tecnología de la información proporcionada por una filial alemana de la IBM (interesante lectura al respecto es el libro IBM y el Holocausto, de Edwin Black, en castellano publicado por la editorial Atlántida de Buenos Aires, 2001).

Otro ejemplo importante pero menos estudiado es la Unión Soviética que en los años treinta vivió una industrialización acelerada.

Las matemáticas son una gran conquista del espíritu humano, pero al servicio de la deshumanización de una sociedad o una economía álgidamente perfectas pueden ser muy muy peligrosas...

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Ana Millán Gasca.
Investigadora en Historia de la Ciencia y de la Técnica.
Profesora de matemáticas del Departamento de Educación de la Universidad Roma III

jueves, 20 de febrero de 2014

El misterioso Señor Le Blanc que salvó la vida de Gauss

El protagonista de esta historia no es Carl Friedrich Gauss, príncipe de los matemáticos; sino el misterioso personaje autodenominado Sr. Le Blanc, cuya decisiva intervención salvó la vida del insigne matemático alemán.

París, principios del siglo XIX. Periodo revolucionario. Una mujer de nombre Sofía, se había aficionado a las matemáticas después de leer la triste historia de cómo Arquímedes fue asesinado por un soldado romano, a pesar de que el general al mando de las tropas que sitiaban su ciudad había ordenado expresamente que se respetase su vida.

Pues bien; esta mujer de nombre Sofía, por su condición de mujer, tenía prohibida la entrada en las aulas universitarias, restringidas a los hombres. Así que tuvo que recurrir al ardid de disfrazarse de hombre para poder asistir a las clases y firmaba sus trabajos y aportaciones bajo el pseudónimo de Sr. Le Blanc.

Su talento matemático era indudable pese a su formación autodidacta. Y utilizó todos los medios a su alcance para demostrarlo. Uno de esos métodos fue el de mantener correspondecia con algunos de los matemáticos más insignes de la época; le envió varios artículos a Lagrange y se carteó durante varios años con Gauss.
Ambos acabaron por descubrir la verdadera personalidad que se escondía bajo el psudónimo de Sr. Le Blanc: Lagrange porque, impresionado por sus trabajos, pidió entrevistarse con él; a raiz de ello se convirtió en uno de sus principales mentores.

Gauss, sin embargo, seguramente le debe la vida a este misterioso personaje.

Esta mujer de nombre Sofía, era amiga personal del general Penerty, uno de los mandos de las tropas napoleónicas que invadieron Prusia, país en el que residía Gauss. Le pidió expresamente que cuidara de Gauss y que se ocupara personalmente de que nada le sucediera.
Seguramente, recordó el triste final de Arquímedes a manos de un ignorante mastuerzo soldado romano.

Y así fue. Llegado el momento, el general Penerty le comunicó a Gauss que debía dar las gracias a esta mujer de nombre Sofía por haberle salvado la vida. Gauss, al principio, no entendió nada, porque no recordaba conocer a ninguna mujer de nombre Sofía.

Al poco tiempo Gauss recibe otra carta del Sr. Le Blanc; y en ella le explica lo sucedido y descubre su verdadera personalidad.

Esta de mujer de nombe Sofía era, en realidad Sophie Germain, otra insigne matemática, conocida posteriormente por sus aportaciones a la teoría de números y, en concreto, sobre los números primos.

Y así es como Gauss se salvó de correr el mismo destino que su "antepasado" Arquímedes.

Gauss no pudo por menos que agradecer a Sophie Germain su labor, tanto en el terreno personal como en el matemático, con una carta cuyo texto decía:
Pero cómo describirte mi admiración y asombro al ver que mi estimado corresponsal Sr. Le Blanc se metamorfosea en este personaje ilustre que me ofrece un ejemplo tan brillante de lo que sería difícil de creer.
La afinidad por las ciencias abstractas en general y sobre todo por los misterios de los números es demasiado rara: lo que no me asombra ya que los encantos de esta ciencia sublime sólo se revelan a aquellos que tienen el valor de profundizar en ella.
Pero cuando una persona del sexo que, según nuestras costumbres y prejuicios, debe encontrar muchísimas más dificultades que los hombres para familiarizarse con estos espinosos estudios, y sin embargo tiene éxito al sortear los obstáculos y penetrar en las zonas más oscuras de ellos, entonces sin duda esa persona debe tener el valor más noble, el talento más extraordinario y un genio superior.

Esta anécdota la cuenta Ana Cerasoli en su libro "Los trucos de las fracciones", un delicioso acercamiento al mundo de las matemáticas, destinado a niños de primaria que comienzan a entrar "en contacto con las fracciones y aprenden a calcular cosas relacionadas con situaciones prácticas de su día a día".

Esta entrada participa en la Edición 5.1 del Carnaval de Matemáticas cuyo anfitrión es Tito Eliatron Dixit.

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Bibliografía:
• wikipedias de Arquímedes y Sophie Germain.
Biografía de Marie-Sophie Germain.
Marie-Sophie Germain, un número primo travestido de Sr. Le Blanc.
• Anna Cerasoli; Los trucos de las fracciones. Editorial Maeva young. Madrid 2012.

viernes, 17 de enero de 2014

Contra el ignorante que compraba muchos libros

"Y tú, en efecto, tienes siempre un libro en la mano y lo estás leyendo continuamente, pero no entiendes nada de lo que lees, sino que escuchas moviendo las orejas como un asno cuando oye la lira.

¿Qué provecho sacas al comprarlos, a no ser que creas que hasta las estanterías de libros se hacen cultas por contener tantos escritos de los antepasados?"

Sátira del pedante que presume de amontonar libros que no lee.

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Contra el ignorante que compraba muchos libros

Luciano de Samosata (Samosata, Siria, 125-181)

Crees que vas a parecer alguien en el mundo de la cultura por comprar con afán los más bellos libros. Y esto te viene al revés, incluso en una prueba de tu ignorancia en cierto modo.

Sobre todo que no compras los más bellos, sino que te fías de cualquiera que los alaba y eres presa fácil de los que andan diciendo mentiras en asuntos de libros y un tesoreo bien dispuesto para sus vendedores.

(…)

Con todo, aunque eres muy falto de pudor y osado en esta materia, no te atreverías a decir que recibiste educación o que te preocupó siempre estar en contacto con los libros o que tu maestro fue fulano o que ibas a la escuela de mengano. Pero ahora tienes la esperanza de recorrer todas esas etapas con este único objetivo, el adquirir muchos libros.

(…)

Y ¿qué conseguirías de todo esto en materia de educación, aunque durmieras con ellos colocándolos bajo la almohada o pegando unos a otros y revestidos con ellos fueses por todas partes?

Un mono es un mono, dice el refrán, aunque tenga insignias de oro. Y tú, en efecto, tienes siempre un libro en la mano y lo estás leyendo continuamente, pero no entiendes nada de lo que lees, sino que escuchas moviendo las orejas como un asno cuando oye la lira.

Porque si el adquirir libros hiciera culto al que los tiene, la posesión de ellos sería, en verdad, muy costosa y exclusiva de vosotros, los ricos, ya que sería posible comprarlos en el mercado, aventajándonos a nosotros, los pobres.

Y ¿quién podría rivalizar acerca del nivel cultural con mercaderes y libreros, que tienen y venden tantos libros? Pero, si quieres comprobar esta opinión, verás que aquéllos, en nivel cultural, no son mucho mejores que tú, sino que son toscos en el hablar como tú y torpes en el pensamiento, como es natural que sean quienes no tienen discernimiento de lo bello y de lo feo. Y tú tienes dos o tres libros que les has comprado, mientras que ellos los manejan noche y día.

¿Qué provecho sacas al comprarlos, a no ser que creas que hasta las estanterías de libros se hacen cultas por contener tantos escritos de los antepasados?

(…)

Aunque me estoy haciendo la pregunta a mí mismo continuamente, hasta el día de hoy aún no he podido averiguar por qué te afanas con tan gran empeño en la compra de libros.

Pues nadie que te conozca un poquito podría creer que saques provecho o utilidad de ellos; no más que un calvo si comprara peines o un ciego un espejo, o un sordo a una flautista, o un eunuco a una concubina, o uno de tierra adentro un remo, o un timonel un arado.

Pero ¿no será el asunto para ti una cuestión de ostentación de riqueza, y quieres mostrar abiertamente a todos que gastas incluso en cosas que no te son útiles en nada debido a tu gran sobreabundancia?

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Estos son solo una fragmentos escogidos. Si queréis leer el texto completo lo encontraréis en la Revista Trama y Texturas, número 2.

No se me confundan. Reproduciendo este texto no pretendemos censurar la compra de libros, sino parodiar a aquellos que los compran para presumir o como objeto ornamental.

Y, de paso, en un apunte autoparódico.


Y si les interesa saber algo más sobre, el autor, Luciano de Samosata, les #RecomiendoLeer  
"El sorprendente viaje a la luna de Luciano de Samosata en el siglo II d.C":
La primera piedra en la edificación del género de la ciencia ficción la puso el controvertido Luciano de Samosata (125-181 d.C) –uno de los más célebres humoristas de la Antigüedad–a través de Relatos Verídicos. ¿Qué tenía de especial aquel conjunto de narraciones cargadas de fantasía y delirio? ¿Qué motivos lo llevaron a escribir dicha novela? ¿Y por qué la crítica va a reconocer al autor greco-sirio como el abuelo de la ciencia ficción?

jueves, 16 de enero de 2014

El único papel que entra en las Bibliotecas es el higiénico

La política de recortes que sufren las Bibliotecas está provocando, no solo la pérdida de usuarios y de puestos de trabajo sino también una enorme desactualización en los títulos accesibles a los lectores, debido a la falta de presupuesto para la adquisición de novedades.

Los fondos no se renuevan ni se actualizan.

Cualquier usuario habitual de bibliotecas públicas está pudiendo constatar que las nuevas incorporaciones de títulos han disminuido de forma alarmante, cuando no desaparecido completamente, quedando a veces únicamente a la voluntad de donaciones de usuarios.

Y estas donaciones, lógicamente, no son novedades, sino esos libros que no caben en casa o que directamente no nos gustan.

Así que, el "único" papel que entra ahora en las bibliotecas, y que sí se renueva habitualmente, es este:


Papel higiénico en la puerta de una Biblioteca

Diríase que las Bibliotecas se han convertido en servicios públicos; servicio en la acepción de retrete.


Las Bibliotecas no son un gasto; son una inversión.

Las Bibliotecas no son un gasto; son una inversión

Pero de esto ya no se habla.

Los recortes en ciencia se llevan todas las portadas, pero la cultura no le interesa a (casi) nadie.

La suerte de la ciencia la cultura la desea.

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La foto ha sido tomada esta misma mañana, a las puertas de la Bilioteca de Aragón.

martes, 14 de enero de 2014

El bipartidismo (según Pérez Galdós, hace más de 100 años)

"Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto".

"Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente".

Pues ya han pasado más de 100 años; y la cosa no ha mejorado.

Veamos lo que escribía Benito Pérez Galdós en 1912.

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"Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto.

Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta.

Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte.

No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...

Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (...)

No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos (...)

La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.

Tendremos que esperar como mínimo 100 años más para que en este tiempo, si hay mucha suerte, nazcan personas más sabias y menos chorizos de los que tenemos actualmente".

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Benito Pérez Galdós. "La fe nacional y otros escritos" (1912). Editado por Rey Lear editores.

El texto pertenece al Episodio Nacional "Cánovas".

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Vía Facebook.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Con pocos, pero doctos libros juntos…

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.








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Disculpen que no haga el típico resumen del año. 

Les dejo con las recomendaciones lectoras que hemos ido haciendo durante estos meses y con el habitual consejo: #recomiendoleer.

Que al año 2014 nos vuelva más sabios además de más viejos.


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@DesEquiLIBROS
facebook.com/DesEquiLIBROS

lunes, 2 de diciembre de 2013

El inventor de la máquina del tiempo

H.G.Wells ha pasado a la historia de la literatura como autor de novelas de Ciencia Ficción. La más conocida, seguramente, es La Guerra de los Mundos, que aterrorizó a los norteamericanos con la dramatización radiofónica que realizó Orson Welles el 30 de octubre de 1938.

Otra de las aportaciones de Wells (que no Welles) es la invención de la máquina del tiempo en su novela homónima de 1895. En ella narra las pericias de un viajero en el tiempo aunque no se detiene mucho a profundizar en las paradojas temporales en las que luego se han detenido otros autores.

Tampoco se detiene a hacer una descripción muy detallada ni científica del artilugio, como sí solía hacer Julio Verne, al que describe muy someramente, en un claro intento de dejar al lector el trabajo de visualización mental.

El Anacronópete, de Enrique Gaspar y Rimbau
Lo que poca gente sabe es que la máquina del tiempo no lo inventó H.G. Wells, sino un tal Enrique Gaspar y Rimbau, escritor y autor teatral español. Y en 1887 publica una obra titulada el Anacronópete:
“…debe su nombre a tres voces griegas: aná que significa “hacia atrás”, cronos “el tiempo” y petes “el que vuela”, justificando de este modo su misión de volar hacia atrás en el tiempo;
porque en efecto, merced a él, puede uno desayunarse a las siete en París, en el siglo XIX; almorzar a las doce en Rusia con Pedro el Grande; comer a las cinco en Madrid con Miguel de Cervantes Saavedra -si tiene con qué aquel día- y, haciendo noche en el camino, desembarcar con Colón al amanecer en las playas de la virgen América.”

Iba a extenderme en la semblanza de Don Enrique Gaspar y en la obra, pero este trabajo ya lo hicieron hace unos años en "Enrique Gaspar y la primera máquina del tiempo", en "El anacronópete, la primera máquina del tiempo", en "Para máquina del tiempo, la de don Enrique Gaspar", y en "HG Wells or Enrique Gaspar: Whose time machine was first?", así que no nos extenderemos más.

Sirva esta entrada para dejaros la obra digitalizada íntegramente para su consulta y lectura: el Anacronópete.

El Anacronópete, la primera máquina del tiempo, de Enrique Gaspar y Rimbau



miércoles, 20 de noviembre de 2013

Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo

Levantemos nuestros libros y nuestros lápices, pues son las armas más poderosas.

Un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo.

La educación es la única solución. Educación primero.

Malala. Premio Sajarov a la libertad de conciencia
El sabio refrán "La pluma es más poderosa que la espada" es cierto.
Los extremistas tienen miedo de libros y bolígrafos.
El poder de la educación les da miedo. Tienen miedo de las mujeres. El poder de la voz de las mujeres les da miedo. 

Recuerdo que había un chico en nuestra escuela a quien un periodista le preguntó

     - "¿por qué los talibanes están en contra de la educación?

Él respondió de manera muy simple a la vez que apuntaba hacia su libro, dijo:

     - "un talibán no sabe lo que está escrito en el interior de este libro."

Creemos en el poder y la fuerza de nuestras palabras. Nuestras palabras pueden cambiar el mundo entero porque estamos todos juntos, unidos por la causa de la educación.


-
Malala Yousafzai.
Hoy ha recibido el Premio Sajarov a la libertad de conciencia, otorgado por el Parlamento Europeo.

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Puedes leer la traducción completa del discurso en Ánima Revolution.

martes, 22 de octubre de 2013

¿Qué demonios leía esta gente? Libros en el cine y en series de TV

Muchos libros acaban adaptados al cine o a series de televisión. Y suele considerarse que estas adaptaciones van en detrimento de la lectura de las obras originales.

Pero no siempre sucede así. A veces, la fugaz aparición de un libro en una serie de culto o en un película de éxito ha producido un inusitado interés por la obra o por su autor.

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Dudo mucho que aumentaran la demanda y los índices de lectura del Ulises de James Joyce por el hecho de que Marilyn Monroe apareciera leyéndolo en la portada de una conocida revista literara.

Lo que sí está claro es que, además de las adaptaciones constantes al cine y a series de TV de novelas más o menos exitosas (algunas de las cuales, de dudosa calidad, se reeditan una y otra vez como consecuencia de su éxito en las pantallas), se producen influencias en sentido contrario.

Un libro aparece en manos de un personaje de una serie de culto o de una película de éxito y eso provoca un interés inusitado por ese libro o por su autor, aun cuando se trate de alguna rareza o un simple guiño.
De otros, en cambio, recordamos solo la escena pero no sabemos nada sobre el libro o autor en cuestión.

Veamos algunos ejemplos que han pasado a formar parte de las bibliotecas de la memoria de mucha gente y que han contribuido a sacar del anonimato o a "consagrar" a algunos libros.

Todos ellos gracias al efecto de la televisión o el cine. Y es que, a veces, la lectura también se ve beneficiada por la influencia de aquellos a quienes se suele considerar sus enemigos.


• LOS SIMPSON
Los hermanos Karamazov, de Dovstoievski.

No me imagino a los fans de los Simpson, que son legión, invadiendo las librerías en busca de las obras de Dovstoievski por mucho que Lisa lo lea.

Ni de Dovstoievski ni de ninguno de los autores que se le ve leer en algún momento.

Pero Lisa es el contrapunto perfecto del gañán, zafio y cervecero de su padre, Homer, nombre que, como quizá todo el mundo sabe, está inspirado en el clásico Homero.


• EL NOMBRE DE LA ROSA
El Segundo libro de la poética de Aristóteles.

Protagonista inanimado de El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, no se conserva ningún ejemplar y la única referencia que tenemos de él es el Tractatus Coislinianus, un tratado del siglo X.

Muchos libros, tratados, estudios clásicos… se perdieron durante la Edad Media;  otros, seguramente, se perdieron en la Biblioteca de Alejandría. En todo caso, un libro perdido resucitado por la literatura y el cine.

Y aunque Aristóteles en hueso duro de roer, sí les recomiendo que investiguen un poco sobre el tema; o en su defecto, que lean la novela, suponiendo que no lo hayan hecho ya.


• MATRIX
Simulacro y simulación de Jean Baudrillard.

Apostaría a que (casi) nadie sabía de su existencia hasta el estreno de la película Matrix, de los hermanos Wachowski.

Neo ha hecho un "intercambio comercial" e introduce el dinero obtenido en una caja que es en realidad un libro vacío.
¿Qué libro? Se ve fugazmente justo antes de que Neo acepte el consejo de seguir al conejo blanco.

Dedemos suponer que Neo no había leído ese libro, teniendo en cuenta que estaba hueco y lo usaba como caja de caudales. Pero es un guiño de los hermanos Wachowski, que siempre admitieron la deuda contraida con Baudrillard a la hora de preparar el guión de la película.


• AMANECE QUE NO ES POCO
Luz de agosto de William Faulkner y  
Ada o el ardor, de Vladimir Nabokov.

Ambas novelas tienen una aparición estelar en Amanece que no es poco, de José Luis Cuerda.

No sabemos si la "verdadera devoción" que le tienen a Fulkner en ese pueblo de la sierra de Albacete se ha traducido en ventas en el resto del país (yo, particularmente, lo regalé hace poco); o si la obra de Navokov es más leída ahora que antes del estreno de la película.

Pero no me negarán que son dos obras y dos autores que han entrado de lleno en el acervo literario de muchos cinéfilos.


• OPERACIÓN SWORDFISH
¿Qué lee Halle Berry en Operación Swordfish?

En la película no se llega a ver porque la actriz tapa convenientemente la portada con sus brazos.

Podemos deducir que, en realidad, a los guionistas les daban igual los gustos literarios de la protagonista; y estoy (casi) seguro de que a la mayoría de los espectadores también les da igual este irrelevante detalle cuando, unos instantes después, aparta del libro y nos muestra algo mucho más "edificante".

Lo que no sabemos es qué efecto editorial habría podido tener la escena de tratarse de un libro "real".
Pero ahí dejo la idea por si algún productor cinematográfico quiere buscar financiación entre los grandes grupos editoriales.


• PULP FICTION
Las aventuras de Modesty Blaise.

John Travolta, en una de las historia cruzadas de Pulp Fiction, se encuentra plácidamente sentado en el retrete momentos antes de… (por si no has visto la película no te contaré lo que sucede a continuación).

Como mucha gente en las mismas circunstancias, está leyendo. No sabemos si como remedio para el estreñimiento o como consecuencia de él. Así que, mientras se entrega a tan poco heróica tarea (la de estar sentado en el retrete, no la de leer) se entretiene con…

… las hazañas de Modesty Blaise, una extraordinaria y exhuberante joven de pasado criminal, que comenzó sus andanzas como tira de prensa en 1963. De ahí pasó a la literatura y al cine, y Quentin Tarantino le concede este modesto homenaje, como forma, esta vez sí, de complementar al personaje que interpreta Travolta.

Tampoco tenemos datos acerca de si la Biblia (que es el libro más vendido y, dicen, el más leído) experimentó un pico en sus ventas después de que el libro de Ezequiel tuviera también su papel en la película, en concreto Ezequiel 25:17.


• EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS
Hojas de hierba, de Walt Whitman.

El Club de los poetas muertos es una de esas películas que deberían ser obligatorias en las clases de literatura de Bachillerato. Me dirán que es un poco ñoña, o demasiado romántica; o demasiado adolescente; quizá.

Pero cumple esa función de fomento de la lectura y de amor por la literatura que tan caras son de ver en nuestros días y en nuestro sistema educativo. Y una de las escenas más conocidas de la película tiene como protagonista los versos de Whitman, Oh Capitán, mi capitán. Versos demasiado pronunciados pero muy poco conocidos en el contexto cultural en el que fueron escritos.


• BREAKING BAD
También Hojas de hierba, de Walt Whitman.

La aparición del poemario de Whitman en los episodios finales de Breaking Bad, en los que juega un papel determinante, ha generado un enorme interés por la obra, no solo en Estados Unidos, donde es un icono, sino también es España, donde, de pronto, ya no había que ir a buscar la obra de Whitman a las estanterías más ocultas, sino que se la pudo ver en los mostradores más visibles o incluso en la sección de novedades.


• MAD MEN
Meditaciones en una emergencia, de Frank O'Hara.

Mad Men es una de las series más aclamadas y premiadas de los últimos años, tanto en Estados Unidos como en España.
Y uno de sus protagonistas, Don Draper, aparece en varias ocasiones leyendo.

Una de esas lecturas es la que ha provocado que muchos fans de la serie hayan descubierto a un tal Frank O'Hara, más publicado de forma póstuma que en vida. 

También se le ve leyendo, entre otros, Éxodo, de Leon Uris, o El espía que surgió del frío, de Le Carré.


• LOST
El tercer policía, de Flann O’Brien.

Esta novela vendió cerca de diez mil ejemplares en Estados Unidos simplemente por aparecer unos instantes en las manos de Desmond en la segunda temporada de Lost.

Pero es que en Lost, los pasajeros del vuelo 815 de Oceanic Airlines, leen mucho a lo largo de toda la serie.

Aunque en realidad no se los hayan leido de verdad.


• MATILDA, la lectora

El personaje de Roal Dahl es un consumado lector, pese a que sus padres se niegan a comprarle libros y más bien le animan a que consuma televisión. Pero ella sabe que puede ir a la biblioteca pública en busca de lo que sus padres le niegan.

Entre las lecturas de Matilda que el propio Dahl nos revela en la novela, se encuentran Oliver Twist de Charles Dickens; Jane Eyre de Charlotte Bronte; Orgullo y prejuicio de Jane Austen; El hombre invisible de H.G. Wells; El viejo y el mar de Ernest Hemingway… incluso Faulkner, Steinbeck, Graham Green o George Orwell.

Mucho nivel para una niña de 6 años, pero, sin duda, una lista altamente recomendable para cualquiera aun a riesgo de volver a reabrir el debate sobre si es mejor leer clásicos o autores más recientes (ambos, diría yo).


¿Quizá eres de los que descubriste la existencia de un tal Dylan Thomas después de ver la película mentes peligrosas?

¿O, quizá, te explicaste mejor los fenómenos que aparecían en Poltergeist, después de ver lo que leía el protagonista?


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Estos han sido solo algunos ejemplos.
Si te has quedado con ganas de más, aquí tienes Más información y Bibliografía:

Series de libro: Novelas que dan lustre a la caja tonta
¿Qué lee Don Draper?
Los clásicos ronda la isla
Libros en Perdidos
Downton Abbey: efectos literarios
The Reading Lists of Your Favorite Fictional Characters 
24 'Yearning for Learning' Movies
A Visual History of Literary References on 'The Simpsons' 

Ya había terminado de escribir el apunte cuando aparecieron estas 3 joyas:
Libros en películas (I)
Libros en películas (II)
Libros en películas (III)

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Actualización 28-10-2013:

• En foros.vogue.es ha abierto un hilo a raiz de este apunte donde los foreros van añadiendo sus aportaciones.
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